Por Mary Anne Jackson, M. D.
(Tomado de Internal Medicine News Digital Network. Traducción de Félix Ramos Gamiño)

Como médicos que vacunamos a los niños, nos estamos volviendo muy complacientes con la polio. El peligro no ha desaparecido. Por lo contrario, sólo salió a dar un paseo.
Como la más reciente causa de preocupación, el brote de polio en Tajikistán y posiblemente en Uzbekistán representa la primera importación de polio en la región europea de la Organización Mundial de la Salud, desde que se le había certificado libre de polio en 2002. Considero que esto es alarmante, y creo que los medios no le han prestado la debida atención.
El ministro de Salud de Tajikistán reportó 432 casos de parálisis flaccida aguda; 129 fueron confirmados como polio. De los casos confirmados, 107 fueron de niños de cinco años o menos. Se han reportado 12 muertes.
Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, (CDC) en Uzbekistán, cerca de la frontera con Tajikistán, se reportaron también varios casos de parálisis fláccida aguda. Las recientes inundaciones en el cercano Pakistán son también causa de preocupación, porque la enfermedad permanece endémica ahí, y se puede extender fácilmente en las insalubres condiciones que imperan en la actualidad.
En efecto, Pakistán es uno de los cuatro países en que nunca se ha interrumpido la circulación del atroz poliovirus. Los otros tres son India, Afganistán y Nigeria; pero desde 2005 se ha reportado la importación del poliovirus en una larga lista de países. El año pasado, entre éstos se incluyeron Angola, Chad, Etiopía, Indonesia, Nepal, Somalia y Uganda.
Hasta antes de 2005, lo habíamos estado haciendo bien. Entre 1988 y 2004, los esfuerzos para la erradicación global de la enfermedad– en particular, la Iniciativa Global para la Erradicación de la Polio– redujeron las cifras de casos de polio, de 350 mil al año, a un bajo número de mil 189.
Sin embargo, en 2005, el número de casos se elevó nuevamente a mil 831, debido a una epidemia que tuvo su origen en el norte de Nigeria, y se extendió a 21 países previamente libres de la polio.
Aquí, en los Estados Unidos, en 2005, el Departamento de Salud de Minnesota identificó cuatro casos de infecciones por el poliovirus en niños sin vacunar, que eran miembros de una comunidad Amish. El caso índice fue de una niña de siete meses, de quien, tras su admisión por no experimentar crecimiento alguno, y por neumonía, se confirmó que tenía severa deficiencia inmune combinada.
En su cultivo fecal, a esta niña se le encontró el poliovirus, que se confirmó era derivado de una vacuna. Ni la paciente índice ni su familia tenían algún historial de viaje al exterior. Los CDC determinaron que la fuente del virus era, muy probablemente, una persona que había recibido la vacuna oral del poliovirus en otro país.
Este reporte constituyó la primera identificación, en los Estados Unidos, de un poliovirus derivado de una vacuna, y el primer caso de transmisión en una comunidad desde que se descontinuaron las vacunaciones OPV en el año 2000. Ninguno de estos niños desarrolló la enfermedad de la parálisis; sin embargo, los CDC lanzaron una advertencia en el sentido de que se considera que el virus tiene potencial de más amplia transmisión y de causar parálisis.
En tanto que, desde 2005, se han reportado casos en diferentes países del mundo, no hemos escuchado ni de uno en los Estados Unidos. Pero tengo miedo de que ahora, con tantos padres que piden que algunas vacunas se retrasen o se omitan por completo, pueda resultar una tentación para los médicos seleccionar la vacuna de la polio, simple y sencillamente porque ellos no han visto la polio y, además, la consideran poco menos que una amenaza.
Pero no es así. Las familias viajan a todas partes del mundo con sus hijos. Los adolescentes viajan en misiones educativas y caritativas. Y, desde luego, gente de todo el mundo visita los Estados Unidos. Si nos comportamos de manera complaciente con la vacunación, la polio podría volver fácilmente.
Debemos seguir aplicando la vacuna antipolio inactivada (IPV) a los niños, a las edades de 2, 4, 6-18 meses, y a los 4-6 años. Los viajeros que tienen status de inmunización incompleto o desconocido, también deben recibir tres dosis de IPV (dos dosis con intervalos de 4 a 8-semanas).
Tuvimos éxito en la erradicación de la viruela, y ahora la polio es la segunda de la lista. No es el momento de bajar la guardia.
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La doctora Jackson es jefa de enfermedades pediátricas infecciosas en el Children’s Mercy Hospital, Kansas City, Mo., y profesora de pediatría en la Universidad de Missouri–Kansas City.
