La ansiedad hacia postres y comida chatarra…adictivos como cocaína.

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Rodrigo Soto

Nunca he sido muy adepto a la ingesta de postres, aunque no niego que me agrada el incorporar algo de azúcar a mi dieta, sobre todo bajo la premisa de que la glucosa es alimento neuronal. Por lo anterior, me ha resultado interesante observar, cuando estoy en algún restaurante, como los individuos con los que comparto mesa o aquellas en las inmediaciones del lugar, se apresuran a terminar sus platillos principales para proceder a solicitar la carta de postres y pedir lo conducente.

Sin embargo, lo curioso reside en que algunas personas que piden ese postre, para saciar su aparente hambre, denotan una especie de ansiedad cuando les llega, similar tal vez a lo que sucede con un niño menor a un año cuando llora para solicitar su leche y se calma al tener la mamila en la boca.

En este tenor, me encontré información importante en el sitio de bloomberg, específicamente en el escrito de Robert Langreth y Duane Stanford, titulado: “Fatty Foods Addictive Like Cocaine in Growing Body of Scientific Research”.

La tesis de este escrito es la siguiente: la comida chatarra y las bebidas azucaradas no solamente son en parte responsables del sobrepeso y obesidad en el mundo, sino que también pueden hacer al cerebro adicto a estos sabores, de igual forma que lo hace la nicotina, la cocaína u otras drogas similares. Incluso algunos estudios de escaneo cerebral revelan que los obesos y los comedores compulsivos muestran disturbios en su sistema de recompensa similar a lo que sucede con los consumidores de droga.

A nivel mundial el sobrepeso y la obesidad representan una carga colosal para los presupuestos médicos, causando graves problemas a la población mundial. Para comprender un poco mejor este mercado, tenemos que según información de la Organización Mundial de la Salud, tenemos lo siguiente:

–          Desde 1980, la obesidad se ha más que doblado en todo el mundo.

–          En 2008, 1500 millones de adultos (de 20 y más años) tenían sobrepeso. Dentro de este grupo, más de 200 millones de hombres y cerca de 300 millones de mujeres eran obesos.

–          El 65% de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad se cobran más vidas de personas que la insuficiencia ponderal.

–          En 2010, alrededor de 43 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso.

Hablando en específico del caso de México, la información de CNN es impactante, pues se habla que del mercado de 1,200 millones de personas que sufren obesidad, 70 millones son mexicanos (obesos y con sobrepeso), según lo obtenido también por la OMS. Este problema se estima que genera costos a México por al menos 150,000 millones de pesos en los siguientes 10 años, además de generar costos indirectos por 23,000 millones anuales, según información del Doctor José Ángel Córdova Villalobos, Secretario de Salud de México.

Como lo sabemos, pero lo remarca la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México se encuentra en el primer lugar en sobrepeso y obesidad, pues las cifras del estudio titulado y publicado esta misma organización: “La obesidad y la economía de la prevención”, se advierte que nuestro país debe actuar para detener esta epidemia, ya que 70% de los mexicanos tienen sobrepeso y 30% obesidad. Este mal también aqueja a los pequeños, pues los datos de CNN muestran que más de 4 millones de niños de entre 5 y 11 años la padecen.

Si aunado a todo lo descrito le agregamos que en verdad las grasas de la comida chatarra, el azúcar y la fructuosa de las bebidas, así como la grasa y endulzante de ciertos postres, poseen características adictivas similares a lo que sucede en el cerebro con las descargas de dopamina y fijación neuronal por la activación del sistema de recompensa, estimulado por una droga como cocaína, entonces el problema se potencia.

El escrito de Langreth y Stanford señala que el azúcar y la grasa siempre han estado presentes en la dieta de los seres humanos y que nuestro cuerpo está diseñado para procesarlas, pero el problema se presenta cuando en el procesamiento de los alimentos se les añaden altas cantidades de azúcar, grasas malas y harinas, además de que el alto consumo de todo esto deriva en la mencionada obesidad y el sobrepeso.

Para el doctor David Ludwig, investigador de Harvard, los alimentos altamente procesados causan picos y declives en la ingesta de azúcar en la sangre, logrando la ansiedad, para volver a incorporar esa azúcar al cuerpo. Es así que Langreth y Stanford comentan que la constante estimulación de nuestro cerebro con alimentos cargados de calorías y grasas procesadas, desensibiliza el circuito cerebral, invitando a que las personas tengan que consumir mayores cantidades de alimentos chatarra para mantener su estado de placer ligado a la dopamina.

