La herbolaria, aliada ancestral del ser humano

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Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez

Desde tiempos inmemoriales, los principios activos que rigen las propiedades curativas del mundo vegetal han sido utilizados por hombres y mujeres de todos los rumbos geográficos.

La herbolaria, ese conjunto de conocimientos que nos permiten distinguir las posibilidades terapéuticas o venenosas de plantas, flores o frutos, es una práctica que, desde el México prehispánico y hasta nuestros días, ha tenido gran relevancia en los esquemas de la salud pública.

Hoy, los laboratorios y las grandes organizaciones farmacéuticas desarrollan medicamentos de todo tipo, con la asistencia de biólogos, médicos, botánicos, antropólogos y químicos, que constantemente enfocan sus esfuerzos profesionales a establecer líneas de investigación que les permitan clasificar las propiedades medicinales o venenosas de hierbas y todo tipo de vegetales que, desde los aztecas, se utilizaban con una sabia taxonomía. 

TRADICIÓN MILENARIA

Fármacos, aceites aromáticos, conservadores y hasta saborizantes son conocimientos que hoy son manejados por químicos, biólogos, botánicos o farmacéuticos, pero que de hecho corresponden a la tradición médica de tiempos milenarios.

Los chamanes de la etapa precolonial conocían, en el territorio de la ahora América Latina, no sólo conjuros para exorcizar supuestos males o demonios, sino también plantas, que, mediante el ejercicio sistemático de grandes dosis de observación, sensatez y meditación, aplicaban sobre el enfermo y, a través de ello, desarrollaban los principios moleculares activos que, al entrar en contacto con otras moléculas de un organismo, desplazan iones energéticos que producen reacciones bioquímicas a nivel micro celular, con efectos específicos sobre el metabolismo del hombre o la mujer con problemas de salud.

MITOLOGÍA GRIEGA

En la mitología griega, es Panacea, hija de Esculapio, quien simboliza las propiedades curativas de las plantas como remedio curativo para todos los males. Su padre había sido sacrificado por los dioses, porque sus conocimientos le hicieron aplicar sangre de las medusas sobre los muertos para resucitarlos, y con ello se perdía, según la óptica divina, el equilibrio entre la vida y la muerte.

La propia medicina occidental, difundida por griegos y romanos con las figuras de Hipócrates y Galeno, usó la herbolaria hasta la Edad Media, la cual fue enriquecida por los árabes a través de las enseñanzas de los médicos Razis y Avicena.

Esto operó  hasta la expulsión  de los musulmanes de la Europa Católica, hecho que históricamente coincide con el descubrimiento de América y, por consiguiente, con la adopción de nuevos conocimientos sobre plantas curativas, lo cual se describe incluso en el famoso “Códice Badiano”, escrito por el xochimilca Martín de la Cruz, y traducido al latín por otro xochimilca, Juan Badiano.

HIERBAS PARA TODO

La utilización de plantas, que desde siempre han servido en la cadena alimenticia, ha tenido siempre una doble función, basada en la utilización de ellas para atacar trastornos patológicos vinculados a enfermedades. Existen hierbas, flores y frutos que sirven para calmar o para estimular; las hay antinerviosas, astringentes, diuréticas y sudoríficas; vomitivas, tónicas, purgantes, expectorantes, febrífugas, narcóticas, y hasta aquéllas como la cicuta, el tabaco o la mandrágora, que matan.

El hombre y la mujer tienen un profundo contacto con su entorno natural, bajo principios energéticos y dinámicos que aseguran su propia supervivencia.

El conocimiento y manejo del mundo herbolario y del cosmos según el cual se rigen sus principios, le  permiten crear fuertes lazos con los misterios de la tierra que hoy se conocen como el esquema llamado “medicina alternativa».

Esta medicina hoy tan en boga se expande, y no es otra cosa que los remedios caseros impulsados por conocimientos transmitidos generacionalmente por  madres, abuelas y bisabuelas, quienes conocían los beneficios de variadas infusiones contra dolores de estómago o huesos; cataplasmas naturales para desinflamar; vaporizaciones sorprendentes y mágicas para expectorar; camas hechas con hojas de frescos fresnos para bajar la fiebre o «chiqueadores» de ruda y albahácar, que se usaban contra el dolor de oído y de cabeza, y de paso hasta el «ojo de venado», para combatir el famoso «mal de ojo.

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