Sin autor conocido
El muchacho de unos catorce años de edad se acomidió a llevar un paquete que se le iba cayendo a su padre de las manos, pero como era bastante torpe, lo soltó rompiendo su contenido.
¡Eres un animal! ¡Tan grandote y ni siquiera sabes agarrar fuerte un paquete! ¡Todo se te cae de las manos! Gritaba enfurecido el papá.
El muchacho, se quedó callado unos segundos, tomó aire y le replicó a su padre, en tono más moderado que el que se había usado contra él.
No papá, no es que sea un animal, ni tampoco soy un inútil. Torpe sí, la verdad si soy torpe, pero es que en los catorce años que llevo viviendo a tu lado se te olvidó enseñarme a sujetar un paquete. ¿Alguna vez contaste conmigo para hacer algo?, ¿Cuándo me permitiste cuidar a mi hermana menor?, ¿Cuándo me permitiste ayudarte a lavar el carro los domingos?, ¿Alguna vez te ayudé a limpiar el jardín?, ¡Vamos, ni siquiera me dejan recoger mi plato de la mesa!, ¡Jamás supe cómo se lustraban los zapatos!, ¿Por qué ni siquiera me dejan ir a traer los refrescos a la tienda de la esquina?
Mi mamá casi se infarta el día que le dije que quería trabajar aunque fuera envolviendo paquetes, cuidando carros o vendiendo golosinas en el barrio y tú, tú papá, recuerda lo que dijiste: ¡mi hijo no tiene necesidad de nada, para eso tiene a su padre que trabaja!
Yo no hablaba de necesidad económica, yo hablaba de necesidad de ser yo, de probarme que podía hacer lo que todos mis amigos, yo sólo quería crecer y desarrollarme como todos los demás, precisamente ¡para no ser un animal, ni un inútil! Aún es tiempo papá, aún puedo ir por la leche, recoger a mi hermanita en la primaria, hacerte algunos mandados, tal vez, depositarte en el banco y hacerte algunos pagos ¿Por qué no te arriesgas? ¡Déjame ser!
Mamá tampoco me ha dejado nunca llevar nada en la mano, desde antes que lo tome ya está gritando ¡Cuidado hijito, se te va a caer! ¡Déjalo mi rey, yo lo hago por ti! Por eso con catorce años a cuestas, no sé llevar un paquete, pero además, tampoco sé muchas otras cosas que ya saben mis amigos, pero algunas no me preocupan pues si pongo atención y estudio se que las aprenderé. Lo que no sé es por qué no me dejan ser y crecer, vivir, caerme, tropezar, golpearme, rodar, rasparme como todos, un poco de sangre, una vendas y merthiolate hasta como que me harían sentir más importante.
Tienes razón, soy un inútil, no sirvo para nada. Mis amigos si son importantes, ellos tienen la confianza de los maestros, a unos les encargan el orden del salón, otro es el representante del grupo, una muchacha ayuda a revisar los exámenes a la maestra de Historia, hay otros que hasta los manda llamar el Director para que digan el discurso en la asamblea o para que representen a la escuela en las competencias.
Esta semana se formaron comisiones de: limpieza, orden, ahorro del agua, prevención de accidentes, cuidado de los menores, vigilancia en las bardas para que no entren o salgan los más bravos. En todas las comisiones yo levanté la mano para que me tomaran en cuenta, yo quería participar, pero sabes qué: efectivamente soy un inútil, no sirvo para nada, nadie me eligió, ni siquiera tú, recuerda que fui yo el que quise ayudarte con el paquete y ya ves, ni siquiera eso sé hacer. Pero aún te quedan dos hijos papá, hay dos pequeños en la casa, a ellos, por favor papá, por favor mamá, enséñenlos a recoger su plato de la mesa, a guardar en orden sus libros, a limpiar la casa, estoy seguro que si ahora llevan pequeños paquetes, después podrán llevar las riendas de su propia vida, y nunca, nunca será unos inútiles y unos animales como yo.
