Cómo debe ser el intelectual del Twitter y Facebook

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Caricatura: Jaime Flores

Mundo extraño el actual: se puede ser inteligente sin saber leer

Carlos Fuentes acaba de editar un precioso libro: La Gran Novela Latinoamericana. En el mismo, nuestro preclaro intelectual del siglo XX y principios del XXI, aclara que la cultura y la inteligencia no tienen nada que ver con erudición, y describe en su documento cómo los pueblos nativos tienen una inteligencia propia, práctica y elemental; sencilla, pero que produce resultados. Él entonces da la razón a la revista Ciencia Conocimiento Tecnología número 124, en la que estamos preocupados porque los jóvenes no leen, y se dedican fundamentalmente al Facebook para comunicarse, así como a la brevedad del Twitter y a la intoxicación con el internet para estar en contacto con la realidad, y no como antes, en nuestra época, que nos dedicábamos a estudiar profundamente un tema, a leer con avidez un libro, después a generar una ideología propia y posteriormente a producir el cambio que la circunstancia y el entorno cultural requerían.

En esta edición hemos invitado como colaboradores a personalidades que han sido descritas como intelectuales, en nuestro país, y que han colaborado mucho para formar un criterio del mexicano, puesto que este mundo de la globalización, y por supuesto ellos, han sido factor de presión para que la política del poder no se descarrile totalmente, sino que siga ciertos cauces de metodología lógica y de respeto a los valores fundamentales de los derechos humanos, descritos con excelsitud en la Revolución Francesa.

La incógnita sigue vigente, y la lectura de nuestros invitados en la revista, nos va a permitir gradualmente ir comprendiendo que así como el mundo cambió y como Steve Jobs, Bill Gates y Mark Zuckerberg, son los personajes más importantes del mundo contemporáneo, siendo tecnólogos y no intelectuales, así nosotros también tenemos que crear y adaptarnos a una nueva intelectualidad, tanto en el mundo social como en el político, pues hay que recordar como ejemplo vívido, que la caída de tres dictadores árabes no fue producto de ninguna concertación ideológica, como lo fueron la revolución rusa, francesa o la mexicana con nuestro prócer Flores Magón, sino que fue producto de las redes sociales, donde la gente, comunicándose entre sí, logró sacudir conciencias para terminar con ciertas dictaduras longevas y corruptas.

Estamos, entonces, proponiendo, dentro de la limitación de nuestras posibilidades, la germinación de un nuevo pensamiento intelectual, que tome en cuenta no sólo nuestra experiencia anterior en el mundo de la cultura, sino la realidad de la generación del Twitter, como yo le llamo, o la generación del Facebook o el internet, como el amo supremo del conocimiento actual. Por supuesto que en muchas cosas no podemos estar de acuerdo, porque los libros todavía conservan el terciopelo del placer literario, pero sí tenemos que aceptar que la generación adulta tiene que adaptarse a la nueva generación y buscar juntos la realidad.

Esperamos que esta revista nos dé cierta esperanza de que el método científico y cartesiano impere aún en forma rápida o instantánea, ya que debemos recordar que al mundo sólo lo cambia la ciencia y lo espiritualiza el arte, y que los cambios sociales o políticos son circunstanciales y que muchas veces esos últimos dependen de la modificación del medio ambiente que la ciencia produce o del renacimiento de los valores espirituales, como lo sucedido después de la Edad Media en Europa.

Esperamos encontrar a este nuevo intelectual, pero ojalá no sea tan difícil como la tarea de Diógenes, cuando quiso encontrar a un hombre feliz, que sólo puede ser aquél que conjugue la inteligencia emocional con la racional y ahí, en ese laberinto, es donde está la utopía de la solución que se describe en el gran libro, de que los seres humanos amemos a nuestros semejantes como a nosotros mismos.

Lástima que el internet, el twitter y el facebook no fueron programados para hacer el amor.

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