Por Ismael Vidales Delgado/ ividales@att.net.mx
El 22 de octubre en Filadelfia murió a los 83 años de edad, el historiador Friederich Katz, víctima del cáncer. Nació en Viena en 1927, en el seno de una familia judía. A los seis años, su familia emigró a Francia buscando escapar de los nazis. Al respecto relata Katz “Vivíamos en Alemania en 1933. La policía vino a buscar a mi padre, por haber escrito varios artículos en contra de Hitler. Tuvimos que huir a Francia. Los franceses nos expulsaron cinco años mas tarde, ya que estábamos refugiados.”
Esta situación le obligó a emigrar a los Estados Unidos con una visa temporal. En Nueva York se nacionalizó estadounidense.
Continúa Katz con su relato “Sin embargo, en México fue donde nos dieron el asilo político y en donde nos sentíamos seguros. Este sentimiento, acerca de México, me hizo interesarme por su historia”. Y escribió sobre la historia de México con máxima autoridad.
Su fascinación por México lo llevó a estudiar desde la sociedad azteca hasta el papel de la diplomacia mexicana durante la Segunda Guerra Mundial.
Desde 1997 fue miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y recibió numerosos reconocimientos. En 1988 recibió la Orden del Mérito Académico de la Universidad de Guadalajara, y en ese mismo año el Presidente de México le entregó la Orden del Águila Azteca, la máxima condecoración que el gobierno otorga a extranjeros. En 1995 el Congreso local de Chihuahua lo nombró ciudadano honorario de dicho estado.
Friedrich Katz se interesó en la historia de nuestro país porque aquí vivió los años de su adolescencia y juventud. Sus estudios de preparatoria los realizó en el Liceo Franco-Mexicano. Más tarde Katz impartió cátedra en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la Universidad de Texas y en la Universidad de Berlín.
Desde 1997 Katz fue miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y recibió numerosos reconocimientos en México. En 1988 fue acreditado con la Orden del Mérito Académico de la Universidad de Guadalajara, y en ese mismo año el presidente de México le entregó la Orden del Águila Azteca. En 1995 el Congreso local de Chihuahua lo nombró ciudadano honorario de dicho estado.
Además Katz recibió doctorados honoris causa de la Universidad de Colima, de la Universidad Libre de Berlín y de la Universidad de Viena. Fue también miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias.
La obra histórica y literaria que deja Friedrich Katz es muy amplia: publicó innumerables artículos y libros, en su mayoría traducidos al español, sobre el mundo prehispánico y la Revolución mexicana. Destacan:
• La guerra secreta en México (1982),
• Pancho Villa (1998),
• Revuelta, Rebelión y Revolución: la lucha rural en México del siglo XVI al siglo XX (1990). Analiza la forma en que Estados Unidos, Alemania, Francia y Gran Bretaña intentaron utilizar el conflicto en México para sus propios fines.
A Katz le sobreviven su esposa Jana, su hija Jacqueline Ross, su hijo Leo y cuatro nietos.
Yo conocí a Friederich Katz el 17 de mayo de 2003. Asistí a la conferencia que dictó en la Facultad de Derechos de la UANL, invitado por el licenciado Helio Ayala y atendido por Samuel Flores Longoria.
En esta ocasión el tema que trató llevó el nombre de “El gobierno de los Estados Unidos y el derrocamiento del gobierno de Francisco I. Madero” en su exposición trata de probar que además del Embajador norteamericano Henry Lane Wilson el propio presidente William Howard Taft y su asistente Knox fueron directamente responsables de tejer toda la red que culminó con el asesinato del presidente Madero.
Yo tomé suficientes notas que me permitieron elaborar un artículo que aún guardo y que seguramente pronto publicaré, voy a localizarlo.
En diversas ocasiones Friedrich Katz hizo referencia a su fascinación por personajes como Francisco Villa y Emiliano Zapata, quienes “eran totalmente distintos a otros grandes revolucionarios del siglo XX. Lenin, Mao Tse Tung y Ho Chi Min tenían una formación intelectual y dirigían organizaciones políticas. Villa, en contraste, era un semianalfabeta, nunca estuvo en una escuela primaria, sin embargo, logró encabezar un ejército de 60 mil a 80 mil hombres, transformar un ejército de guerrilla a un ejército regular, administrar un estado avanzado como Chihuahua, ganarse un tremendo apoyo popular, incluso ganarse por un tiempo el respeto de los Estados Unidos”.
Para Katz, Villa junto con Moctezuma y Benito Juárez, son los mexicanos más conocidos en el mundo. “Uno de los aspectos más difíciles fue separar la médula histórica de la leyenda. A él mismo le gustaba mucho su leyenda: estableció un contacto con Hollywood, donde mucho de su vida eran aspectos legendarios. Esto me intrigó enormemente”. En 1998 publicó Pancho Villa, (Editorial Era) considerado uno de los estudios fundamentales y más completos sobre el revolucionario mexicano.
Katz impartió cátedra más de 40 años en la Universidad de Chicago, por eso la Universidad en reconocimiento a su obra decidió convertir su Programa de Estudios Mexicanos en el “Centro de Estudios Mexicanos Friedrich Katz”.
Katz dedicó gran parte de su vida al estudio del México rural porque reconocía los movimientos populares como claves para comprender la historia. Revuelta, rebelión y revolución (Era, 1990), coordinado por Katz, reúne una serie de trabajos que en su conjunto abarcan desde las rebeliones precolombinas hasta procesos agrarios en la década de 1930.
Uno de los mayores retos para escribir sobre Villa –nos dice Katz– ni siquiera fue el desorganizado, disperso o destruido estado de los archivos, sino extraer la verdad histórica de tantas capas de leyenda y mito que rodean su figura. “Sean correctas o incorrectas, exageradas o verídicas –escribe Katz–, uno de los resultados de estas leyendas es que el dirigente ha opacado el movimiento y los mitos han opacado al dirigente”.
