Fábula del pobre y el rico

Spread the love

Sin autor conocido

A propósito de los afanes a que nos sometemos unas veces voluntariamente y otras, en forma  inconsciente tratando de alcanzar  fortuna, fama, prosperidad y poder, se me ocurre  reflexionar sobre el tema, en un relato ficticio, pero que pudo haber ocurrido en cualquier lugar, quizá en la carretera de mi pueblo, Villaldama,  y dice así.

Un día, a la orilla de la carretera, se detuvo un hombre rico que había decidido descansar y conducir personalmente su automóvil  sin rumbo definido. Bajó la velocidad de  su auto y entró por un camino vecinal, disfrutando del paisaje que le parecía hermoso, el paraje estaba tranquilo y decidió tomar algunas fotografías tratando de captar los árboles y las montañas, un molino de viento y el camino de tierra por el que se veía venir un carrito de madera tirado por un burrito y un lugareño conduciendo con paciencia el averiado y rudimentario medio de transporte.

En breve tiempo el hombre pobre montado en el humilde carrito de madera llegó hasta donde el rico había estacionado su lujoso automóvil. El lugareño llevaba como carga algunos elotes tiernos, pepinos, calabazas y jitomates.

-Buenos días, dijo el hombre rico.

-Buenos días, le contestó el hombre pobre.

-¿De dónde vienes?

-Pos de aquí cerquita, de la milpa, y voy pal jacal, con mi mujer y los chamacos que ya no tardan en volver de la escuela. Y usté,  ¿que anda haciendo?

-Nada, yo tengo varias empresas, pero hoy agarré el automóvil y me salí sin rumbo, tampoco sé exactamente a donde voy ni cuándo regresaré a la oficina.

-¿Pos que no va a comer a su casa, patrón?

-Casi nunca, siempre como con altos ejecutivos de otras compañías.

-¿Qué llevas en el carrito? Preguntó el rico.

-Unas verduritas pa preparar la comida de la semana., contestó el pobre.

-¿Me dejas verlas?

-¡Claro! Si quiere puede llevarse una bolsita, ahí traigo una de la tienda de don Chon, está limpia, no le tenga asco.

El hombre rico le tomó la palabra y metió en la bolsita dos elotes, un pepino, una calabacita y dos jitomates.

-En verdad que tienes buenas verduras ¿Cuánto tiempo te llevó cosecharlas? dijo el rico.

-Pos un tiempito, pero pos no tiene chiste, yo nomás dejo caer las semillitas en la tierra y Diosito hace lo demás, siempre me manda alguna agüita y no deja que los cuervos se coman mis plantitas. Ora que si usté pregunta cuánto rato me llevo en recogerlas, pos casi nada, a lo mucho una hora.

El hombre rico, le dijo:

-¿Sabes que si le dedicaras más tiempo y más trabajo a la milpa tu cosecha sería abundante, llenarías muchas cajas y las venderías en la ciudad?  Yo te ayudaría, tendrías camiones y empleados,  ganarías mucho dinero, y bueno, pues algo me quedaría a mí también. Fíjate, con mis estudios en el extranjero, mi dinero y mi experiencia, pronto serías un hombre rico, trabajando duro podrías luego darte la gran vida, hacer lo que quisieras.

¿Y eso como cuántos años me llevaría?, preguntó el pobre.

Pues si todo va bien, unos quince años, ¡anímate!  Trabaja duro y luego… a descansar, a estar con la familia, a disfrutar la vida.

Pero si eso es lo que hago ahora patrón.

Es que no me entiendes, dijo el hombre rico, te repito que si trabajas mucho podrás vivir mejor, tu familia comerá bien, te divertirás… a ver dime ¿qué haces después de que descargas la verdura del carrito?

Pos le ayudo un rato a mi mujer a meter unos marranitos  y una gallinas al corral y limpiamos entre los dos el patio, mientras llegan los chamacos de la escuela; luego comemos un caldo de verduras, una carnita y eso sí, hartas tortillas, una buena salsa y una jarra de agua fresca que hace mi mujer con las frutas o algún té de yerbas de por acá. En la tarde, dormimos un poco, luego cuidamos que los animalitos estén completos, no sea que se nos haya juido alguno, pero no, eso casi nunca sucede. Ya oscureciendo, pos cenamos, alzamos la cocina, sacamos unas mecedoras al patio y me pongo a tocar la guitarra, nos echamos unas canciones, porque eso sí, todos somos muy entonados, los chamacos también cantan, luego mi vieja les cuenta algunas historias de Dios y de la virgen, rezamos y nos vamos a dormir, nunca nos desvelamos, porque en la mañana temprano, todos volvemos a vivir así.

No seas testarudo, insistió el hombre rico -¿Entonces qué? ¿Te animas a sembrar más y hacerte rico?

No, patrón, contestó el hombre pobre. Mejor déjeme así, pa que invierto tantos años trabajando tan duro como usté dice, pa terminar haciendo lo que ahora ya hago: comer bien, dormir mi siesta, estar con mi mujer y con mis hijos, y rezarle a Dios. Si serán brutos ustedes los ricos, tanto fregarse pa terminar con que ahora si van a hacer lo que siempre soñaron, y pa entonces, ya están bien locos, ya ni se acuerdan que era lo que querían, mire yo no fui a estudiar al extranjero, y no soy experto en nada, pero si le sirve, agarre este consejo patrón: No desperdicie su vida buscando la felicidá donde no está, la felicidá la lleva uno adentro, y es bien simple darse cuenta que ahí está, nomás agárrele amor a lo que Dios le dio y no ande como los marranos “trompiando en la humedad”, buscando lo que no ha perdido y en el terreno equivocado… ¡ah que mi patrón!, ya no se afane tanto por mí, mire, usté anda sólo y no sabe ni pa donde va, yo en cambio tengo muy claro de dónde vengo y a dónde mi dirijo, por eso yo y mi burrito, ni sufrimos ni nos acongojamos.

Ándele, agarre otros dos elotitos! Al cabo en la casa de usté siempre hay comida pa un peregrino.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love