Gabriel Leyva
Hace poco escribí sobre la necesidad de la imitación en la interacción humana y de los posibles costos de esta. La imitación sutil funciona como una especie de pegamento social en las relaciones humanas, fomentando la confianza entre dos personas. Dos personas que se agradan tienen a imitar los movimientos del otro inconscientemente, lo cual fortalécele su relación. Pero la imitación también puede tener sus costos. Dependiendo del estado mental de la persona que está siendo imitada, copiar el lenguaje corporal puede hacer que la gente se sienta amenazada. Ahora un nuevo estudio publicado en “Psychological Science” analiza otro de los costos potenciales de copiar los movimientos corporales de alguien, pero en este caso tiene que ver con cómo un tercero percibe la imitación.
Aunque existen numerosos estudios psicológicos que hablan sobre los beneficios de la mímica, Piotr Winkielman y Liam Kavanagh de la Universidad de California decidieron investigar como un observador percibe la imitación entre dos personas. Sus resultados sugieren que la imitación es más complicada de lo que creemos y de que contrario a lo que muchos creen la mímica no siempre es beneficiosa para el imitador. En el estudio que realizaron se les pedía a los participantes que estudiaran varias entrevistas que habían sido programadas y grabadas. Algunos vieron videos en los cuales el entrevistador era cordial mientras que otros vieron entrevistas en las que el mismo entrevistador era hostil. Las personas que estaban siendo entrevistadas o imitaban lenguaje corporal sutil como cruzar una pierna o no lo hacían. Después de ver cada video, los participantes evaluaban al entrevistado en competencia general, integridad, y simpatía.
A pesar de que a los participantes no se les pedía buscar imitación en las entrevistas y no reportaron estar conscientes de ella, aun así la mímica afecto sus evaluaciones. Los entrevistados que imitaban al entrevistador hostil eran considerados menos competentes que los que no lo hicieron. En otras palabras, en los ojos de los espectadores, los imitadores del modelo desagradable sufrían costos en su reputación. Inconscientemente percibieron la imitación como un error. Parece ser que de alguna manera juzgamos a alguien por tratar de crear confianza con una persona que percibimos como desagradable. En un segundo experimento los participantes eran expuestos a los mismos videos pero con el entrevistador oscurecido. Por lo tanto no podían ver ninguna evidencia de imitación, y los resultados apoyaron la hipótesis de los investigadores: no solamente tiene un costo social interactuar con alguien que es percibido negativamente, también tiene un costo alinearse con esa persona a través del lenguaje personal.
Interesantemente, un experimento adicional demostró que los costos de reputación de imitar a una persona poco amigable desparecían cuando los participantes leían información positiva sobre el investigador antes de ver las entrevistas. Esto demuestra que nuestras vidas sociales son extremadamente complejas, y es necesario tener la capacidad de tomar en cuenta numerosos factores antes de decidir cómo actuar. Es bueno tener la capacidad de imitar, pero una parte importante de la inteligencia social es saber cuándo usar esta capacidad de una manera selectiva, inteligente, y consciente del contexto. El problema con aserciones anteriores sobre los beneficios de la imitación es que no toman en cuenta el contexto de la situación, pero estos nuevos estudios nos han llevado a un entendimiento más profundo de esta parte tan compleja e interesante de la interacción humana.
