Lectura con impresos o con digitales

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Por Doctora Anastacia Rivas Olivo

El incremento cada vez mayor de nuevas tecnologías forma parte de la vida diaria; por eso, resulta imprescindible conocer de qué manera su utilización va transformando la realidad y, especialmente, cómo este hecho afecta nuestra manera de ser en el mundo.

En las últimas dos décadas, y debido a la globalización y al avance de los medios de comunicación, se incrementó el uso de Internet; a finales del siglo XX, alcanzó su “universalización”, gracias a la versatilidad y fácil manejo de múltiples equipos, lo que ha permitido que, en muy pocos años, haya rebasado  los límites de lo inimaginable: el dominio del ciberespacio.

La cantidad de usuarios que acceden a la red y que se benefician de su enorme variedad de servicios es cada vez mayor, puesto que  la gran cantidad de información a la que se puede acceder contiene casi todos los conocimientos y pasatiempos del quehacer  humano, y aunque en nuestro país existen factores económicos que limitan su uso, podemos afirmar que un número creciente de jóvenes y adultos mantienen conexión diaria con el internet, ya sea para obtener información específica, sea académica o de diversión; o bien, para mantener comunicación y contacto con amigos, familiares o compañeros de estudio.

Ante este panorama, podemos afirmar que no sólo en el ámbito comercial, sino en áreas académicas, se ha puesto especial énfasis en señalar que no sólo los niños y jóvenes, sino los mismos docentes, como académicos, ya no responden a los mismos intereses y gustos de las generaciones anteriores, particularmente en lo que se refiere a temas y libros que, antaño, despertaban no sólo el interés, sino el asombro de chicos y grandes.

LA LECTURA, UN HECHO CULTURAL

La causa es obvia: la lectura, como hecho cultural, es dinámica; no siempre se ha leído igual ni lo mismo. Además, ¿por qué y para qué se tendría que leer un libro si en el internet aparece información amplia y graficada?

Evidentemente, en este avance permanente y acelerado de la ciencia y la tecnología, que no va a la par con las innovaciones didácticas y de formación humana, radica el nudo axial del problema de la lectura y de otros problemas sociales; y porque, además, insertos en el mundo de la globalización, nadie escapa a la influencia de la información que, en muchas ocasiones, sin sustento científico, y sólo por oídas, aceptamos e incluso defendemos.

Desafortunadamente, esta situación de desdén a la lectura, por un lado, y por el otro ese apego indiscriminado y compulsivo hacia los medios masivos digitales, etiqueta a la sociedad en su conjunto, como la sociedad  que sólo oye, mira, repite y, lo que es peor, se torna consumidora de lo superfluo; y ésta es la sintonía  que ha puesto en peligro el desarrollo de la capacidad intelectual de los seres humanos, puesto que no se ejercita el pensamiento ni las facultades intelectivas (memoria, relación, análisis, síntesis, comprensión, etcétera).

Michéle Petit, antropóloga y socióloga francesa, indica que: “el lector no consume pasivamente un texto; se lo apropia, lo interpreta, modifica su sentido, desliza su fantasía, sus deseos y sus angustias entre las líneas y los entremezcla con los del autor. Y es allí, en toda esa actividad fantasmática, en ese trabajo psíquico, donde el lector se construye”.

ÉPOCA DE SUPERFICIALIDAD

Desafortunadamente, y a pesar del ideal expresado por Petit, como humanidad hemos entrado en una etapa de Involución”; es decir, prevalece una marcada preferencia e inclinación hacia aspectos que sólo envuelven y dan brillo al exterior de la persona y que activan sólo las áreas sensoriales, dejando oquedades visibles en todo aquello que distingue a los seres humanos evolucionados culturalmente.

