Los sujetos antisociales ¿nacen o se hacen?

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Maestro Mario Alberto Loredo Villa

Estimado lector, quisiera que por un momento pensara la respuesta a la siguiente pregunta hipotética: “si se le brinda a usted la oportunidad de cometer un delito sin el riesgo de ser recluido jamás, ¿qué delito escogería: homicidio, violación, robo a una institución bancaria, el secuestro de un avión, un atentado terrorista o un fraude millonario? ¿Respondería usted que jamás cometería un delito?

Antes de escribir el presente artículo les hice esta pregunta a 60 personas. Sorprendentemente, el 98 por ciento de los encuestados al azar, entre alumnos de licenciatura y maestría, así como maestros y compañeros de trabajo, escogieron al menos un delito. El 2 por ciento menciono que no sabe, o se abstuvo de contestar.

Entonces, esa muestra del 98 por ciento ¿debe ir a prisión? ¿O representan un riesgo para la sociedad? Obviamente usted y yo sabemos que no podemos ir a prisión por nuestros pensamientos y deseos.

¿Podríamos aseverar que el ser humano en general (no partiendo de este breve ejercicio) tiene una instancia residual criminal en su psique?

Muchas personas han tenido el elevado impulso de agredir a alguien;  por ejemplo, a la figura paterna o al jefe de empleo; algunos hombres han deseado sexualmente a una mujer que observan en la calle, pero no abusan sexualmente de ella.

¿Cuál será esa barrera psicológica que le impide al ser humano pasar de la intención al acto. Es una barrera invisible, que únicamente está en la mente del sujeto. En psicología se puede llamar sublimación y en criminología tolerancia elevada al móvil criminógeno. Es interesante esa dualidad que tenemos en nuestra psique, que diariamente debe tener un equilibrio entre intención versus acto.

En este apartado quiero recordar brevemente aquella historia del escritor Stevenson sobre el Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde. Jekyll es la parte bondadosa, filantrópica y empática. Pero un buen día inventa un elíxir que, al beberlo, hace que su cuerpo se convierta en una abominable masa de músculos y maldad, que se hace llamar mister Hyde. Como tal, liberaba en actos todas aquellas perversiones que Jekyll nunca haría.

El efecto del elixir duraba algunas horas, y después se convertía de nuevo en la persona bondadosa. El problema es que Jekyll decide beber la pócima cada noche, y a partir de ese momento lleva una doble vida de empatía y adaptabilidad versus antisocialidad. Y lo más grave es que, en determinado momento de su vida, ya no sabe qué desea más: ser Jekyll o Hyde.

Usted, que tiene el presente texto en sus manos, ¿qué escogería?

El ser humano tiene por naturaleza el instinto de la agresividad; pero a su vez tiene en menor o mayor proporción diversos mecanismos psicológicos que le auxiliarán para sublimar con éxito aquellos impulsos que lo conducirán a  cometer una conducta delictiva.

DIVERSOS TIPOS DE AGRESIVIDAD

Deseo hacer hincapié en que la agresividad también es necesaria para sobrevivir en determinadas situaciones; este tipo de agresividad es la llamada agresividad necesaria adaptativa; un ejemplo de ello es cuando usted está en una fila extremadamente larga para algún trámite especifico y al pasar más de dos horas, repentinamente una persona ingresa a la fila exactamente delante de usted. ¿Qué haría usted en esta situación? Tendría que hacer uso de este tipo de agresividad.

Y existe otro tipo de agresividad que conduce a cometer conductas disruptivas, que en ocasiones invaden los terrenos de la criminalidad: me refiero a la agresividad innecesaria y violenta. Por ejemplo, usted va caminando por la calle con su pareja, y repentinamente un sujeto la observa a ella de manera libidinosa. ¿Sería esto motivo para privar de la vida al observador, como lo han hecho algunos?

Lo ideal en esta situación sería aplicar algo que se denomina pasividad activa, en la cual la no acción se convierte en sí misma en una acción, interesante paradoja que requiere de una inteligencia emocional de alto nivel.

El gran cuestionamiento de las sociedades es por qué existen individuos que constantemente cometen conductas delictivas, y no manifiestan algún tipo de sentido de culpa o remordimiento por sus actos, además de no intimidarse ante la respuesta del castigo del Estado con la prisión.

Para poder determinar las causas de la conducta antisocial, tenemos que despojarnos de cualquier postura determinista o reduccionista, para darle la bienvenida a la multidisciplinariedad e interdisciplinariedad.

CAUSAS DE LA CONDUCTA ANTISOCIAL

Muchos adoptan la postura de que las causas de las conductas antisociales son producto de una predisposición genética u orgánica; otros refieren que las causas son estrictamente sociales; algunos mencionan que los factores causales son las deprivaciones afectivas y materiales que los individuos sufrieron durante su niñez, y las manifiestan en forma de actitudes en la vida adulta; otros atribuyen la problemática a una patología en el lóbulo frontal y amígdala de los individuos.

