Indira Kempis
A veces basta con cerrar los ojos para imaginar lo que queremos. Eso no sería suficiente si no acompañamos los sueños de acciones que nos permitan encaminarlos, dirigirlos hacia el destino que los espera. Nuestra ciudad, más que en otro tiempo necesita recordar una frase del físico alemán Albert Einstein: “En tiempos de crisis, la imaginación es más importante que el conocimiento”.
Aunque el conocimiento es lo que nos brinda el espacio teórico y práctico para poder reflexionar sobre las complejidades del mundo que habitamos, la imaginación, que no requiere mayor inversión que dejarse llevar por los pensamientos que nos invaden con espontaneidad, podría hacer que los habitantes de una ciudad asuman más rápido su condición de creación y creatividad para solucionar problemas.
Para eso se requiere de tiempo para despejar de la mente el “si hubiera” para atraer el “se podría”. Ese simple cambio de articulación en el lenguaje permite todas las entradas posibles para que dejan a un lado la descalificación de lo que no se pudo hacer en un momento dado a fin de dar el paso siguiente: la concepción mental, acompañada de la sensibilidad personal, de las ideas que adelantan en visiones claras de lo que todavía no llega, no es, pero puede ser y se anhela.
¿Cuántas veces al día se encuentra soñando? Parece que conforme crecemos esa imaginación debería estar confinada a las mentes infantiles en momentos lúdicos, pero ese es un gran mito que no nos permite ensanchar el campo de acción. Antes de pensar que hay límites, primero deberíamos atrevernos a soñar, ¿Cuántas veces al día encuentra imaginando la ciudad que quiere? Soñar no cuesta nada, dice la expresión popular, imaginar, menos.