Es decir, han quedado en lo etéreo las áreas de la sensibilidad y del humanismo que se nutren de los  valores. Se ha olvidado que la buena lectura, crítica y analítica, desarrolla la inteligencia, y ésta nos acerca a la verdad, y de igual manera a la belleza, plasmada en las grandes obras y creaciones de artistas e intelectuales de todos los tiempos.

Invariablemente, observamos que ya no se leen en las aulas  textos de formación integral y crecimiento humano; se señalan y abordan específicamente aspectos disciplinares, conceptos abstractos, formularios para memorizar, que sustituyen a las lecturas formativas que, además de mostrar el conocimiento científico, lo cuestionaban, dilucidando su aplicación y su impacto en el devenir de la humanidad.

CONSUMO “PASIVO” DE TEXTOS

Ahora, se “consume pasivamente un texto”, ya sea impreso o digital, y con ello  nos damos cuenta de que éste es el indicador más claro respecto a la ausencia de ese convulsionar, de esa conexión de los sentidos con el mensaje del escritor; es la lectura inerte, la repetición de sonidos inconexos, que generalmente se desarrolla en aulas en donde el mediador cultural, sin “aura lectora”, es incapaz de contagiar a los alumnos para que entrelacen su sentir y pensar con las letras.

Bien señala uno de los grandes apasionados de la educación científica y humanista:

“Resulta urgente hacer un esfuerzo sin precedente para combinar las nuevas tecnologías en la educación. Una vez redefinidos los principales objetivos y metas de la educación, debe sistematizarse la forma en que la tecnología puede utilizarlos”. (Luis E. Todd 1994).

Aseveración que interpretamos de dos maneras: por un lado, la urgencia ingente para integrar educación y tecnología, porque en estos tiempos no deben ir separadas, y por el otro, la claridad de lo que se requiere, especialmente porque no se puede permitir deambular por el mundo del desarrollo y del conocimiento sin dirección; y si en un sistema educativo se detecta esta urgencia, ¿por qué aplazar las acciones?, ¿por qué escatimar recursos para entrelazar estos aspectos que le darán una nueva dimensión a la educación y al ser humano?

A dIferencia del siglo XX, en el que se dieron cambios muy profundos, debido al surgimiento y afianzamiento de las nuevas tecnologías de la comunicación, en esta primera década del siglo XXI corroboramos, ya no con asombro, sino con profunda preocupación, cómo niños, adolescentes e incluso adultos, muestran extrema inclinación y acercamiento en el manejo digital, y en consecuencia, en la lectura del texto electrónico, que les da pauta para el inmediato acceso a bibliotecas universales, mostrando, aparentemente, un apego a la lectura generalizada; sin embargo  corren el riesgo de perder la selectividad en lo que leen.

IMPLICACIONES DEL FENÓMENO

Roger Chartier ha puesto especial énfasis en las profundas implicaciones  de este fenómeno social. Por medio de sus investigaciones, intenta presentarnos la génesis y desarrollo de la cultura occidental a través de una de sus facetas más fascinantes: el uso de la escritura, la lectura y la evolución de los dispositivos para la fijación de los textos.

Chartier expone que el paso del rollo al códice, en cuanto a escritura y lectura, significó un cambio realmente revolucionario. El otro cambio verdadero lo constituyó el paso del códice al texto. La imprenta y la cultura impresa no han llegado a tener las características de ruptura que sí significa el paso a la cultura escrita digital y la sobreutilización de íconos, que agilizan la interpretación, pero a la vez la limitan.

Este cambio, palpable y significativo, ha dado paso a una inimaginable cantidad de  información a través de los hipertextos, que si bien amplían el horizonte cultural, también provocan una brecha cultural aún más visible en la humanidad; una brecha que ahora nos sitúa en tres dimensiones, en la última de las cuales se ubican aquéllos que, sin acceso a la educación formal, permanecen en el analfabetismo absoluto, sin posibilidad de crecimiento y mejora; analfabetismo que cierra sus puertas a la difusión de la cultura y al desarrollo de los pueblos.

