Despegue para Santa Elena, la isla del fin del mundo

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(Versión de Félix Ramos Gamiño, con información de Courrier International).

Las autoridades del Reino Unido pretenden construir un aeropuerto en ese pequeño territorio, a fin de atraer turistas, franceses sobre todo, al lugar que fue testigo de los últimos años del Corso, Napoleón Bonaparte

En un reportaje de Courrier International, firmado por Michael Binyon, el semanario da a conocer los planes de la Gran Bretaña para construir un aeropuerto en la isla de Santa Elena, donde pasó los últimos años de su vida el que fuera emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte. Sería éste el primer paso británico para lograr el despegue turístico de esta desolada isla del Atlántico sur, uno de los más antiguos territorios ingleses de ultramar, y salvarla del olvido.

De acuerdo con el rotativo francés, el primer avión podría tocar tierra en la isla en el año 2015, dos siglos después del exilio que le fue impuesto a Napoleón, y donde habría de encontrar la muerte seis años más tarde.

He aquí algunos datos importantes sobre este aeropuerto, según la información publicada :

 

  • Tendrá un costo de 200 millones de libras esterlinas, equivalentes a 230 millones de euros.
  • Será para los cuatro mil “Santos“ (así se les llama a los habitantes de Santa Elena) su primer contacto directo con el mundo exterior.
  • Será el aeropuerto más caro, per cápita, jamás construido.
  • Podría llevar hasta unos 30 mil turistas por año a esta isla, única por su fauna, en contraste con los menos de mil que la visitan en la actualidad.
  • Santa Elena tendría así un proyecto de desarrollo, un porvenir, por primera ocasión, desde que los barcos de vela procedentes de la India dejaron de hacer escala ahí. Asimismo, el aeropuerto deberá reducir la dependencia que tiene la isla del apoyo presupuestal anual de la Gran Bretaña; es decir, 26 millones de libras esterlinas (30 millones de euros) en 2010, lo que hace de Santa Elena el más caro de los territorios británicos en ultramar. «Santa Elena es un territorio británico; por lo tanto, es normal que tratemos de encontrar el medio de asegurar su futuro a largo plazo. Este aeropuerto pondrá fin a decenios de decadencia“, indicó el ministro británico de Desarrollo.
  • Los retos técnicos son enormes. Santa Elena es una isla volcánica situada en aguas profundas, a mil 900 kilómetros de la costa africana. No tiene un puerto digno de este nombre, y posee un relieve muy montañoso, que será necesario allanar, para construir una pista de aterrizaje.
  • Todos los materiales tendrán que ser llevados por barcos que llegarán a un muelle construido precisamente para este fin. Basil Read, la empresa encargada de la operación, ha impuesto condiciones draconianas: la pista deberá ser corta, y tendrá que ser provista, en su extremo, de una barrera de seguridad, como ocurre en los portaaviones. Basil Read recibirá 35 millones de libras esterlinas (40 millones de euros) por el funcionamiento del aeropuerto en los dos primeros años. El gobierno de Santa Elena tendrá que aprovechar esta situación para abrir la isla a las inversiones y al turismo.

 

Según la información de Courrier International, el aislamiento del territorio ha tenido graves consecuencias. Los jóvenes emigran cada vez en mayor número y la isla y la economía están en bancarrota. El ingreso promedio de los habitantes ha caído a un poco más de cuatro mil libras (alrededor de cinco mil euros) anuales. A menos de exiliar a toda la población, no hay medio alguno de poner freno a esta debacle. En la actualidad, el viejo barco que da vida a la isla tarda tres semanas en hacer un circuito que pasa por África del Sur o la Isla de la Ascensión; no puede transportar más de 950 turistas por año, y pronto tendrá que ser desechado.

Si el aeropuerto abre en 2015, para el bicentenario de la Batalla de Waterloo, Santa Elena puede –señala la información- esperar la llegada de una oleada de turistas franceses, ansiosos por ver la casa en que vivió Napoleón –Longwood House- y la tumba en que fue sepultado su cuerpo, antes de ser cambiado a Los Inválidos, en 1840.

La reina Victoria regaló la casa y la tumba a Francia, y quien se ocupa de ella es un conservador francés.

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