Ismael Vidales Delgado / ividales@att.net.mx
Don Jaime Torres Bodet fue sin lugar a dudas un extraordinario poeta fino, elegante y de gran fuerza expresiva, diplomático, Secretario de Educación y Director de la UNESCO (1948-1952).
– Nació en la ciudad de México.
– Estudió en Escuela Nacional Preparatoria, la Escuela Normal, en la Facultad de Leyes y en la Facultad de Altos Estudios de la Universidad Nacional la carrera de filosofía y letras.
– Fue secretario del rector José Vasconcelos (1921).
– Fue Secretario de Educación Pública en dos ocasiones:
– Del 23 de diciembre de 1943 al 30 de noviembre de 1946.
– Del 1 de diciembre de 1958 al 30 de noviembre de 1964.
– Promovió la Campaña Nacional de Alfabetización.
– Creó el Programa de Construcción de Escuelas que más tarde sería el CAPFCE
– Fundó el Instituto Nacional de Capacitación del Magisterio.
– Puso en práctica el Plan de Once Años para la Extensión y el Mejoramiento de la Enseñanza Primaria,
– Creó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos y
– Creó el Museo Nacional de Antropología y el de Arte Moderno.
Desempeñó también una carrera diplomática importante. Secretario de Relaciones en 1948.
Compartió la dirección de la revista Contemporáneos (1928-1931).
Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, El Colegio Nacional, el Instituto de Francia y la Academia del Mundo Latino.
Doctor Honoris Causa de varias universidades.
A partir de 1929, estuvo dedicado a servicios diplomáticos en Madrid, La Haya, París, Buenos Aires y Bruselas y, a su regreso a México, de 1940 a 1943, en la Subsecretaría de Relaciones Exteriores.
En unión de Bernardo Ortiz de Montellano, dirigió la revista literaria La Falange (1922-1923) y, años más tarde, fue codirector de Contemporáneos (1928-1931), revista que daría nombre a su grupo literario.
Torres Bodet fue académico de la lengua, miembro de El Colegio Nacional.
En relación a la muerte, Torres Bodet escribió en 1942: «El suicidio es o bien un acto de valor en un momento de cobardía o un acto de cobardía en un momento de valor».
Hacia los 70 años de edad empezó a padecer de cáncer, cada vez la enfermedad avanzaba más rápido y los dolores eran intensos, la muerte estaba cera.
En esos difíciles momentos de soledad, dolor y desesperanza, Torres Bodet escribió dos cuartillas acerca de la cercanía de su fin, solamente transcribo dos párrafos.
«Escribo estas líneas en la madrugada de un día nublado. Como no podía dormir, pensé que sería mejor dar alguna expresión formal de los vagos abismos que abría el insomnio frente a mi alma. Por las ventanas, empieza a clarear la aurora. Un pájaro, que no identifico, se ha posado en la cima de un olmo. En agudos gorjeos, como el surtidor de una fuente, derrama el exceso de vida que llena su cuerpo alado. ¿A quién bendice esa voz sin cólera ni rencor? No es a mí, por supuesto, sino a todo lo que le ofrece, en la mañana recuperada, el espectáculo de esa solidaridad admirable que representa, para los vivos, la fe en la vida.
«Sin embargo, aunque no cante el pájaro para mí, lo escucho con emoción y agradecimiento. Yo también saludé a la vida, como ese pájaro. Yo también viví cada hora como si fuera un fragmento de eternidad.
