La gran cuestión de la conservación

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Ideas Gonzalo Halffter

Fuente. Cepa México SC

Hoy es más necesario que nunca lograr conservar nuestros ecosistemas naturales en estado de buena  preservación, considerando la mayor conciencia que tenemos de la necesidad de la conservación de la biodiversidad, así como de la conservación de los geosistemas y la geodiversidad, para nuestra propia supervivencia.

Sin embargo, no hemos logrado demasiado en esa meta después de casi cien años de estrategias diferentes de conservación.  Y una de esas estrategias, la de la conservación estrictu sensus, viene siendo reconsiderada a la luz de los magros resultados obtenidos.

El aumento de superficies declaradas de conservación, en términos de islas intocables a la actividad humana, no representa casi nunca una verdadera custodia de esos territorios en términos de manejo conservacionista. Muchas veces no existen planes de manejo, y muchas otras, aunque lo tengan no se implantan.

Razones y sinrazones protegen la perduración de esta negativa situación. Falta de presupuesto y falta de políticas están del lado de las sinrazones, por que la importancia de la cuestión merece la máxima atención de los gobernantes y no requiere de grandes financiamientos. Entre las razones verdaderas en cambio, se encuentra la poca experiencia práctica en el manejo conservacionista y la dificultad de desplazar las poblaciones locales, que en realidad, durante siglos, custodiaron esa conservación.

La sabiduría de las poblaciones locales para conservar la selva y mantener al mismo tiempo las prácticas ganaderas que garantizan su supervivencia, ha sido profundamente estudiada y llevan al conocimiento de las prácticas conservacionistas más actuales. En este sentido, en México se ha desarrollado grandes aportes para demostrar que la buena convivencia sociedad-naturaleza es cómplice de la conservación y no su contrario (ver Sergio Guevara Sada, “Los Tuxtlas”).

Conservación y Manejo

Conservación sin manejo es una aventura hacia la desaparición del área que se quiere conservar y en especial de su biodiversidad.

Cuando se entiende por conservación el cercado estricto de un área y la eliminación de actividades humanas en la misma, en realidad se corre el grave riesgo de convertirla en un abandono de la custodia que esta área requiere. Precisamente por ello, el gran filósofo ambientalista Leonardo Boff recupera el vocablo “cuidar” como la gran meta de las acciones de la sociedad sobre el ambiente. Cuidar es custodiar para impedir riesgos negativos, como se hace con un niño, pero no sustraer ese niño de la evolución de la vida.

Manejo es sinónimo de cuidar, pero manejo requiere de un cuidado experto, de sociedades que saben convivir con la naturaleza. Es muy conocida la perdida de ejemplares de gorilas en la Reserva del Bosque nublado en África, por que las poblaciones nativas cercanas, descuidadas en su condición de hambre por los gobiernos locales, cazaban gorilas para alimentarse.

Ha sido la UNESCO quién primero reconoció estas cuestiones, al crear en 1972 el Programa Mab (el hombre y la biosfera) para conservar ecosistemas y paisajes donde sea posible la buena convivencia, capaz de mantener la diversidad biológica, la cultural y las prácticas de manejo compatibles a ambos tipos de cuidados.

Este ha resultado el Programa Internacional más exitoso, con más de 500 Reservas de la Biosfera en el mundo entero, que se han transformado hoy, según expresión del mexicano Gonzalo Halffter, uno de los creadores, en “teatros de experimentación del desarrollo sustentable”.

Para el Estado de Nuevo León, el nuevo Programa Estatal de Desarrollo Urbano propone la ampliación de los territorios de conservación, con nuevas y mas diversificados paisajes naturales y culturales, propiciando actidades ecocompatibles en esos territorios, para hacer posible su manejo, la participación de las poblaciones locales, y la autogeneración de recursos económicos y sociales. Esto es, hacer posible la CONSERVACIÓN, más allá de las prácticas exclusivistas de la preservación a ultranza.

Para ello, las unidades de conservación tendrán con seguridad áreas núcleo de conservación para fines exclusivamente científicos y educativos, pero deben poseer áreas de amortiguación, donde se posible e ecoturismo, la educación y la ciencia y sectores menores destinados a servicios y infraestructura; y finalmente áreas de transición donde se experimente el desarrollo sustentable, para avanzar hacia una nueva armonía entre conservación y desarrollo. Esto no es otra cosa que avanzar en la línea ya muy explorada de las Reservas de la Biosfera para enriquecer y ampliar una poderosa política de áreas de conservación.

Esta es la política propuesta, por otra parte reclamada durante el proceso de participación que se convocó al efecto de construir este nuevo Programa Estatal, y pone a Nuevo León en la línea de las más avanzadas prácticas sustentables en el mundo.

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