Doctor Raúl Garza Garza
Presidente del Instituto de Investigaciones en Bioética, AC
Director de Ética Organizacional y Bioética
Grupo Christus Muguerza
rgarza@christusmuguerza.com.mx
Uno de los mayores bienes de la humanidad es la posibilidad de transmitir la vida. Este valor tiene su acción más perfecta en el amor de la pareja; a nadie puede extrañar que el hombre, con todos los medios a su alcance, trate de vencer las dificultades que se presentan en el terreno de la procreación.
La ciencia y la técnica médicas son recibidas positivamente cuando ayudan a la especie humana. En el campo de la reproducción, sin embargo, existen en la actualidad, para favorecer la transmisión de la vida humana, un conjunto de intervenciones médicas de tal magnitud, que suscitan múltiples interrogantes: ¿Merece la pena favorecer tales intervenciones? ¿Es la ciencia el único criterio en el progreso humano? ¿Todo lo que tecnológicamente puede hacerse, es conveniente hacerlo moralmente?
La esterilidad es algo negativo, una carencia no únicamente en el plano biológico; tiene repercusiones en la vida de la pareja y en la vida social. Más del diez por ciento de las parejas humanas tienen problemas serios de infertilidad, por lo que todos los esfuerzos encaminados a vencer esta dificultad son, en principio, dignos de elogio.
La fecundidad no se puede enfatizar como la única finalidad de la pareja; cuando la procreación no es posible, no por eso pierde valor la vida conyugal, pues existen alternativas como la adopción, que puede ser un modo de suplir la carencia de fecundidad biológica; en otros casos, la entrega más plena como pareja, un trabajo noble o un servicio social son alternativas válidas a la infertilidad, por lo que las técnicas de reproducción asistida no se tienen que considerar como la única opción.
EXIGENCIAS ÉTICAS
La pareja que trata de vencer las dificultades de la infertilidad, debe ser animada y apoyada por todos; sin embargo, se presentan algunas exigencias éticas que han de ser respetadas en esa búsqueda por tener hijos, pues no existe un derecho ilimitado de todo ser humano a transmitir la vida por cualquier medio y a cualquier precio.
El principal límite ético es el valor que tiene en sí el hijo que se busca; el hijo no es un bien útil que sirve para satisfacer las necesidades; más bien es un valor en sí mismo; la gratitud y no la utilidad es la ley en la transmisión de la vida humana. La paternidad/maternidad la entendemos dentro de una realidad de la pareja, que se realiza en el ámbito del matrimonio; una fecundidad al margen de éste es una fuente de contravalores personales y sociales; las intervenciones para vencer la esterilidad han de ser pensadas en relación con la pareja humana, que se realiza dentro del matrimonio.
La recta comprensión de la procreación humana tiene en cuenta los límites de lo humano, asume las carencias de la naturaleza, si bien lucha por vencerlas cuando la expectativa de éxito es razonable; la transmisión de la vida humana ha de ser un ejercicio libre y responsable, pero en el fondo de su realidad es una participación en el don de la creación.
ASPECTOS SOCIALES
Las prácticas de reproducción asistida implican un conjunto de aspectos sociales, entre los cuales sobresalen los siguientes:
1) Aspectos económicos, que han de ser considerados dentro de las prioridades del sistema sanitario asistencial.
2) Aspectos culturales: la repercusión en los conceptos de procreación, de familia, de sociedad, etcétera.
3) Aspectos científicos: la ciencia no es el valor mayor, y no necesariamente es fuente de moralidad.
4) Sistemas ideológicos: de hecho, toda valoración supone aceptación o rechazo de un determinado sistema ideológico.
Es necesario también tomar en cuenta la moralidad de la acción con que se lleva a cabo la intervención humana para impedir la esterilidad: por la argumentación deontológica, se considera la acción en sí misma y se le valora en relación con una norma fija y universal que se expresa mediante la categoría de orden natural; la argumentación teleológica toma en cuenta, además de la materialidad de la acción, los restantes significados que lleva consigo la intervención humana: consecuencias, finalidades, circunstancias, etcétera.
En cuanto a los aspectos psicológicos, algunos prestan atención a esta cuestión y exigen disponibilidad de servicios de asesoramiento para las personas que buscan la ayuda de estas técnicas. La infertilidad de una pareja con frecuencia incide en varios sentidos: la propia imagen puede verse deteriorada y su relación con el cónyuge se ve influida negativamente; las expectativas sociales sobre la pareja, en ciertos medios familiares, pueden contribuir a suscitar tensiones; por lo tanto, se ha de tener en cuenta cómo las parejas infértiles vivencian su infertilidad.