ANALFABETAS FUNCIONALES

En la siguiente dimensión se encuentran quienes poseen los elementos básicos de la cultura, la lecto-escritura, pero sin utilizarlos. Forman el universo de los analfabetas funcionales; es decir, el universo consumidor y que, de acuerdo a las posibilidades de su entorno, acceden incipientemente a las nuevas tecnologías; y en la última dimensión se encuentran quienes dominan el manejo de las TICs, y aunque esto no garantiza su crecimiento cultural, sí constituye la evidencia palpable de un ciclo recurrente de elitismo cultural que se agranda cada vez más: por un lado, los analfabetos absolutos y funcionales, y por el otro, aquéllos que tienen nuevamente en sus manos el dominio del  universo.

En este tenor, acertadamente Luis E. Todd menciona:

“Las brechas entre ricos y pobres se ensanchan como resultado del acceso desigual a las nuevas tecnologías” (1994) pag. xvi.

Es imposible negar que en el mundo en que nos ha tocado vivir, y que los medios de comunicación tornan cada día más ancho, se  interpone, alzándose por doquier, la ominosa muralla del analfabetismo, fenómeno social que muestra no sólo la inequidad cultural, sino todo lo que implica: hambre, pobreza, hacinamiento, enfermedad.

Por esta razón, nos hemos estado preguntando, ahora más que nunca: ¿Cuál será la suerte de quienes, “ausentes”, ignoran el aceleramiento tecnológico que invade al universo? ¿Será acaso que la historia los seguirá ignorando y con ello permanecen como la señal clara de la deshumanización total? ¿Qué será de quienes, teniendo la posibilidad de acceder a las TICs, se rehúsan a despertar y prefieren permanecer a la expectativa, puesto que ya perdieron la extraordinaria capacidad de argumentar lo que se escribe y promueve por la web, aceptando todo sin ambages?

En esta vorágine sociocultural, la lectura, más que haber entrado en una crisis agónica, realmente se encuentra atravesando una etapa de mutación profunda, y en este contexto la escuela tiene que desenvolverse, y como en toda etapa de transición, igual se vislumbran desconciertos y dudas, pues se plantean nuevos objetivos, nuevos retos y un replanteamiento de nuevas estrategias didácticas que deberán aplicarse para que, en consonancia con esta sociedad del conocimiento y de las TICs, no sólo se logre interesar, sino involucrar fehacientemente a niños y jóvenes en la información y crecimiento culturales, a través de la lectura digital ciberespacial, teniendo presente que el acto de leer no es sólo una empresa individual, sino que al estar socializada, genera actitudes culturales, conservadoras o promotoras del cambio en los ámbitos familiar, comunitario, escolar y político.

LECTORES INCIPIENTES

Resulta por demás interesante y necesario que, en el entorno escolar, identifiquemos a nuestros noveles lectores y, como docentes, realmente efectuemos una acuciosa observación y leamos sus gestos y ademanes para reconocer los niveles de atracción y comprensión de los mensajes y artículos que están leyendo.

Si muestran asombro, inquietud y expectación, realmente están internalizando la información; pero si se muestran estáticos e inexpresivos, razón de más para alertarnos, ya que puede estarse generando un grado de incomprensión o bien desinterés en el tema.

Es imprescindible que cada actividad áulica vaya impregnada con ese matiz variado y estimulante que mueva a los alumnos y alumnas a la creatividad  e innovación; que, como docentes descubramos el cúmulo de información que lleva cada alumno, ya que de una u otra forma ha tenido que leer para conseguirla.

Permitamos que ellos mismos elaboren sus propios códices, utilizando la variedad de íconos que se registran a través del internet; después, orientémoslos para que describan y expliciten sus significados, adentrándonos en ese mundo de comunicación tan diferente pero tan significativo en su contexto, porque el resplandor agitará su memoria, después de encontrar en los recovecos de una frase expresada y escrita por ellos mismos, el verdadero significado de su pensamiento.

