Indira Kempis
Hace algunas semanas una empresa dedicada a la construcción me regaló un reloj de arena pequeño que se puede pegar en el azulejo del baño. Lo giras para que cuente exactamente 5 minutos. Nunca me había puesto a contar el tiempo que estoy bajo la regadera hasta que hice el ejercicio y rutina de ver al reloj.
La primera vez fue decepcionante. Mi percepción por años me engañó. Pensaba que era de esas personas que no tardaban más de 5 minutos. Sin embargo, el primer “round” contra reloj se acabó casi a la mitad. No lo podía creer, necesitaba minutos más para terminar de bañarme. La segunda vez tampoco resultó exitosa, más porque comencé a entender que ese reloj me puso nerviosa para cumplir la meta de los escasos minutos.
Si la ducha es para relajarse, entonces, ¿por qué correr? Por una parte se puede pensar que no tendría por qué ser así. Sin embargo, el problema de la escasez de agua en el mundo es cada día un foco rojo en alerta no sólo con las implicaciones ambientales que de eso deriva, sino de las sociales, ¿se imagina un mundo sin agua? Bueno, pero quizá también podríamos pensar que mientras uno ahora 5 minutos en la regadera, ahí estará el vecino que no lo hace al “lavar” su auto con manguera o regar el jardín a las 12 del día.
Todo eso me pasó por la cabeza, pensando que el reloj más que un regalo benéfico parecía un embate a la conciencia. Lo dejé por algunos días, ahí pegado sin moverlo. Después de semanas y, de casi esquivarlo para no verlo, decidí voltearlo otra vez. Justo cuando eso sucede encontré este video-documental en Internet que comparto: http://www.youtube.com/watch?v=SWRHxh6XepM, si abre esta liga coincidirá conmigo que esos 5 minutos de ahorrar agua son tan valiosos como los grandes esfuerzos, que tampoco son demasiados, que se hacen desde los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil o los organismos internacionales.
La vida de la tierra que depende del agua está cada día más expuesta a los embates de la contaminación, el desperdicio e incorrecto aprovechamiento, producido por los seres humanos. Cuidar el agua debe ser más que el discurso de las campañas publicitarias. Si hacemos el “riguroso” método científico de contar los minutos al día que nos pasamos en la regadera, seguro se sorprenderá, como me pasó, porque usamos desperdiciamos más agua de la que imaginamos.
