Petróleo

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Ezequiel Martínez Estrada

 

Otras tierras había, pobres,

donde el ganado absorto

languidecía, donde el grano

se quemaba de pronto.

Inútilmente allí

se sembraba el oro.

– Tierra maldita, tierra estéril,

decían algunos colonos.

– Tierra que bebe sangre y no produce,

calman, espantados, otros

que sepultaran allí

tiempos, fuerzas y oro.

Hasta que una vez entró en ellas

la sonda ruda, a torno,

y perforó hasta el sitio donde Dante

vio al demonio.

Allí estaban en sangre,

tiempo, fuerzas y Oto.

y se miró surgir, cual de una arteria

rota de un tajo a chorros,

un torrente de pasta que colmaba

los valle hondos.

Del corazón salía, espeso y negro,

oro, oro, oro.

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