INVESTIGACIÓN Y TRATAMIENTO
Durante la investigación de las causas de esterilidad y a lo largo del tratamiento, han de someterse a pruebas y análisis que representan una fuerte presencia médica en la intimidad de la pareja; consecuentemente, durante ese tiempo, los dos se concentran más en la fecundidad que en la relación de pareja.
Aparece también la importancia de atender la dimensión psicológica, sobre todo en el caso de donaciones de gametos, donde, aun estando envueltas en el anonimato, las repercusiones son muy posibles y posteriormente se pueden acrecentar en el hijo así concebido; no es exagerar el temor ante ello, sino no caer en la inconsciencia ante la eventualidad de que los problemas surjan.
En el campo del derecho, hay situaciones de derecho administrativo (autorización de centros para la práctica de estas técnicas, secreto y anonimato, conservación de datos, políticas sobre la obtención de gametos, sobre la información, etcétera); de derecho civil (en materia de contratos de maternidad, de paternidad, de filiación, de testamentos y sucesiones, etcétera), y de derecho penal.
Sobre las personas con acceso legal a estos procedimientos, no existen dificultades para los matrimonios o parejas heterosexuales estables o en situaciones análogas al matrimonio. La atención se fija en precisar las condiciones de los disponentes y de las disposiciones, para que esto suceda dentro de un marco lo más humano posible, y clarificar las situaciones, con el fin de evitar conflictos; las disposiciones principales se refieren a gratuidad, irrevocabilidad, limitación en el número, anonimato, consentimiento informado, condiciones de salud, etcétera.
ENFOQUES MORALES
Al verse afectadas algunas realidades humanas básicas, y dado el rápido avance y extensión de dichas técnicas, sería deseable poseer, en breve plazo, la mayor claridad posible; para nadie es nuevo que, en una sociedad plural como la nuestra, existen enfoques morales diferentes, cuyo eco se hace sentir a veces dentro de la misma forma de proceder y de actuar, por lo que la manera de actuar y de enfocar la situación debe ser con propuestas firmes y bien definidas.
Se pueden tomar como punto de partida los derechos e intereses de los sujetos afectados: los que desean el hijo por estos métodos, los disponentes, los profesionistas involucrados, los seres originados por dichas técnicas, los intereses de la sociedad, etcétera; otro enfoque sería situarse en los valores en juego: esterilidad, fecundidad, libertad de comportamiento reproductivo, dignidad de la reproducción humana, dignidad del hijo, el matrimonio como marco adecuado de la procreación, el valor de la vida humana en sí misma, etcétera.
LA INSEMINACIÓN ARTIFICIAL
Los tipos de inseminación, desde el punto de vista moral, son: inseminación fuera del matrimonio (una mujer soltera que desea tener un hijo, pero no esposo); inseminación de una mujer casada con semen de su pareja, e inseminación de una mujer casada con semen de un disponente.
La práctica de la inseminación no puede ser considerada en forma biológica y médica exclusivamente, dejando a un lado el aspecto moral y el jurídico; sólo la pareja tiene derecho recíproco sobre sus cuerpos, para engendrar un nuevo ser, y ese derecho es exclusivo, imposible de ceder e inalienable. Entre el esposo y el «hijo» fruto del semen de un disponente, aunque el esposo haya consentido, no existe ningún lazo de origen, ninguna ligadura moral o jurídica.
El simple hecho de que el resultado al cual se aspira se obtenga por este camino, no justifica el empleo del medio mismo; ni el deseo, en sí muy legítimo, de los esposos de tener un hijo, basta para probar la legitimidad del recurso. Hay que ser muy reservados con respecto a los nuevos métodos de reproducción, y así como moralmente no se prohíbe por necesidad el empleo de ciertos medios artificiales, se establece que la inseminación artificial con semen de disponente es contraria a la unidad del matrimonio, a la dignidad de los esposos, a la vocación propia de padres y al derecho de los hijos a ser concebidos y nacer dentro de un matrimonio.
Una visión lúcida no ha de dejarse guiar ciegamente por sentimientos en sí nobles; si examinamos las consecuencias globales de estas prácticas, la realidad parece más compleja: los efectos negativos, las consecuencias no deseables para el hijo y para la pareja son múltiples.
RECHAZO A LA INSEMINACIÓN CON SEMEN DE DONADOR
La mayoría de los moralistas sigue descartando la inseminación con semen de donador: «todo ser humano que viene a la vida debe ser engendrado en una relación de amor de dos personas, de sexo diverso, ligadas por un vínculo legal; si no es así, se desvirtúa el sentido de la maternidad/paternidad humanas, trae problemas jurídicos y sobre todo psicológicos, pues una desigualdad en la relación madre/padre/hijo, lesiona el principio básico de la familia, amenaza los fundamentos de lo humano y afronta al médico con exigencias radicales y excesivas.
