Arq. Abiel Treviño Aldape
En mil ochocientos tres, Thomas Malthus publica su “Ensayo sobre el principio de la población”, donde alude al control natal y a la regulación natural (entiéndase: guerras y epidemias) como medidas para evitar catástrofes producto de la sobrepoblación mundial.
Poco más de siglo y medio después, Alvin Toffler, escribe en uno de sus célebres (y sibilinos) libros que: “Toda sociedad se enfrenta no solamente con una sucesión de futuros probables, sino también con una serie de futuros posibles y con un conflicto sobre los futuros preferibles” (Toffler: 571).
SI bien es cierto que se hablaba de crecimiento aritmético o constante de las reservas alimentarias, y de crecimiento exponencial de población (aritmético < exponencial), la revolución tecnológica está coadyuvando a incrementar los recursos necesarios para sobrevivir.
Debemos auxiliarnos con prácticas sustentables que mejoren y potencien el manejo de los recursos naturales, lo cual comienza a tomar arraigo globalmente después de casi cinco lustros de estar concientizando a la población (al gobierno y a la academia) mundial a raíz del Informe Brundtland (Nuestro Futuro Común), que es donde se acuñó este término formalmente en mil novecientos ochenta y siete.
Queda pendiente la asignatura de la tierra, tierra de cultivo, tierra de reserva, tierra de crecimiento a futuro, pero sobre todo, de TIERRA URBANA.
La gran pregunta es ¿qué clase de futuro deseamos?
El probable: seguir consumiendo hectáreas, cada vez más alejadas de los centros urbanos y de sus equipamientos perfectamente consolidados; el posible: seguir concientizando a la sociedad, fomentar los edificios de usos mixtos, y gestionar por el equilibrio ambiental; el preferible: aumento de densidad habitacional (previo estudio técnico que avale dicha decisión), sustentabilidad como filosofía y forma de vida, certeza legal (tanto para ciudadanos como para desarrolladores inmobiliarios), cohesión social y seguridad, así como centros fundacionales vivos.
Discriminemos entre lo deseable, lo posible, lo probable y lo necesario (y qué decir de lo ¡irreversible!).
Futuro probable ═ ¿más de lo mismo?
Futuro posible ≠ simulacro.
Futuro preferible: que el destino (Malthusiano) NO nos alcance.
Bibliografía
TOFFLER, Alvin; 1971; El shock del futuro; Plaza y Janés, S.A. Editores; España.
