Por Ismael Vidales Delgado
La celebración, fue originalmente concebida en 1870 en Estados Unidos por la sufragista y pacifista Julia Ward Howe, como una respuesta pacífica contra la Guerra Civil norteamericana, y una exigencia del derecho al voto, a la participación ciudadana, y a la equidad de género. Así nació la Mother’s day proclamation que no tiene relación directa con el Día de la Madre mexicano.
En México el Día de la Madre fue celebrado por primera vez en 1922 por iniciativa de Rafael Alducin, fundador del periódico Excélsior quien lo hizo para contrarrestar la campaña de planificación familiar que el profesor José de la Luz Mena, miembro del Consejo de Educación Pública, había iniciado en Yucatán.
Alducin «alertó» en un editorial, a los mexicanos, de lo peligrosas que resultaban las ideas «ajenas a nuestra moral social», impulsadas por el profesor Mena que estaba distribuyendo un folleto llamado “La Brújula del Hogar” escrito por Margaret Sanger, (Corning, 1879-Tucson, 1966) enfermera estadounidense, activista a favor de la planificación familiar y fundadora en 1921, de la Liga Americana para el Control de la Natalidad (American Birth Control League).
La campaña de Mena en Yucatán, era apoyada por el Gobernador Felipe Carrillo Puerto, -fundador de la agrupación que más tarde sería el Partido Socialista del Sureste-, quien promulgó la Ley del Divorcio, impulsó la educación sexual, apoyó a los grupos feministas y promovió Conferencias Culturales de la Liga Central de Resistencia del Partido Socialista del Sureste con temas como: Prevención de enfermedades venéreas; relaciones familiares y jurídicas; los «matrimonios naturales» y el «amor libre»; la emancipación y los derechos de la mujer.
Rafael Alducin salió en «defensa de los auténticos valores mexicanos». En el libro de Marta Acevedo, «El 10 de Mayo VII. Memoria y olvido: imágenes de México», editado por la SEP se encuentra el siguiente fragmento del editorial de Alducin, que dice:
“Hoy, que en el extremo meridional del país se ha venido emprendiendo una campaña suicida y criminal en contra de la maternidad, cuando en Yucatán elementos oficiales no han vacilado en lanzarse a una propaganda grotesca, denigrando la más alta función de la mujer que no sólo consiste en dar a luz sino en educar a los hijos que forma su carne, es preciso que la sociedad entera manifieste, con una fórmula banal si se quiere, pero profundamente significativa, que no hemos llegado de ninguna manera a esa aberración que predican los racionalistas exaltados, sino que lejos de ello, sabemos honrar a la mujer que nos dio vida.”
Así dio inicio la festividad del 10 de mayo como «Día de la Madre» bajo una visión tradicional que se conserva hasta la fecha: la madre abnegada, parturienta y dolorosa. Obviamente, a esta celebración se sumaron inmediatamente las Damas de la Cruz Roja y la iglesia católica, los comerciantes ni tardos ni perezosos promovieron en sus vitrinas y en las páginas de Excélsior: «Un regalito para mamá en su día.»
Excélsior fue también el promotor del Monumento a la Madre ubicado en el Jardín del Arte de la avenida Insurgentes de la Ciudad de México, mediante un concurso convocado en 1948 ganado por el escultor Luis Ortiz Monasterio e inaugurado por el presidente Miguel Alemán Valdés el 10 de mayo de 1949. Consta de tres esculturas: un hombre de rasgos indígenas en posición de escribir, una mujer también con rasgos indígenas, con una mazorca de maíz, que es el símbolo de la fertilidad y la figura más grande es la de una mujer-madre, con un niño en brazos, con un vestido largo y con rebozo. En la placa se lee «A la que nos amó antes de conocernos».

