Indira Kempis
Los espacios públicos virtuales han permitido ser el catalizador de la libre expresión ciudadana. Han logrado lo que los medios tradicionales perdieron: la horizontalidad de la comunicación. Ahí donde los emisores y receptores del mensaje alcanzan cierto grado de autonomía e igualdad. El hecho de que personajes famosos de la farándula, la política y la sociedad estén sumergidos en ellas o personas que no conocemos físicamente, pero están ahí, facilita esa comunicación bidireccional con pocos o nulos intermediarios.
Sin embargo, ¿es efectiva? Una de las grandes limitantes, además del acceso a estos espacios por cuestiones de infraestructura y habilidades computacionales, es la de la brevedad del mensaje. Es decir, la estructura del intercambio de opiniones, al ser delimitada por la cantidad de caracteres o de párrafos, permite una fluidez intermitente por la cantidad ilimitada de intervenciones, sin embargo, el tiempo acorta las ideas, probablemente, con el propósito de ganarle al tiempo.
Eso por un lado es positivo porque permite crear una habilidad de síntesis jamás imaginada, pero por otro es negativo porque obstaculiza un real debate que permita ir más allá en las reflexiones. La horizontalidad en esa medida hace que algunos entiendan lo que escribes, pero otros no. Que algunos puedan seguir la conversación por largo tiempo, otros no. Que algunos puedan intervenir con argumentos, otros con asuntos personales. Que algunos, efectivamente, en dos líneas logren decir lo que piensan y otros sólo hagan una interpretación de lo que los otros piensan. Y si llevamos esto al extremo hay quienes se interesan en el tema propuesto, pero otros a los que no les parece atractivo.
Lo público en los espacios públicos permite ese matiz en las nuevas formas de comunicarse, nada está escrito y, sin embargo, al mismo tiempo hay “comportamientos” en el lenguaje virtual predecibles. Incluso, hay temas a los que la gente se suma atendiendo a las agendas de los grandes medios de comunicación, creando información que de alguna u otra forma extiende el tiempo de estos en las agendas mediáticas.
Lo público de lo público también ha permitido ese intercambio con personas que quizá nunca hubiéramos conocido o con estos personajes que son visibles y reconocidos por sus actividades en el mundo real. Sin embargo, la pregunta sigue latente en el sentido de si es realmente una comunicación o sólo compartir información, si es que se puede tener ese contacto directo o si sólo es un placebo que nos hace creer que en realidad estamos hablando con estas personas.
Lo público de lo público en los espacios virtuales ha desencadenado una serie de estudios que comienzan a interrogarse estas observaciones que resultan evidentes a la hora de leer las características de los mensajes ahí escritos. Es interesante el caos y el orden que se genera, las percepciones, la asunción de roles en la red, los debates, las conexiones y todo lo que los usuarios están dispuestos a hacer de conocimiento público, creando con esto una nueva forma de comunicarse en la virtualidad.
