José Leal
«Las armas son herramientas de mal augurio, causa aprensión ver a los hombres embarcarse en ellas sin la debida reflexión.»
Sun Tzu
Un reporte de Teal Group, citado por Grupo Reforrma y el Washington post (julio 5 de 2011), dice que la venta de vehículos aéreos nos tripulados o UAV’s por sus siglas en inglés -conocidos también como drones- «se duplicará en la próxima década, hasta alcanzar 94 mil millones de dólares, debido a que se han convertido en la rama más dinámica del sector de Defensa.»
La noticia no sorprende considerando las ventajas tácticas de dichos aparatos que, de acuerdo a los informes, están cambiando por completo la anatomía de la guerra posmoderna.
Los robots aéreos vienen en todos los tamaños y formas imaginables, y hacen posibles operaciones de muy alto riego sin exponer vidas humanas, por ejemplo en ambientes tóxicos, radiactivos o extremadamente hostiles, además pueden ser mucho más pequeños y sigilosos que cualquier aeronave tripulada, lo que facilita enormemente las tareas de reconocimiento e inteligencia. La efectividad demostrada por los drones, lo mismo en los combates de Irak y Afganistán que en operaciones de vigilancia fronteriza al sur de los Estados Unidos, han generado un auge en las ventas de esos aparatos que, de acuerdos a la las fuentes citadas, alcanzan ya a un mercados con más de cincuenta países compradores.
El arquitecto y escritor francés Paul Virilo explica como la modernidad ha incrementado la proporción de bajas civiles con respecto a aquellas de militares en la guerra de nuestros días. Señala, por ejemplo, que las amplias y bellas avenidas que distinguen a la cuidad de Paris, como la famosa Champs Élysées, fueron ideadas por Napoleón Bonaparte para masacrar a la población civil en caso de nuevas rebeliones. Según Virilio, la experiencia ganada durante la revolución Francesa, cuando las guardias de Luis XI fueron incapaces de controlar a un pueblo enardecido que se movilizaba con facilidad entre callejones, casuchas y pasadizos secretos, parece haber impulsado al Petite Caporal a realizar esas monumentales obras. El cuartel de Inválidos, ubicado en pleno centro de dicha capital, serviría para desplegar velozmente a sus ejércitos cuando la gente se amotinara en las majestuosas avenidas, haciendo más fácil la masacre y apaciguamiento del pueblo sublevado.
Desde los bombardeos en Guernica y la infame «guerra relámpago» de Adolf Hitler, que irrumpió en Europa después de la Primera Guerra Mundial, el incremento en la proporción de bajas civiles como efecto «colateral» de la guerra ha incrementado enormemente. El siglo XXI no ha sido mejor en ese sentido y tal parece que los estados están modificando sus criterios de seguridad, no en previsión de mayores conflictos internacionales, sino para contener «una guerra civil mundial sin paralelo con las locales de antaño,» según el sombrío vaticinio de Virilo, uno los más importantes pensadores contemporáneos. En el futuro, éstas y otras tecnologías permitirán a los estados vigilar cada uno de nuestros movimientos y desplegar rápidamente fuerzas represivas nunca antes vistas.
