Después de ver el documental “Tapped” y analizar los datos que ahí se nos presentan, resulta preocupante la cantidad de contaminación que el plástico genera a los ríos, lagos y sobre todo mares.
Se habla de que gran parte de los 80 millones de botellas de agua que se ingieren a diario, termina en el mar y al irse desintegrando se integran a la arena. Además de que otra gran parte de mezcla con el plancton de los mares.
Por ejemplo en un estudio llevado a cabo por el capitán Charles Moore, en donde en 1999 se tomó una muestra y se analizó obteniendo 6 veces más plástico que plancton, pero al volver en 2008 a realizar la misma muestra y estudio, se obtuvo 46 veces más plástico que plancton.
Además con la desidia de los seres humanos por cuidar el medio ambiente, por reciclar, por no tirar los envases de PET en cualquier lugar y que sean arrastrados hacia el mar, el panorama se torna un poco sombrío.
Sin embargo, gracias a recientes investigaciones publicadas en Science y explicadas por Amanda Rose en su artículo “The Smallest Hitchhikers” en Scientific American, se puede ver la luz al final del escabroso camino de la contaminación de los mares. Esto gracias a que se piensa que existen microbios que se están alimentando del plástico y de esa forma ayudan a que no aumente su acumulación en el agua del mar.
El estudio se llevó a cabo en un periodo de 22 años, en donde se medía la acumulación de plástico en ese tiempo, a través del Atlántico Norte. Lo que llamó la atención a los investigadores fue que no hubo incremento en la cantidad de plástico que contamina los mares, durante ese lapso. Lo anterior a pesar de que la producción de plástico subió de 75 millones de toneladas métricas a 245 millones.
Es por ello que los científicos piensan que los microbios se están dando un festín con el plástico. De acuerdo a los investigadores de la Asociación de Educación del Mar, al recolectar muestras de plástico del mar, no se observaba nada a simple vista, pero cuando magnificaron la misma con un microscopio, surgió un nuevo mundo de microbios en ese plástico, según Tracy Mincer del Instituto de Oceanografía Woods Hole.
Pero no solamente eso, al tener el apoyo del microscopio se pudo observar que esos microbios estaban erosionando, en el plástico, una huella del doble de su diámetro. Lo que hace suponer a los científicos que es porque se están alimentando del plástico, de esta forma lo desintegran y podría ser la razón por la cual no ha aumentado el nivel de toneladas de plástico contaminando los mares.
Pero, Mincer, pide calma antes de saltar a las conclusiones, pues a pesar de que se tiene documentado que las bacterias pueden comer plástico en ambientes cálidos y llenos de nutrientes como lo son los basureros o rellenos sanitarios, aún faltan realizar más observaciones que sean medibles y reproducibles para concluir que efectivamente los microbios están contribuyendo más que el hombre a no aumentar la cantidad de contaminación.
De esto podemos deducir que la vida siempre se abre paso ante diferentes circunstancias y en lugares donde el ojo humano queda ciego. Además de que debemos aprender más de otros organismos, aunque sean minúsculos, que se dedican a mantener la simbiosis adaptativa en su medio con el fin de no perecer y continuar avanzando evolutivamente, que en este caso contribuyendo a limpiar parte de la contaminación del mono desnudo de Desmond Morris.
