Indira Kempis

Una de las objeciones comunes de algunas personas a la hora de hablar de microacciones para el cuidado del medio ambiente estriba en el bajo impacto en que éstas tienen sobre las graves y enormes problemáticas que nos enfrentamos en el mundo en la contaminación del agua, el aire o el suelo. Es común escuchar el “para qué si de cualquier manera”… Si bien es cierto que las transformaciones no son inmediatas e implican una tarea al largo plazo, también lo es que podemos aligerar la carga de estos problemas para no incrementarlos.
Algunas de estas actividades son sencillas y no requieren de un gran esfuerzo. Por ejemplo, el uso racional del agua. Un ejercicio de observación sobre el tiempo que nos tardamos al esperar que el agua caliente salga de la regadera, o bien, al lavarnos las manos, puede que nos haga reflexionar sobre los litros que en semanas se desperdician por no cerrar las llaves. Uno de las microacciones puede ser tener a la mano una cubeta para la recolección del agua fría. Ésta a su vez usarla para lavarse las manos. Es sorprendente todo lo que podemos ahorrar con algunos movimientos.
Otro de los temas comunes es la separación de la basura. Es altamente probable que no en todas las recolecciones de basura de los municipios se realice una adecuada separación. No obstante, en casa es útil no sólo para crear buenos hábitos, sino para obligar o, en su defecto, colaborar con la clasificación de los residuos. Es suficiente con tener más de un bote, se pueden decorar incluso con las leyendas que correspondan al tipo de basura que es. Enseñarle a todos los habitantes de una casa es fundamental para una correcta separación.
La tercera microacción está relacionada con el uso del papel para la higiene personal. Me he percatado que en los establecimientos para comida rápida o en los restaurantes, la mayoría de los comensales utiliza más de una servilleta durante su estancia. La próxima vez cuente cuantas se gasta en una comida. El uso racional del papel hace que disminuya nuestra generación de basura. A veces ser excesivamente “limpio” es contradictorio nos puede llevar a contaminar más. Como diría mi madre: “limpio no es el que limpia, sino en que no ensucia”.
Hacer un conteo a conciencia de nuestras microacciones, en suma con la de otros, nos permitirá entender que nosotros también somos parte de la solución a los problemas. Al menos, en nuestros entornos más cercanos estableceremos transformaciones que harán más amable la cotidianidad en su relación con el cuidado y la protección que le debemos a nuestro medio ambiente.