Todas las posturas son bienvenidas, pero hay que tomar en cuenta que a cada sujeto antisocial hay que analizarlo de manera individualizada, para descubrir las causas de su personalidad antisocial, ya que la etiología es multifactorial.

¿QUÉ ES UN TRASTORNO ANTISOCIAL DE PERSONALIDAD?

Para entender el concepto de trastorno antisocial de la personalidad, vamos primero a desmenuzar los criterios diagnósticos de la siguiente manera:

A) Es un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems:
1. Fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención.
2. Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer.
3. Impulsividad o incapacidad para planificar el futuro.
4. Irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones.
5. Despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás.
6. Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas.
7. Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros.
B) El sujeto tiene al menos 18 años.
C) Existen pruebas de un trastorno disocial que comienza antes de la edad de 15 años.

D) El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco.

El concepto actual del trastorno antisocial de la personalidad abarca dos componentes principales:

El primero se refiere a la presencia de un trastorno conductual antes de los quince años de edad. Los criterios incluyen faltar a clase, fugarse de casa, mentir con frecuencia, cometer robos, incendios intencionados y daño deliberado en propiedad ajena.

El segundo implica la continuación del patrón de conducta antisocial en la edad adulta, desplegando una conducta irresponsable y antisocial que consiste en ser inconstante en el trabajo, violar leyes, ser irritable, mostrar agresividad física, no saldar deudas, mostrar desconsideración hacia los demás, impulsividad, incapacidad para planear el futuro, además de carecer de sentimientos de culpa.

Esto nos lleva a deducir que es un contínuum que se gesta y desarrolla desde la infancia. Por lo tanto, es sencillo precisar que un sujeto que proyecta en su conducta los síntomas descritos y enumerados con anterioridad: es un candidato óptimo para cometer  de manera reiterada delitos y ser inquilino de alguna penitenciaria.

En el campo de estudio de la psicología, se describen cuatro tipologías de alteraciones en la personalidad del ser humano:

a)    Las neurosis

b)   Las psicopatías

c)    Las perversiones

d)   Las psicosis.

El trastorno antisocial de la personalidad está instalado en el inciso b, denominado también psicopatía.

Se estima que casi el cuatro por ciento de los varones y el uno por ciento de las mujeres adultos presentan personalidad antisocial. Pueden ser ejecutivos empresariales, políticos, médicos, plomeros, vendedores, carpinteros, maestros; es decir, pertenecen a todo tipo de clases sociales.

El concepto de psicopatía está muy ligado a los escritos de Hervey Cleckley y su libro clásico, La máscara de la Cordura. Con base en su extensa experiencia clínica, este autor formuló una serie de criterios para reconocer el trastorno.

CARACTERÍSTICAS DEL PSICÓPATA

A diferencia de los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV) para trastorno antisocial de la personalidad, los criterios de Cleckley para psicopatía se refieren menos a la conducta antisocial por sí misma y más a la psicología del psicópata. Por ejemplo, una de las características clave del psicópata es su pobreza de emociones, ya sean positivas o negativas.

Los psicópatas no tienen sentido de la vergüenza, y hasta sus sentimientos, aparentemente positivos para los demás, son simplemente una farsa. El psicópata ofrece una fachada de encanto, pero manipula a los demás para su propio provecho. Como carece de emociones negativas, no aprende de sus errores, y como tampoco tiene positivas, se comporta desconsiderado con las personas a su alrededor.

Otro rasgo significativo de la conducta antisocial del psicópata es que su motivación es inadecuada; no se debe, por ejemplo, a la necesidad de algo como dinero, sino que es ejecutada impulsivamente, como buscando sensaciones violentas.

Por lo tanto, se tienen dos diagnósticos afines, pero no idénticos; el trastorno antisocial de la personalidad y la psicopatía.

RESPONSABLES DEL COMPORTAMIENTO VIOLENTO

a) Familias disfuncionales con nulas competencias parentales

Las competencias parentales son una forma semántica de referirse a las capacidades practicas que tienen los padres para cuidar, proteger y educar a los hijos; asegurándoles un desarrollo suficientemente sano.

Las competencias parentales forman parte de lo que se denomina la parentalidad social, para diferenciarla de la parentalidad biológica; es decir, de la capacidad de procrear o dar la vida a una cría.

La mayoría de los padres pueden asumir la parentalidad social como una continuidad de la biológica, de tal manera que sus hijos son cuidados, educados y protegidos por las mismas personas que los han procreado. Sin embargo, para un grupo de niños esto no es posible. Sus padres tuvieron la capacidad biológica para intimar, engendrarlos y en el caso de la madre “dar a luz’’, pero desgraciadamente no poseen las competencias para ejercer una práctica parental mínimamente adecuada.

Las causa de esta grave problemática se encuentra en las historias personales, familiares y sociales de estos padres, y en la mayoría de los casos se detectan antecedentes de malos tratos infantiles, medidas de protección inadecuadas o inexistentes, institucionalización masiva, pérdidas y rupturas, antecedentes de enfermedad mental de uno de los dos padres, pobreza extrema y exclusión social.

