Indira Kempis

Hemos hecho apuntes sobre la relación que existe entre la sustentabilidad de la planeación urbana de una ciudad con la salud de sus habitantes. Mientras este enfoque de lo que implica diseñar una ciudad sustentable sea parte de la visión de los diferentes programas o proyectos de las instituciones privadas o públicas, mayores serán los beneficios para la población.
Es una paradoja que en tanto la ciencia médica avanza a pasos agigantados, la accesibilidad a estos avances esté limitado por las condiciones económicas de quienes pueden pagar los costos o, simplemente, de nadie porque las patentes están compradas. Aunque esto es tema para profundizar, está claro que son una muestra ínfima aquellos países que han implementado políticas públicas de prevención cuyo enfoque sustentable repercute de manera directa en la salud, ¿en qué pensamos cuando hablamos de prevención?…
… En la basura que se produce en la ciudad. Específicamente, en todos aquellos deshechos que contienen unicel. Hasta donde han demostrado algunas investigaciones, que sobresalen por la postura de la Organización Mundial de la Salud, entre otras organizaciones, el unicel (poliestireno expandido) no es un material biodegradable, es decir, su tiempo de degradación o desintegración es de aproximadamente 500 años, pero además al quemarse o entrar en contacto con el agua o comidas calientes despide sustancias que son tóxicas para la salud del medio ambiente y los cuerpos humanos.
Aparentemente, en nuestro país es posible reciclar este material (aunque en años anteriores, sobre todo en la década de los sesenta se pensaba poco probable). De acuerdo con una nota de la cadena internacional CCN (http://www.cnnexpansion.com/manufactura/2010/06/17/un-modelo-para-reciclar-unicel), la empresa estadunidense Dart cumpliría en 2012 más del año en tener un centro de acopio y reciclaje en Atlatomulco, Estado de México. Material que es enviado para reutilizarlo en la producción de autos y teléfonos.
A pesar de esta iniciativa, que cuenta con un corto periodo de experimentación en el reciclaje, algunos expertos siguen manteniéndose a la expectativa y con dudas sobre si esto realmente puede resolver el problema. A sabiendas que, por ejemplo, desde 1986 (a partir de la declaración de la Agencia de Protección del Medio Ambiente –EPA, por sus siglas en inglés), ya era calificado como uno de los productos más peligrosos en el mundo.
Además, de no contar con políticas que regulen o intervengan en este proceso de distribución, generadas por toneladas diarias, tampoco existen estadísticas o investigaciones que permitan conocer la medición de tales impactos. De cualquier manera, mientras se generan estos estudios o se determinan las políticas públicas, es importante conocer que este material que se ha convertido en parte de nuestra vida cotidiana no sólo es altamente tóxico o contaminante para nuestra calidad de vida como seres humanos, sino que existen muy pocas alternativas que permitan otra solución. Piense en esto la próxima vez que se vea tentado a usar productos hechos de unicel. Los consumidores también podemos reinventar una ciudad que sea saludable.
