Cuestión de tiempo

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Jorge Pedraza

Foto: Efraín Aldama, Neftalí Ayala, Sergio C. Bahena, Carmen Garza y Valeria González
Foto: Efraín Aldama, Neftalí Ayala, Sergio C. Bahena, Carmen Garza y Valeria González

Siete mil 250 leen al unísono a Alfonso Reyes

Don Alfonso Reyes, el regiomontano ilustre que alcanzó una dimensión universal, constituye un orgullo para Monterrey y para México.

La vida de Don Alfonso está ligada a las cosas nuestras y Monterrey lo recuerda con cariño como uno de sus más grandes hombres, al lado de otros ilustres regiomontanos, como Fray Servando Teresa de Mier, José Eleuterio González «Gonzalitos» y Raúl Rangel Frías.

Alfonso Reyes fue el encargado de dar la voz de arranque para la creación de la Universidad de Nuevo León al enviar su “Voto por la Universidad del Norte” desde Brasil, en 1933.

En ese momento era Embajador de México en aquel país. Otro de los beneficios que la UANL recibió de este ilustre regiomontano fue el legado de sus libros.

Desde el año de 1980 se encuentra en Ciudad Universitaria la Capilla Alfonsina, que posee verdaderos tesoros bibliográficos y que es una de las mejores bibliotecas del país.

Para reciprocar tanto amor por su tierra natal y por la Máxima Casa de Estudios, la tarde del martes 10 de septiembre la UANL leyó su poema “El sol de Monterrey”.

Fueron 7 mil 250 estudiantes y profesores de la Universidad Autónoma de Nuevo León los que leyeron al unísono esta obra emblemática del Regiomontano Universal para rendir homenaje a Reyes y fomentar el gusto por la lectura.

La emotiva lectura se dio en el marco del 80 aniversario de la UANL y el 417 aniversario de Monterrey.

La comunidad universitaria se reunió en el Estadio Gaspar Más para evocar a uno de sus grandes hombres.

El evento contó con el apoyo de la Fundación Ildefonso Vázquez Santos, que preside don Jorge Octavio Vázquez y contó con la presencia del pianista Raúl Diblasio.

De esta forma, la UANL patentizó su reconocimiento y gratitud al preciado legado literario y filosófico de Reyes a la cultura hispanoamericana, así como al invaluable acervo de libros y documentos acumulados a los largo de su existencia, que custodia la Universidad Autónoma de Nuevo León desde 1980.

EN TORNO A REYES

Alfonso Reyes salió de Monterrey cuando apenas despertaba el presente siglo. Hijo de aquel buen gobernante que se llamó Bernardo Reyes, Alfonso tuvo que dejar la ciudad, sus amigos y su Cerro de la Silla, cuando apenas era un adolescente.

Iba en busca de nuevos y más amplios horizontes culturales, que le permitieran afianzar y desarrollar su vocación literaria –manifiesta ya para entonces– y en general profundizar más en los quehaceres del conocimiento.

Ese fue el punto de arranque de una carrera que aun no termina, porque a pesar de su desaparición física el 27 de diciembre de l959, Reyes todavía vive y continuará viviendo en sus obras.

A lo largo de su existencia y en todos los lugares en donde estuvo, ya fuera en España, en Francia, en Brasil o en Argentina, la imagen de la tierra natal siempre lo acompañó.

La presencia de Monterrey palpita en muchas de las páginas de este regiomontano ilustre.

Basta recordar algunos de sus poemas como «Sol de Monterrey», «Romance de Monterrey», «Cerro de la Silla», el texto dedicado a «Los Regiomontanos» o el «Voto por la Universidad del Norte».

Estando en América del Sur editó un periódico al cual le impuso el nombre de «Monterrey, Correo Literario» y en su correspondencia personal figuró, como símbolo de su heráldica personal, un dibujo realizado por el propio Reyes.

II

No cabe duda: Don Alfonso estaba orgulloso de su ciudad natal y su ciudad estará siempre orgullosa de él.

Se puede –es conveniente y necesario– elaborar una antología amplia con los textos que dedicó don Alfonso a Monterrey.

Están aquí y allá, a lo largo de toda su obra. Las referencias a la tierra natal abundan también en «Albores», «Crónica de Monterrey», «Anecdotario», «Infancia», «Los caballos», «El grillo», «Fantasía del viaje» y otros más.

Hemos de recordar en esta ocasión unas cuantas líneas de su Romance de Monterrey, en donde dice:

Monterrey de las montañas,/ Tú que estás a par del río;/ Fábrica de la frontera,/ y tan mi lugar nativo/ que no sé cómo no añado/ tu nombre en el nombre mío

Desde entonces, el nombre de Monterrey quedó añadido al de Reyes y el de Reyes a Monterrey.

Desde entonces, sería Monterrey de Alfonso Reyes por una parte y por la otra: Alfonso de Monterrey.

HAY EN SU OBRA CANTIDAD Y CALIDAD

Don Alfonso Reyes llevó orgullosamente el nombre de su tierra natal por el mundo. Fue Embajador de México en varios países.

Supo rodearse de las más notables figuras de su época y su ganó el respeto de sus contemporáneos.

Escribió más de un centenar y medio de libros sobre los más diversos temas. Pero no es sólo la cantidad lo importante.

La calidad nunca sufrió mengua en aras de la cantidad.

Grandes escritores como Jorge Luis Borges, Azorín, Gabriela Mistral, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Rómulo Gallegos, Martín Luis Guzmán, Andrés Henestrosa, Josè Luis Martínez, Francisco Monterde, Ramón Menéndez Pidal, Salvador Novo, Victoria Ocampo, Samuel Ramos, Jaime Sabinas, Ernesto Sábato, Alfonsina Storni, Jaime Torres Bodet, José Emilio Pacheco, Emmanuel Carballo, Miguel de Unamuno, Rodolfo Usigli, Adolfo Bioy Casares, Alejo Carpentier, Fernando Benítez, Jorge Amado y muchos, muchos más, han reconocido su obra.

ALFONSO REYES PERMANECE VIVO

Monterrey recuerda a Alfonso Reyes con cariño. Su nombre permanece en varias avenidas y escuelas de la ciudad.

Existen monumentos a su memoria en el lugar donde nació, en la Colonia Roma, y en la Ciudad Universitaria.

Una de sus grandes herencias: los miles de libros que reunió en la Capilla Alfonsina, son patrimonio ahora de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Su obra está vigente y señala rumbos a las nuevas generaciones, a quienes su lectura les ayudará a recorrer un camino más iluminado, pues Reyes lo dejó sembrado de señales.

Alfonso Reyes no ha muerto. Alfonso Reyes permanece vivo en su obra, en nuestras mentes y en el mundo de las ideas.

 

 

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