Los tratos derivados de estas incompetencias de los padres provocan diferentes tipos de daños graves en los niños, aunque no siempre visibles, pero notorios de manera conductual.

Los daños que los niños sufren son: trastornos del apego y de la socialización, trastorno  de estrés traumático de evolución crónica, traumatismos severos y alteraciones de los procesos resilientes.

Esto constituye un foco de alarma, ya que si los niños no reciben protección oportuna y adecuada, ni tratamiento para reparar estos daños, existe una probabilidad alta de que en la adolescencia el sufrimiento se exprese en manifestaciones como: comportamiento violento, delincuencia, abusos sexuales, farmacodependencia y el desarrollo de un trastorno antisocial.

b) El componente genético

Estudios epidemiológicos, estudios de gemelos, comportamiento y conducta entre hijos biológicos e hijos adoptivos apuntan a la importancia de la herencia en la conducta humana.

La  serotonina ejerce un control inhibitorio sobre la agresión impulsiva. Su enzima catalizadora, hidroxilasa del triptófano, es un producto del gen ubicado en el brazo corto del cromosoma 11. Se han identificado dos polimorfismos de este gen asociados a comportamiento impulsivo y violento.

Estudios gemelares demuestran una alta frecuencia para heredar algunos rasgos conductuales: 52 por ciento de gemelos idénticos heredan tales rasgos de su padre comparado con sólo 22 por ciento de los gemelos no idénticos y 11 por ciento de hermanos adoptados por hogares donde está inmersa la violencia.

c) La patología cerebral focal

Desde 1835 se reportaron casos de personalidad anti-social luego de una lesión del lóbulo frontal. Estudios recientes demuestran que vivir con lesión frontal adquirida antes de los ocho años de edad es factor de riesgo para adolescencia con conducta impulsiva, agresiva y anti-social.

En pruebas neuro-psicológicas de criminales violentos, se ha identificado  una  patología en el lóbulo frontal en más del 57 por ciento de los examinados.

d) Los factores sociales

Los factores sociales comprenden la densidad de la población, la opinión pública, la moral, la religión, las condiciones de la familia, el régimen educativo, la producción industrial, el alcoholismo, las condiciones económicas y políticas, la administración pública, la justicia, la policía, y en general la organización legislativa civil y penal. Es decir, una cantidad de causas latentes que se entrelazan y se combinan en todas las partes del organismo social y que escapan casi siempre a la atención de las políticas públicas.

e) Violencia y Sociedad

Nos encontramos en la mayoría de las veces con la triste fotografía de que la sociedad olvida su responsabilidad con grupos de pobreza extrema, con problemas alrededor del nacimiento, como deprivación afectiva infantil, con padres migrantes que encargan a sus hijos al cuidado de terceras personas que no pueden suplir la vida de hogar.

En ocasiones los niños quedan a merced de un pésimo sistema educativo, abstraído por cine y televisión, que hacen una apología de la violencia y llegan a la adolescencia sin supervisión ni guía de sus lejanos padres, a merced de permisivos “cuidadores” por lo que fácilmente se involucran en consumo de drogas y formación de bandas de delincuentes, buscando equivocadamente su identidad.

El adolescente se convierte en adulto joven, con una mala educación, no incorporado a la sociedad y lleno de frustración, rebeldía y vergüenza. A su vez, esta sociedad es injusta, indiferente, con pocas oportunidades para ellos.

 

 

SOLUCIONES

Definitivamente, las causas de la criminalidad son multifactoriales; por lo tanto, su diagnóstico, pronóstico y tratamiento deben ser con una visión holística.

Hace aproximadamente dos años se creó el Instituto Estatal de Seguridad Publica, cuya finalidad es realizar mediante diagnósticos analíticos y eficaces, políticas públicas en materia de política criminológica, e inició con una agenda de investigación  social y criminológica, en la cual una de las líneas de investigación son precisamente los factores de riesgo (factores criminógenos) predisponentes, preparantes y desencadenantes que inciden en las conductas antisociales; para ello se convocó a una serie de expertos investigadores y académicos, que actualmente se encuentran realizando el proyecto, lo cual redundará en propuestas precisas para erradicar los factores de riesgo.

Por otro lado, el 15 de abril de 2011 se publicó la ley que crea la Universidad en Ciencias de la Seguridad, que dentro de su estructura tiene contemplada un área de Investigaciones en Ciencias de la Seguridad, cuya finalidad será la divulgación científica en tan complejo tema. Ésta es un área de oportunidad para realizar propuestas emanadas de un soporte sólido y preciso de intervenciones metodológicas, para medir factores cuantitativos y cualitativos.

Al realizar una sinergia entre estos dos organismos, se estará en condición de realizar protocolos de investigación dogmática y de campo, que podrán traducirse en soluciones tangibles para la problemática actual de las conductas antisociales.

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