Abiel Treviño Aldape
Enmarcado en los festejos por el aniversario 45 de la fundación del Colegio de Arquitectos de Nuevo León, tuvo verificativo los días 16 y 17 de abril del presente año el Foro Internacional sobre Patrimonio Urbano & Cultural, en el edificio de la antigua Estación del Golfo, hoy Casa de la Cultura de Nuevo León.
Desde esta tribuna multidisciplinar, se buscó favorecer la discusión y el intercambio de conocimientos, opiniones críticas y sensibilización acerca del patrimonio, explorados desde la perspectiva histórica urbano–cultural, a partir de las exposiciones de los ponentes, así como propiciando el intercambio de ideas con los asistentes al evento.
Los objetivos centrales del Foro, que reunió a quince especialistas del patrimonio, en diversas manifestaciones, fueron entre los más significativos:
Difundir las experiencias acumuladas así como la confrontación de criterios para generar nuevo conocimiento.
Valorar los recursos patrimoniales a fin de testificarlos como elementos identitarios.
Coadyuvar activamente a definir posturas para la gestión sostenible del patrimonio urbano–cultural.
Crear redes de trabajo entre los interesados en los problemas de construcción y preservación de identidad y promoción del patrimonio.
Vivimos en un estado de cambio permanente. La cultura puede (debe) tener un impacto decisivo en la trama urbana. Las construcciones patrimoniales, así como los sitios con valor histórico–cultural, deben justipreciarse, resignificarse y recontextualizarse (de ser necesario) como elementos beneficiosos —social, cultural y económicamente— para provecho de las metrópolis.
Las líneas temáticas desarrolladas en el Foro fueron:
Abordaje y reflexiones del centro a la periferia.
Andanzas de lo tangible a lo intangible (labrado: arrasado).
Avizorando los valores heredados (re) edificados.
EL PASADO, COMO REFLEJO DEL FUTURO
La representación de una época en las ciudades debería poder leerse directamente en su damero, fundamentado en la morfología de la traza urbana y en las diversas edificaciones que la conforman. Arrebatadamente, esa lectura que debiera ser relativamente sencilla aún para los no avezados en materia de urbanismo, se ve trastocada habitual y reincidentemente presa del desarrollismo a ultranza: Roma locuta, causa finita.
Lejos de considerarse como un novel proceso, como pudiéramos estar tentados a pensar, Vizcaya recoge lo que sucedía en el Monterrey de 1900, de acuerdo a una nota contenida en un periódico local que expresaba que: “Del Monterrey antiguo van desapareciendo las viejas construcciones para levantarse otras magníficas estilo moderno” (Vizcaya: 103).
Si tomáramos en cuenta las fundaciones de Monte-
rrey —entre 1577 y 1596 —, nuestra ciudad debería referir al menos cuatro siglos de memoria urbano–arquitectónica heredada. Hemos sobrellevado una irreparable pérdida de patrimonio (algunas veces conscientes, muchas otras de forma inconsciente) así como de la transmisión y apropiación no sólo de herencia constructiva y arquitectónica, sino también de conocimientos, valores, costumbres y tradiciones, además de testimonios y documentos de épocas pretéritas, proceso acelerado y vertiginoso, estimulado por la globalización en la que estamos afincados.
Para apuntalar lo hasta aquí expuesto, recurrimos a otra nota periodística, ésta de reciente publicación, intitulada “Cambia´ de lugar sitio de fundación”, donde se apunta que cronistas de nuestro Estado aseguran, apoyados en un estudio efectuado hace cincuenta años por el arquitecto Joaquín A. Mora, sustentado a partir de análisis topográficos que contrastó con la descripción del sitio ins-cripta en el Acta de Fundación de la ciudad, que el lugar fundacional no fue donde está ubicado actualmente el Obelisco, ni la superficie que da cabida al espejo de agua emplazado al frente del Congreso del Estado, sino en el área verde aledaña al Palacio de Gobierno.
Recordemos lo escrito de forma romántica por Mario Benedetti en su poema Ese gran simulacro, donde apunta que “el olvido está lleno de memoria”.
Conservar el espíritu y la memoria del patrimonio histórico y arquitectónico responde ampliamente al cuestionamiento planteado por Benson (citado por Soltero), cuando reflexiona que “La identidad de un individuo o una comunidad responde a la pregunta ‘¿Quién hizo esto?’ ” (Soltero: 140).
IMAGEN URBANA
La imagen urbana no es otra cosa que la [secuela] consecuencia de la [r]evolución de sí misma en el tiempo, por lo que la lectura morfológica obedece a la contex-tualización histórica de ese período preciso. Sin memoria histórico–patrimonial, el sitio sólo será eso, un sitio; meramente [adaptado] transfigurado de acuerdo a las [necedades] necesidades sociales particulares de cada época.
