Niccolo Paganini

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Sin autor conocido

Algunos decían que era muy raro. Otros, que era sobrenatural. Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, por eso nadie quería perder la oportunidad de ver su espectáculo. Una noche, el escenario de un auditorio repleto de admiradores estaba preparado para recibirlo. La orquesta entró y fue aplaudida. El director fue ovacionado. Pero cuando la figura de Paganini surgió, triunfante, el público deliró.

Paganini colocó su violín en el hombro y lo que siguió es indescriptible: blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecían tener alas y volar con el toque de aquellos dedos encantados. De repente, un sonido extraño interrumpió el ensueño de la platea. Una de las cuerdas del violín de Paganini se rompió: El director se detuvo. La orquesta se detuvo. El público se detuvo. Pero Paganini no se detuvo.

Mirando su partitura, él continuó extrayendo sonidos deliciosos de un violín con problemas. El director y la orquesta, admirados, volvieron a tocar. El público se calmó, cuando, de repente, otro sonido perturbador atrajo la atención de los asistentes. ¡Otra cuerda del violín de Paganini se rompió!

El director se detuvo de nuevo. La orquesta se detuvo de nuevo. Paganini no se detuvo. Como si nada hubiera ocurrido, olvido las dificultades y siguió arrancando sonidos imposibles. El director y la orquesta, impresionados, volvieron a tocar.

Pero el público no podía imaginar lo que iba a ocurrir a continuación. Todas las personas, asombradas, gritaron un ¡Oh! que retumbó por toda aquella sala. Una tercera cuerda del violín de Paganini se rompió. El director se detuvo. La orquesta se detuvo. La respiración del público se detuvo. Pero Paganini no se detuvo.

Como si fuera un contorsionista musical, arrancó todos los sonidos posibles de la única cuerda que sobraba de aquel violín destruido. Ninguna nota fue olvidada. El director, embelesado, se animó. La orquesta se motivó. El público partió del silencio hacia la euforia, de la inercia hacia el delirio. Paganini alcanzó la gloria.

Su nombre corre a través del tiempo. El no fue sólo un violinista genial. Es el símbolo del profesional que continúa adelante, aún ante lo imposible.

¿Qué nos enseña esta historia? Nos enseña que cuando todo parece derrumbarse, nos demos una oportunidad a nosotros mismos y sigamos adelante. Vayamos por la victoria, porque la victoria es el arte de continuar, donde otros prefirieron detenerse.

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