Erico Guizzo | Ieee Spectrum
(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix Ramos Gamiño)
Algunos ingenieros quieren crear autómatas inteligentes mediante la conexión de su “cerebro” a redes de computadoras desmaterializadas
En una famosa escena de Matrix, el personaje de Trinity toma los comandos de un helicóptero después de haber telecargado, directamente en su cerebro, un programa de pilotaje. Para nosotros, pobres humanos del mundo real, con nuestro cerebro hecho de carne, que no tiene acceso a la red para poner al día su más reciente versión, la posibilidad de adquirir nuevas habilidades de esta manera esto es simple y sencillamente ciencia-ficción. Sin embargo, para los robots es otra historia.
Varios grupos de investigación trabajan en torno a la posibilidad de crear autómatas capaces de utilizar una infraestructura “en nube”, a fin de tener acceso a grandes cantidades de memoria y de datos. Esta aproximación, bautizada por algunos como “robot en nube”, permitiría a los robots extraer de la nube la capacidad de efectuar tareas que requieren cálculos complicados, como el reconocimiento de imágenes o del habla, e incluso telecargar nuevas competencias de manera instantánea, al estilo Matrix.
Reconocer a las personas
Imaginemos un robot que encontrara un objeto que nunca antes ha visto o utilizado –por ejemplo, una caja de cereales. En ese caso, le bastaría con enviar una imagen de la caja a la nube, para recibir, de regreso, el nombre del objeto, un modelo en tercera dimensión, información nutricional e instrucciones sobre la forma de servir los cereales para el desayuno.
Para los robots convencionales, la más insignificante tarea –mover un pie, atrapar un objeto, reconocer una cara-, requiere de una gran cantidad de memoria y de información preprogramada; por lo tanto, los sistemas sofisticados, como es el caso de los robots humanoides, deben contar con procesadores muy poderosos, a fin de que puedan funcionar.
Según James Kuffner, profesor en la Universidad de Carnegie Mellon, en Pittsburgh, Estados Unidos, que actualmente trabaja para Google, los robots podrán realizar sus tareas más complicadas gracias a servidores desmaterializados; y, lo que es más prometedor, los robots podrán recurrir a los servicios en nube, a fin de mejorar ciertas capacidades, como las de reconocer a las personas y los objetos, desplazarse en diferentes ambientes y hacer funcionar diferentes instrumentos.
La idea de conectar un robot a un ordinador externo no es nueva. En la década de 1990, investigadores de la Universidad de Tokio exploraron el concepto de “cerebro alejado”, mediante el alejamiento físico de los receptores y los motores de un robot de su software de alta capacidad de razonamiento. Sin embargo, la cantidad de poder a la que un robot conectado a la nube tiene acceso es mucho más importante de lo que los investigadores se habían imaginado en los inicios de la Web.
James Kuffner, que participa en el proyecto de automóvil sin piloto, en Google, no anda corto en ideas para la robótica en nube –por ejemplo, “la utilización de teléfonos portátiles como cerebros para los robots en la Web”. Recientemente, algunos de estos colegas desarrollaron un software de robótica, que opera sobre Android y un pequeño robot portátil, llamado Cellbot (teléfono-robot). Este software permite que un teléfono portátil controle a robots concebidos en interfases, como Lego Mindstorms, iRobot Creat y Vex Pro.
Pero la robótica en nube no se limita a los robots con un Smartphone como cerebro. Se puede aplicar a cualquier tipo de robot, grande o pequeño, humanoide o no. En el futuro, algunos de estos robots podrán multiplicarse, y por lo tanto se facilitará el compartir sus aplicaciones. Entonces será posible crear una especie de App Store para robots.
“Asociar los robots y la informática en red podría revolucionar la autonomía de los robots”, reconoce Jean-Paul Laumond, director de investigación del Laboratorio de Análisis y de Arquitectura de Sistemas en Toulouse.
Ojo con los errores en la red
Sin embargo, la red no aporta soluciones a todos los problemas a que se enfrenta la robótica, explican Jean-Paul Laumond y otros investigadores.
Así, por ejemplo, el control de los movimientos de un robot, que se apoya de manera importante en sus receptores, no se va a beneficiar gran cosa de las ventajas de la nube. “Tareas que implican ejecuciones en tiempo real necesitan un procesador instalado en el robot”.
Pero hay otros retos. Como los internautas lo saben, las aplicaciones en la nube pueden ser lentas, o no estar disponibles temporalmente. Si un robot depende demasiado de la nube, un error en la red bastará para que, literalmente, “pierda la cabeza”, y resulte inservible.
Sin embargo, James Kuffner se muestra optimista. Él avizora un futuro en el que los robots tendrán acceso a una “base de datos de conocimiento”, en que tendrán interacción mutua con el mundo exterior, y podrán aprender cosas nuevas sobre los objetos, los lugares y los comportamientos. Es factible, incluso, que puedan telecargar programas para pilotar un helicóptero.
