Maestro Marco Tulio Garza González
El término ansiedad es algo complicado de definir, ya que es una respuesta emocional subjetiva y, sobre todo, privada; pero presenta algunas características conductuales típicas que muy difícilmente pasan desapercibidas, como la onicofagia (comerse las uñas), tensión muscular, dolores de cabeza, insomnio, hipersomnio, sudoración excesiva, hiperventilación, taquicardia, gastritis, colitis, etcétera.
Se calcula que entre un 15 y un 20 por ciento de la población padece o padecerá a lo largo de su vida algún trastorno relacionado con la ansiedad.
La ansiedad se hace presente cuando el organismo se ve expuesto a salir de la zona de confort; es decir, cuando se rompe el rango de la normalidad, cuando se pierde el control. Es en este momento cuando estructuras cerebrales como el hipotálamo ejercen medidas drásticas sobre el organismo, para retomar dicho control, y sólo muestran dos salidas posibles: una es el escape, huir de la situación ansiógena estresante, y la otra es la pelea.
UNA SOCIEDAD ESTRESADA
En la antigüedad, no era problema para el hombre manifestar estas reacciones psicobiológicas. De hecho, su permanencia en la vida dependía de ellas, lamentablemente, en la actualidad es muy difícil mantener la zona de confort, sobre todo por el tipo de sociedad en la que nos desenvolvemos, la cual está regida por un constante estrés, y consecuentemente, por constantes ajustes.
Es muy difícil, para un empleado que acaba de ser reprendido por un superior, tomar las respuestas naturales hipotalámicas, porque tiene dos opciones: si huye, se queda sin trabajo, sin sustento, inclusive sin familia; o bien, si pelea, tiene el riesgo de correr, si bien le va, con la misma suerte, por lo que tiene que aguantarse y reprimir toda la emoción basta que llegue el fin de su turno, justo cuando tiene las opciones de llevar esa emoción a su casa, y entrar en conflicto con su familia, o bien afrontar la ansiedad con estrategias disfuncionales, como el fumar o el ingerir alcohol, que, lejos de ayudar, empeoran enormemente el cuadro ansiógeno.
Los efectos de la ansiedad se pueden ver reflejados en el ámbito social, conductual, psicológico, etcétera. Entre los comportamentales, se pueden destacar una inquietud motora, constante movimiento de dedos y manos, respuestas erradas a consecuencia de la impulsividad, una constante alerta, cambios en el tono de voz y postural, etcétera.
EFECTOS COGNITIVOS
Entre los efectos cognitivos se pueden mencionar: una excesiva preocupación por eventos intrascendentes, una mala interpretación de los mensajes, en que siempre queda la duda; expectativas negativas, como «¿para qué lo hago, si como quiera va a salir mal?», y el pensamiento rumiante de: «Seguro lo dijo por mí, se referia a mí, está algo diferente conmigo, ¿será porque no lo hice bien?», etcétera.
De los efectos fisiológicos más comunes, se puede hacer hincapié en taquicardia, diarrea, náuseas, vómito, poliuría (orinar frecuentemente), hormigueo de manos, hambre constante, etcétera, ya que el hipotálamo juega un papel determinante en la regulación de la homeostasis.
Cuando alguna función regulada por éste presenta alteraciones, es muy probable que no sea sólo una conducta específica la que llegue a presentar cambios, ya que de entrada se alteran los ciclos de la ingesta de alimentos, el ciclo dormir-vigilia y la conducta sexual. Generalmente, cuando uno de estos ciclos se ve alterado, existen repercusiones
en los dos restantes, y por consiguiente, como seres biopsicosociales que somos, esta situación se refleja en cambios en nuestras actitudes y actividades diarias, desde las cogniciones básicas y personales, hasta las interacciones sociales más complejas.
De hecho, la sintomatología de la ansiedad puede repercutir de manera importante en el aspecto familiar, así como en las relaciones sociales y laborales, pero sobre todo en el ámbito psicobiológico, de modo que genera reacciones somáticas que aparecen sin aviso previo.