MODERNIDAD TECNOLÓGICA

Son ellos, nuestros alumnos y alumnas, los que han nacido en la era de la digitalización y han aprendido sin miedo desde sus primeros años a manejar los equipos de la modernidad tecnológica; los que en no pocas ocasiones nos confunden, y precisamente con esos equipos, deberán seguir un nuevo trayecto de adquisición del conocimiento y crecimiento intelectual.

Lo imprescindible, ahora, es animarlos a leer y navegar culturalmente” en estos espacios, pero especialmente enseñarles las técnicas para que aprendan a discriminar y seleccionar la información que está sustentada científicamente, y no se pierdan en ese universo  tan fascinante, tan mágico y complejo de la información y la comunicación que representa al universo dominante, por lo que si no aprenden a tamizar y a seleccionar, quedarán inexorablemente atrapados y perdidos en la “red”.

Reconozcamos que debemos efectuar una profunda reflexión crítica sobre la mutación que hoy está revolucionando los modos de comunicación y recepción de lo escrito, y ponderar aquellas formas que encaminen a nuestros alumnos a la realización de prácticas de lectura que les nutra intelectualmente y los enlace con la modernidad, pero a la vez,  mostrarles la valía que representa cada libro, puesto que son los objetos primarios que han portado la génesis y el devenir del conocimiento, comprensión y crecimiento de la cultura en general.

Y como ya se señalara: si la fotografía no anuló las grandiosas obras de los pintores; si la televisión no nulificó al cine, tampoco la lectura digital anulará los libros; porque los libros de ayer, de hoy y de siempre, nos presentan el devenir de la humanidad, y en ellos abrevamos la cultura de los tiempos, porque en cada página condensan el pensamiento y la inteligencia de quienes marcaron el rumbo de la raza humana.

Adultos Analfabetos: 877 millones de personas de 15 años y más.

Casi tres cuartas partes de la población analfabeta del mundo se concentran en nueve países, con más de 10 millones de adultos analfabetos: India, China, Pakistán, Bangladesh, Nigeria, Indonesia, Etiopía, Egipto y Brasil.

De ese total de 877 millones de adultos analfabetos, en 1980, 551 millones eran mujeres; esto es, el 62,8 por ciento. Se estima que su número siguió aumentando y llegó a 565 millones en 1995; es decir, el 63,8 por ciento.

Compendio de estadísticas relativas al analfabetismo, Edición de 1995. UNESCO

Biblografía

Cartier, Roger, El orden de los libros. Lectores, autores, bibliotecas en Europa entre los siglos XIV y XVIII, Gedisa, Barcelona, 1996, Prólogo de Ricardo García Cárcel, Col. LEA, núm. 4, p. 22.

Barberán, María; María Pepa Palomero, Fernando Borrajo y Cristina García (Traducción) Ohlrich), Historia de la lectura en el mundo occidental Madrid, Taurus, 1998, 585 PP.

Petit, Michéle. Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. México. FCE. 2001.

Petit, Michéle. Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura. México. FCE. 1999.

Todd  E. Luis.  Juan Pablo Guerrero. La televisión interactiva, una promesa para la educación. Grafo Print Editores, S.A. 1994.

4 thoughts on “Lectura con impresos o con digitales

  1. He tenido la oportunidad de conocr los trabajos de la Dra. Rivas y coincido con ustedes al seleccionarlos para esta revista por que realmente nos hacen reflexionar.

  2. Es un artículo que debe ser conocido en todos los niveles debiso a la deficiencia en la competencia lectora.

    Gracias por compartirlo

    Dr. Ernesto Ramírez Hernández CBTI´s 15 CD MANTE TAMAULIPAS

  3. Tachita:
    Mil gracias por compartir tus pensamientos y reflexiones, acerca de temas tan actuales como éste.

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