La renovación y la mejora del ámbito urbano no deberían [pre]suponerse y aceptarse en automático, como la pérdida [arbitraria] de patrimonio ni de la integridad de los entornos inmediatos en aras del progreso. CONSERVACIÓN MAL ENTENDIDA.
FORJANDO LAS PACES CON LA HISTORIA
Estamos en total acuerdo con lo planteado por Carlos A. Vidal, cuando establece la atinada reflexión de que “No hay que olvidar que la historia es la que nos hace y la que nos conserva; es la que nos identifica como individuos con un mismo denominador común: el pertenecer a una sociedad con profundas raíces históricas.”
Si desde la sustentabilidad a la que debemos comprometernos fehacientemente a alcanzar como sociedad madura y con suficiente raigambre histórica, concibiéramos, entendiéramos y tratáramos nuestro patrimonio como un “Recurso no renovable”, posiblemente tendríamos una faceta urbana bastante diferente en nuestra área metropolitana, a la que hoy contemplamos indiscutiblemente menoscabada y mortecina.
Debemos subsanar en la medida de lo posible, las marcas indelebles que marca el progreso en los diferentes ámbitos (urbano y rural) pudiendo establecerse escalas de valor como un verdadero bien escaso y apreciable, y que su proyección hacia las generaciones ulteriores facilite el conocimiento y disfrute de la ciudad, mediante la salvaguarda patrimonial que no significa ni implica de ninguna manera, y como antípoda a lo señalado con anterioridad, prácticas de conservacionismo a ultranza, sino más bien, de aprovechamiento plausible del conjunto edilicio existente en lugar de la sustitución obnubilada y principalmente irracional.
El futuro inmobiliario puede coexistir con la ciudad histórica, constituyendo escenarios heterogéneos y disfrutables por todo el cuerpo social; el progreso no debe estar supeditado necesariamente a la práctica insensata de la tabula rasa como detonador unilateral del cambio urbano. Así como es impensable e insostenible la postura de a-rrasar con todo lo construido, tampoco podemos pensar en conservarlo todo; deben delinearse planes y estrategias que coadyuven a no perder el legado que llega hasta nosotros, y que no debe perderse en la arena de los tiempos por venir.
A MANERA DE PROPUESTA (RECUPERACIÓN Y PUESTA EN VALOR)
En definitiva, no todo lo antiguo cuenta con gran valía; hay que discriminar lo verdaderamente meritorio de la generalidad; ambas tipologías arquitectónicas han conformado las ciudades a través del tiempo y en el espacio. En el damero urbano, podemos tejer fino, podemos enhebrar las diferentes épocas por las que atraviesa la ciudad e incluso llegar a una solución ecléctica, como se mani-
fiesta en el centro histórico de Monterrey, donde conviven edificios catalogados ya como patrimoniales , con otros de manufactura contemporánea que por su calidad y méritos arquitectónicos, en un futuro no muy distante incluso pueden aspirar a convertirse en patrimonio construido también, como testimonio del período en que fueron erigidos, tratando de evitar la sobreposición violenta, caótica y confusa que reina el ámbito urbano.
En este sentido de reutilización y reciclaje urbano, el artículo 5º de la Carta de Venecia (1964), dice al calce:
“La conservación de los monumentos se ve siempre favorecida por su utilización en funciones útiles a la sociedad: tal finalidad es deseable, pero no debe alterar la distribución y el aspecto del edificio. Las adaptaciones rea-lizadas en función de la evolución de los usos y costumbres deben, pues, contenerse dentro de estos límites.”
PATRIMONIO SUBUTILIZADO
Sin causar detrimento de los inmuebles y de la calidad del entorno, éstos pueden cobrar nueva vitalidad. En el caso de edificaciones abandonadas por haber cruzado el límite de la temporalidad edilicia (por circunstancias diversas, como abandono o falta de mantenimiento, o pérdida de propietario [caso de inmuebles intestados], sólo por mencionar algunas posibilidades), que actualmente se han constituido en un freno para la adecuada y completa reutilización, este patrimonio subutilizado puede volver a cobrar un papel preponderante en el tejido urbano.
Es imperante convenir y sistematizar la acción conjunta de agentes y actores sociales públicos y privados implicados en la recuperación patrimonial, en un área de actuación factible de fundamentarse en el binomio: Conservación + Reutilización, propulsados a través de políticas públicas que propicien Conocimiento, Protección, (Re) Utilización, Aprovechamiento y Disfrute de los diferentes bienes Patrimoniales inscritos en la urbe, dejando de lado el recuerdo y el olvido para dar paso a la materialización de la historia.