Sporken coloca el problema moral de la inseminación homóloga en el bien y en la dignidad del matrimonio y no en los aspectos biológicos del problema: «si la inseminación artificial, por medio del semen del propio marido, es lícita o no, es algo que no depende de las medidas adoptadas en el campo biológico, sino de la situación especial del matrimonio; es decir, depende de que los cónyuges puedan superarlo psíquicamente y de que en ello se tenga en cuenta suficiente el bien de los hijos que hayan de nacer».
FECUNDACIÓN IN VITRO Y TRANSFERENCIA DE EMBRIONES FIVTE
La novedad que aporta la FIVTE, es que no trabaja simplemente con gametos, sino con embriones, con una vida humana que ha iniciado su curso fuera del cuerpo humano y que puede sufrir ciertos riesgos. La FIVTE nos sitúa, por lo tanto, ante la exigencia del respeto a la vida humana en su comienzo, pues los datos fidedignos nos obligan a admitir que la gran mayoría de estas vidas se truncan pronto.
En el caso de la FIVTE, no se puede aplicar el principio de lo voluntario indirecto, porque la condición esencial de su aplicabilidad es que la acción directamente pretendida sea la lícita y el efecto negativo sea el indirecto y, además, que el efecto negativo no constituya el medio para lograr el efecto positivo. En la FIVTE, el efecto negativo (pérdida y desperdicio de embriones por su exceso de producción) es medio y condición para obtener el efecto considerado como positivo, y que es conseguido con relativa poca frecuencia (30 por ciento) en las mejores instituciones.
La finalidad perseguida por la FIVTE tiene las siguientes posibilidades: puede buscarse la fecundación in vitro por finalidades puramente científicas; sin embargo, la finalidad más importante es la que se concreta en lograr el nacimiento de seres humanos, venciendo las dificultades que origina la infertilidad.
En el discernimiento moral, es necesario tener en cuenta el horizonte axiológico y añadir estos criterios: la cualidad específicamente humana del embrión, criterio que ha de orientar todas y cada una de las acciones técnicas a fin de que respeten el valor fundamental de la dignidad humana; o sea, una referencia normativa para la manipulación, congelación, selección (en fecundación múltiple) y pérdida (rechazo a la implantación o aborto después de ella) de embriones humanos; y como otro criterio, los peligros para el nuevo ser engendrado: toda intervención humana tiene un límite y un criterio orientador hacia el bienestar del individuo humano al que se refiere dicha intervención.
Entre las orientaciones morales concretas se encuentran:
a) Rechazo ético del uso de las técnicas de FIVTE fuera del matrimonio, pues no puede ser admitida moralmente en el caso de mujeres solas (solteras, separadas, divorciadas o viudas) o en el caso de parejas no casadas (heterosexuales u homosexuales).
b) Negativa ética a la maternidad sustitutiva o de alquiler: no son aceptables moralmente todas aquellas formas de gestación artificial en las que el útero normal es sustituido por otro.
c) La fecundación artificial dentro del matrimonio para vencer la esterilidad: hay que decir que el tema merece una consideración detallada y que se tengan en cuenta muchos factores (médicos, jurídicos, morales, etcétera); en la vertiente moral del problema se cree que la valoración ética es similar a la que se hace con respecto a la inseminación artificial, aunque con la modalidad de la fecundación en el laboratorio. Para valorar la fecundación artificial plenamente homóloga, existen los siguientes criterios básicos: la posibilidad de riesgos del ser por nacer, el rechazo y la consiguiente pérdida de embriones; el equilibrio entre el «derecho al hijo» y otros bienes individuales, familiares y sociales (las consecuencias culturales y las prioridades de atención sanitaria en cuanto a la utilización de recursos) y la aceptación del fracaso razonable de los intentos de una técnica que no es perfecta y que es costosa y, sobre todo, no inocua.
Es necesario decir no a las actuaciones manipulativas sobre el embrión; o sea, a las prácticas de experimentación que pueden dañar o destruir el embrión, que suponen un retraso en su implantación y que no miran el bien del embrión en cuanto tal; a las prácticas de mera observación científica, sin referencia directa al beneficio del embrión y con el consiguiente retraso o anulación de su implantación; a la congelación y almacenamiento de embriones humanos, sin referencia a una implantación inmediata y sucesiva en el útero de la propia madre; y al cultivo indiscriminado de embriones, para después de una selección meramente técnica, transferir e implantar los más aptos.