TRASTORNOS CAUSADOS POR LA ANSIEDAD
Existen algunos trastornos originados por los cuadros de ansiedad, algunos de los cuales son: trastorno de ansiedad generalizada, trastorno del ataque de pánico; algunas fobias, como la fobia social, la agorafobia, el trastorno obsesivo-compulsivo, y el trastorno de estrés postraumático, etcétera. Uno de los trastornos ansiógenos más comunes que se presentan es el que se conoce como ataque de pánico.
Éstos suelen ser descritos como muy terribles, y pueden durar minutos o incluso horas, y se caracterizan por una preocupación excesiva por la pérdida de control en un futuro. Este tipo de ataques son súbitos, y se pueden presentar a cualquier edad. Los síntomas que más reportan los pacientes son: temor a morir, palpitaciones, opresión en el pecho, etcétera.
Se calcula que este problema lo sufre un cinco por ciento de la población general, y casi el 14 por ciento de los pacientes cardíacos. Es más frecuente en las mujeres, y a menudo comienza al final de la adolescencia.
Una de las complicaciones más habituales es el desarrollo de un miedo anticipado: la persona teme perder el control durante esos ataques. Y como no sabe en qué momento surgirán, evita quedarse sola o salir a lugares públicos.
DESORDEN FÓBICO
Cuando se presentan por lo menos tres ataques de pánico en un período de tres semanas, sin que haya esfuerzos físicos intensos o situaciones reales de amenaza para la vida, se estima que el problema debe ser tratado clínicamente, ya que estamos en presencia de un desorden fóbico.
Si bien la sintomatología de la ansiedad interfiere importantemente en las esferas biológicas, psicológicas y sociales, existen también factores que predisponen a este tipo de alteraciones, como la personalidad de tipo «A», que se caracteriza por «andar» siempre con prisas, en constante movimiento; no le gusta el ocio, ve las cosas por cantidad, no por calidad, y regularmente su reloj se encuentra unos minutos adelantado «para llegar temprano» etcétera.
Existen estrategias cognitivo conductuales que han mostrado excelentes resultados para reducir los efectos de la ansiedad, entre las cuales se puede mencionar el uso de las autoinstrucciones; por ejemplo, revisar secuencias de experiencias estresantes.
Hasta donde sea posible, es necesario que la persona repase mentalmente una aproximación a la situación angustiante, con el fin de anticipar respuestas y hacerlas más cognitivas; es decir, que la información recibida en el momento no sea ejecutada como mecanismo, sino paso a paso, como un proceso. Que en vez de buscar problemas busque soluciones.
PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS NEGATIVOS
Otra es la identificación de los PANS (pensamientos automáticos negativos), que llegan como reflejo, sin un razonamiento previo, y la persona los toma como buenos, y a partir de ahí genera emociones y por consiguiente conductas inadecuadas.
Otra técnica que ha demostrado excelentes resultados es la hipnoterapia ericksoniana. La hipnosis se puede usar para relajar y fortalecer la autoestima, y hacer una reestructuración cognoscitiva.
Para terminar estas líneas, citaré un viejo proverbio chino:
Si tienes un problema y éste tiene
solución… ¿para qué te preocupas?
La va a tener… Y si éste no tiene
solución. ¿para qué te preocupas? No
la va a tener.

Master.. gracias por la aportación,. me servirá de mucho saber esto de nuevo,. pues hay un caso que padece esta sintomatología. y hay datos de mucha utilidad.. una felicitación por este aprendizaje interesante!!
saludos y un abrazo cordial!
Muy bien Marco Tulio, estamos en espera de tu libro sobre el tema de las relaciones de pareja, cuidate mucho mi buen, siempre es un gusto leerte/escucharte
un abrazo de oso para ti!
buenos dias, es cierto todo lo que esta en este escrito, yo lo vivi, un gusto enorme conocerlo y que aplique sus conocimientos en bien de la salud, usted me esta cambiando grandemente la manera de ver la vida.
gracias.
Hola Marco Tulio
Estoy ineresado en saber si Usted tambien tiene consulta. Me interesa el tema de la hipnosis.
gracias
LB