Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez
Coordinadora del Centro de Investigaciones FCC / UANL
Con el arribo de la reproducción asistida, los siglos XX y XXI marcan profundos cambios en los paradigmas del ejercicio de la medicina, del derecho y de la sociedad. Las investigaciones clínicas y farmacológicas, nunca como ahora han sido objeto de revisiones en su quehacer profesional por parte de leyes y reglamentos éticos que el Estado y la comunidad demandan, para no afectar los derechos del individuo y de las familias.
El concepto de familia, definido como una comunidad de personas que constituyen la célula social más pequeña, reconocida en su identidad y aceptada en su naturaleza de sujeto social, está íntimamente relacionado con los derechos humanos que todo hombre y mujer tienen para llegar a una procreación responsable, independientemente de si este proceso es natural o asistido.
Por ello, con el surgimiento de la técnica de reproducción asistida, las legislaciones de casi todos los países integraron comités de ética, conceptualizados hoy bajo la modernidad de “bioética”, donde el nacimiento de nuevas disciplinas, técnicas y tecnologías además del descubrimiento de tratamientos inimaginables hace 50 años, se insertan en marcos culturales, filosóficos, sociales y económicos, en los cuales deben circunscribirse los usuarios y los prestadores de servicios de salud.
AVANCES E IMPACTOS
A través de dichos comités, se propone una metodología filosófica, democrática y pluralista, donde se analizan los avances e impactos que los descubrimientos en las disciplinas biológicas tienen en la salud de los hombres y mujeres de nuestro tiempo -y en sus familias-, desde cuatro esquemas fundamentales: justicia, autonomía, beneficios o daños.
Hoy, en las universidades en que se forma a los profesionales de la salud, la curricula de los estudiantes incluye la enseñanza de la bioética como una disciplina que trasciende a los laboratorios o las situaciones particulares, para adentrarse en las legislaciones locales, nacionales e internacionales, y como un eje imprescindible en las instituciones sanitarias de las naciones y en los laboratorios de los emporios farmacéuticos.
México, no es ajeno a este esquema, y tiene, en el Consejo de Salud y Seguridad Social, un proyecto integral en bioética, que, en medio de una sociedad del conocimiento que el país forja, busca equilibrios entre lo científicamente posible y lo éticamente aceptable.
Este equilibrio entre ciencia y ética es justamente el punto central en que la reproducción asistida opera en México, tanto en instituciones de salud pública como privadas, para dar a las familias la oportunidad de generar nuevos ciudadanos, bien sea por inseminación artificial conyugal o por inseminación artificial con donante.
Para la ciencia, esto es un logro; para las mujeres y hombres con problemas para concebir o engendrar, una esperanza; para las familias, la oportunidad de ejercer su derecho a una procreación responsable.
