Ingeniera Claudia Ordaz
¿Por qué la depresión aparece más frecuentemente como un mal que cada vez aqueja a más personas?
Es un hecho: la enfermedad mental número uno en el mundo, sobre todo en los países civilizados; es la depresión. Tan sólo en el vecino país del norte se suicidan más de 70 mil personas al año, y eso que sólo un diez por ciento de los que intentan suicidarse logran hacerlo.
¿Está alguien exento de padecer depresión? Todos, sin excepción, nos sentimos deprimidos alguna vez en la vida, y es perfectamente normal. De hecho, sería aventurado decir que es un mal que aqueja a este siglo, pues la historia de la depresión es tan antigua como el hombre. El primer escritor que describió la depresión fue Hipócrates –460 a. C. Otro notable médico griego, Arteo –siglo II– describió atinadamente a quienes la padecen: tristes, desanimados, adelgazan, se muestran perturbados y sufren de insomnio. Si las condiciones contrarias persisten, se quejan de mil pequeñeces o expresan deseos de morir.
Plutarco -famosísimo escritor del siglo II- escribió sobre los deprimidos: se miran a sí mismos como personas olvidadas por la divinidad. Descuidan su modo de presentarse y hacia la divinidad sienten más miedo que amor.
CLASES DE DEPRESIÓN
Entre las diferentes clases de depresión, la hay moderada, seria y grave. Se puede llamar desaliento a la primera; abatimiento a la seria, y desesperación a una depresión grave. Y es que la mayoría de las depresiones comienzan con el desaliento, aumentan hasta llegar al abatimiento, y, si no se logra aminorar estos padecimientos con el tiempo, desencadena en una profunda desesperación. De ahí que la persona necesita atención médica, porque es una enfermedad mental en la que hay un profundo desequilibrio en aspectos físicos, mentales, y sentimentales.
SÍNTOMAS FÍSICOS
Algunos síntomas físicos durante la depresión son: irregularidad en el sueño, apatía, desgano por todo, falta de interés por personas o actividades; letargo, somnolencia; pérdida de apetito; aspecto descuidado; dolencias físicas, como cansancio, mareos, palpitaciones, jaquecas, constipaciones, dolor en la boca del estómago; acidez estomacal; sudor, y dificultades respiratorias.
SÍNTOMAS EMOCIONALES
Algunos síntomas emocionales o sentimentales de la depresión incluyen: pérdida de afecto; tristeza; exhibicionismo; deseo exagerado de ser necesario o estimado; locuacidad o exceso en las palabras; fingirse enfermos, víctimas de ataques o episodios de agresividad, con manifestaciones de estallar en llanto; hostilidad, irritabilidad, ansiedad, temor y preocupación; desesperanza.
REMEDIOS
Como inicié el artículo, con una cita de Buda, lo que escribiré aquí son remedios zen para combatir la depresión. El primero es detenerse a escuchar. Cuando estamos en medio de la depresión, podemos detenernos y mirar dónde nos hallamos y cómo hemos llegado hasta allí. Los budistas zen desarrollan un método para trabajar con el corazón y la mente durante la meditación, utilizando lo que llaman koan.
Los koans pueden ser descritos como herramientas destinadas a detener nuestro pensamiento, de manera que podamos experimentar algo más profundo en nuestro interior. Al detenernos a escuchar la depresión, podemos oír el mensaje que nos trae, y explorar nuestro dolor, ya que la depresión crea una barrera entre nosotros y nuestra propia vida. En la depresión estamos intensamente conscientes de la pesada duda con la que cargamos. Dudamos de lo que pueda suceder, de nosotros mismos, de las decisiones que tomamos, y en la cultura zen, la duda que nos ofrece la depresión es un regalo y una gran enseñanza.
DESCUIDAMOS NUESTRO CUERPO
En el budismo, el cuerpo es percibido como el medio a través del cual se alcanza la iluminación. No obstante, nuestra tecnología tiende cada vez más a convertir el cuerpo en algo obsoleto. Solemos ignorar una de las necesidades más básicas de nuestro cuerpo: la necesidad de ser de utilidad. Vamos en coche en lugar de caminar; consumimos comida rápida, ponemos platos en las lavavajillas. A medida que dejemos de involucramos en el pesado trajinar de nuestro diario devenir, seremos útiles, y la depresión será menor. El sufrimiento es lo que nosotros añadimos a la experiencia humana. Dice Buda que el sufrimiento existente en nuestras vidas es causado por nuestro deseo o apego a las sensaciones. A medida que nos desapegamos de las personas y de las cosas, seremos más felices. Decía Jesús: No juzguéis y no seréis juzgados. Hoy en día se dice: vive y deja vivir. La depresión saca a la luz esa mente crítica y no nos permite ser imparciales en muchas eventualidades de la vida. En las enseñanzas budistas, la ira está considerada como uno de los tres venenos, junto con la codicia y los pensamientos ilusorios. La ira también puede hacer que nos propasemos con alguien y le provoquemos dolor; pero podemos aprovechar la energía de la ira y dirigirla hacia una acción de positiva sanación.
A TENER CONCIENCIA DE LAS COSAS
La depresión nos fuerza a movernos con lentitud, y eso tiene un valor en una cultura en la que todo se mide con el tiempo. Tener tiempo nos ayuda a tener conciencia de las cosas. La dificultad con la que nos enfrentamos en la depresión puede conducirnos a sentir gratitud por las cosas más básicas, por esas cosas de las que todavía podemos estar conscientes. Muchas veces podemos estar dormidos -es decir, vagamos en la inconsciencia de la vida-, pero no podemos dejar que la depresión nos robe nuestra experiencia de vida. La depresión es una fractura y una apertura en el corazón. Cuando el mundo nos ha partido el corazón, la tierra puede volver a curarlo. La literatura zen es rica en referencias sobre la tierra y la naturaleza. La mayoría de las religiones en el mundo muestran una clara reverencia similar hacia la tierra. Cuando Jesús necesitó curación y enseñanza para el espíritu se fue solo al desierto, y cuando San Francisco le pidió a un árbol que le hablase de Dios, tal árbol floreció en pleno invierno. Como dijo Buda: la lluvia cae igual sobre todo el mundo; es decir que la depresión no hace distingos, y la naturaleza puede ser curativa para quienes padecen depresión. Pero, en sí, la religión zen dice que la depresión nos ofrece una oportunidad para profundizar en nuestro espíritu, en nuestro corazón, para escucharnos y observarnos, y tratar de romper con todos los apegos que nos atan a este mundo, y que nos impiden ser mejores.
