Ismael Vidales
En abril de 1940, siendo presidente de la República el general Lázaro Cárdenas, se celebró en Pátzcuaro, Michoacán, el Primer Congreso Indigenista Panamericano.
La conquista redujo al indígena a la condición de siervo, llegándose al criterio de negarle su condición humana para equipararlo con el animal. Desde entonces un mestizaje biológico y social se realiza en nuestros países; pero gran parte de la población, la más desvalida, la más mísera, refugiada en las tierras más pobres e inhóspitas, las que no eran codiciadas por el conquistador, permaneció ajena a todos los cambios y progresos.
Desde el movimiento independiente, nuestros grandes caudillos han mostrado su preocupación por este sector olvidado. Lo mismo Hidalgo que Morelos, Juárez, uno de los más altos representantes de su raza; que Altamirano, el Nigromante, también de sangre indígena y pura, y luego, en la lucha contra la dictadura que brutalmente despojó a los indígenas, la voz de Carrillo Puerto clama por la justicia para ellos. No es casual que el Congreso de Pátzcuaro haya sido convocado durante la gestión presidencial del gran indigenista que fue Lázaro Cárdenas “Trata” Lázaro como le llamaron los indios.
El problema no es racial; numerosos casos demuestran que el indígena, situado en condiciones distintas a las que ancestralmente ha sufrido, es capaz de elevarse para alcanzar, en todos los órdenes, el mismo nivel que el blanco o el mestizo.
El problema es de carencias innúmeras; comunicaciones, tierras, modos de vida, educación, salubridad, justicia, sigue siendo, a más de 150 años de vida independiente de nuestra nación, el explotado, el humillado, el segregado, el discriminado; en fin, el mexicano más desvalido. A su situación se une el problema lingüístico que le hace vivir aislado en su propia partida.
Por eso se instituyó el Día del Indio, para hacer presente a todos los mexicanos, más de tres millones de hermanos nuestros, a los que hasta ahora se ha negado el derecho a sentarse en la mesa al lado de todos sus compatriotas.
Felizmente los gobiernos, principalmente a partir del período presidencial del general Cárdenas, han emprendido una labor coordinada en contra de esta injusticia, y ya se han logrado buenos resultados.
Ojalá que cada año la celebración del día del Indio ayude a que nuestros aborígenes “se conviertan realmente en ciudadanos de nuestra República, en este continente que marcha hacia una vida social más justa”.
