Espacios virtuales in cresendo

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Indira Kempis

Parte de las bases sobre las cuales se podría crear una sociedad del conocimiento es  la apertura y accesibilidad para usar nuevas tecnologías de información que permitan el intercambio de la misma y la producción de contenidos alternativos con canales de comunicación distintos a los tradicionales. Este derecho social es cada vez más demandado por millones de internautas en todo el mundo.

En México, el reciente estudio de la Asociación Mexicana de Internet (AMPCI) reveló una creciente tendencia al incremento de usuarios de la red que en 2010, alcanzó la cifra de 34.9 millones de personas, lo que representó un incremento de 4.3 millones de nuevos internautas con relación al año 2009. Siendo Nuevo León, el cuarto estado con mayores usuarios, antecedido sólo por el Estado de México, D.F., Jalisco y Veracruz, en ese orden.

De acuerdo al estudio, estos espacios virtuales son utilizados como un medio de comunicación personal (90%); una forma de dar seguimiento a opiniones e información (entre el 46% y 53%); y como herramienta para la promoción de negocios (del 20% al 26% destinado a venta y compras de productos), entre otras acciones. Finalmente, la investigación hecha por la AMPCI,  deja ver que 4 de cada 10 usuarios acepta publicidad dentro de las redes sociales.El 60% de los usuarios es menor a los 24 años y el hogar sigue siendo el principal lugar de acceso a la Red (48%), seguido por los lugares públicos (39%) y los lugares de trabajo (19%).

Estos datos no sólo exhiben una fenomenología que está creciendo con el uso casi caótico de estos espacios virtuales, también ponen sobre la mesa  un arma de doble filo: Por un lado, se encuentra un área de oportunidad para potencializar las habilidades de la ciudadanía de tal forma que la Internet se convierta en la herramienta para ejercerla. Por otro, estamos también frente a las debilidades que hacen que la pobreza y la ausencia de educación se extiendan hacia lo digital, ¿en dónde establecer las prioridades para la gente tenga mayor accesibilidad para la producción y distribución de la información?

La agenda de las políticas públicas debería, por esa razón, comenzar a dirigirse a la creación de una sociedad del conocimiento que permita el intercambio, las conexiones y las relaciones con menores restricciones infraestructurales para acceder a estos espacios que aunque las cifras son esperanzadoras, siguen poniendo el dedo en el doble renglón: a) Todavía no pasamos de ser el 30 por cierto de un país y, b) el analfabetismo de habilidades en el uso de nuevas tecnologías, que sin esas dos condiciones, no estaremos más que abriendo la brecha entre la riqueza y la pobreza digital.

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