Para corroborar lo descrito en las líneas de arriba, Langreth y Stanford hablan sobre un estudio realizado en el 2010, dentro de la Universidad de Texas, donde se estudió con resonancia magnética a 26 mujeres con sobrepeso cuando sorbían una malteada con helado de Haagen Dazs y chocolate Hershey´s, para determinar las partes del cerebro que se activaban. Posteriormente, a las mismas 26 mujeres, se les volvió a analizar 6 meses después y se descubrió que aquellas que ganaron peso mostraron reducida actividad en el cuerpo o núcleo estriado, que es un región de cerebro que procesa la recompensa, esto claro cuando sorbían de nuevo la misma preparación de malteada.

Además, en otros estudios similares, pero en esta ocasión se proyectaban fotos de malteadas a ciertas personas y se les examinaba su cerebro mediante imagen de resonancia, se pudo observar que se prendían las mismas regiones que logran la hiperactividad de un alcohólico cuando está a punto de recibir su trago, mostrando entonces claros síntomas de adicción.

En otro estudio de la Universidad de Princeton, se buscó identificar si las ratas podían hacerse adictas a una solución de agua con un 10% de azúcar, haciendo un símil a lo que contiene un refresco embotellado o enlatado. Esa solución se les permita durante todo el día, dando como resultado que las ratas subieran de peso y que cuando se les bloqueaba la sensación de azúcar con otra droga, éstas mostraban claros signos de ansiedad y estrés, así como temblores por la falta de la misma, como si fueran adictas, según dice Bartley Hoebel.

Aunque lo más impresionante vino cuando en un experimento en Francia, en el 2007, según datos de Serge Ahmed, neurocientífico de la Universidad de Bordeaux, demostró que las ratas al ser expuestas a tomar agua con sacarina, preferían la misma en comparación a tener cocaína disponible. En resumidas cuentas su adicción al dulce de la sacarina era más fuerte que la adicción causada por la droga prohibida.

De acuerdo a lo aquí descrito, es muy interesante remarcar que si bien es cierto que consideramos a la ingesta de comida en exceso como una adicción, los datos anteriores le dan mucho mayor sustento a la capacidad que tienen las grasas procesadas y los azúcares en bebidas, de atrapar al cerebro en un ciclo adictivo, además de que al consumir estos productos de grasa chatarra y azucarados, lesionamos de cierta forma nuestro sistema de recompensa y es por ello que para obtener el mimos placer de la ingesta de esa comida, requerimos aumentar la cantidad del mismo y de ahí que venga sin lugar a dudas el sobrepeso o la temible obesidad, pero resultando todavía más preocupante si la adicción y fijación de disparo neuronal correspondiente es similar a lo producido por drogas fuertes como la cocaína.

Para finalizar quiero puntualizar dos cosas. La primera es que de acuerdo a diversos estudios, como lo descrito por Nikhil Swaminathan, en su artículo de Scientific American titulado “A Lean Gen for Low Cal Longevity”, se demuestra que una dieta correcta, así como la restricción, en la cantidad de calorías requeridas ayuda directamente a aumentar la esperanza de vida.

Mientras que por otro lado The Lancet señaló recientemente, en un estudio en 2009 en el cual incluyó a 900,000 personas, encontró que la obesidad moderada reduce la esperanza de vida entre 2 a 4 años y la obesidad severa la reduce hasta en 10 años. Pensemos antes de caer en un círculo, sin retorno, vicioso de la adicción de la comida chatarra y los postres.

2 thoughts on “La ansiedad hacia postres y comida chatarra…adictivos como cocaína.

  1. Muy gráfico el texto. Pone los puntos de alarma donde deben estar. Destaca estudios que respaldan la tesis sustentada. Llama la atención al lector de un SEVERO problema de salud, que no solo atañe a las personas en particular, sino al Estado, por tratarse de una cuestión de salud pública, veáse la referencia a los costos que la obesidad ocasiona. Felicitaciones al autor.

  2. Estimado Licenciado,

    Le agradezco sus comentarios y le mando un fuerte abrazo.

    Esperamos pronto sus colaboraciones para enriquecer este medio electrónico.

    Saludos.

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