Indira Kempis
Cuando sales de viaje a otra ciudad es común que el nuevo escenario sea casi fantástico. Como visitante en actitud de turista es fácil encantarse con las características que son propias del lugar. La curiosidad se despierta para caminar por las calles, ir a los museos, fijarse en cada detalle que normalmente en nuestros lugares de origen pasamos por alto. Todo parece, como al principio de cualquier relación, perfecto y hasta ideal.
Pasan los días y el amor idílico de una ciudad se puede apoderar de sus visitantes, ¿qué es lo que acaba con el encanto? Una de las principales cosas que están relacionadas con su imagen urbana es la baja calidad de los servicios que ofrece, la basura o los elevados precios para su mercado turístico. Sin embargo, hay un detalle que no se debería pasar por alto: cruzar las avenidas.
Eso es lo que ha pasado en mi estancia en algunas ciudades. Éste podría considerarse como un indicador de evaluación de una ciudad. Basta con pararse en la esquina de una calle para cruzar a la otra y comprender qué es lo que sucede con las reacciones tanto de los conductores como los peatones, ¿cuáles serán las diferencias entre una calle y otra, entre una ciudad y otra, entre una cultura y otra? Es una pregunta que me he hecho esta mañana al intentar hacerlo.
Lamentablemente, la falta de respeto a las señales de tránsito, la ausencia de cultura vial como la ausencia de consideración entre un grupo y otro causan estragos, también accidentes, incluso en ciudades que se consideran humanas y amables. Hace algunos meses, en mi primera visita a La Plata, en Argentina, había escrito un artículo analizando sus banquetas que son tan amplias que la gente las utiliza como espacio público.
En esta segunda visita entendí que tampoco lo había visto como un todo. Las aceras (banquetas) dividen a la calle, por tanto, para pasar de una a otra, como se hace en todas las ciudades hay que cruzar ese espacio que está destinado para los automóviles. Ahí un punto clave para la inseguridad, incomodidad y riesgo.
Sortear las calles de La Plata, aún cuando se puede caminar y usar la bicicleta, es casi como un juego de lotería. No es sencillo, a pesar de que de las avenidas no se comparan con las de una urbe de grandes dimensiones. No obstante, esos cruces son determinantes para la seguridad. No es posible caminar con comodidad si de repente se atraviesa un auto ni para el conductor del auto tener que esquivar peatones. Éste es un aspecto de la vialidad que se debe tomar en cuenta desde la planeación urbana, los reglamentos y la participación social. De otra forma, seguiremos teniendo en América Latina, ciudades inhumanas donde no se puede caminar “ni aquí ni en China”.
