Cuente los pájaros para leer el porvenir

Spread the love

Por Esther Yi / The Atlantic

(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix Ramos Gamiño).

El censo aviario, realizado cada año por millares de voluntarios, ayuda a los investigadores a estudiar las consecuencias del cambio climático.

Una mañana de invierno, poco después del alba, el campus de la Universidad Católica de Washington despierta en medio de un silencio absoluto. Sólo lo rompe, de vez en cuando, el ruido producido por las ruedas de una maleta. Los estudiantes se van de vacaciones. Las únicas personas que quedan se disponen a cumplir su misión con toda calma, provistos de pesados binoculares que se cuelgan al cuello, y envueltos en sus chaquetones, con los que se cubren hasta las orejas.

Su jefa, Anne Anderson, de 69 años, ha dado instrucciones precisas: examinar lenta y metódicamente cada árbol, de abajo arriba, en toda su altura, sin descuidar la mínima superficie de corteza, para captar ahí hasta el menor movimiento. 

Ellos están encargados de hacer un censo de los pájaros, y no debe escapárseles ni uno. Así, ese ruiseñor común, que picotea despreocupadamente por el sendero, representa una serie de datos que, por insignificantes que sean, pueden tener implicaciones planetarias.

Desde hace diez años, y bajo la dirección de la señora Anderson, pequeños grupos de ornitólogos aficionados participan en el Censo de los Pájaros de Navidad (CPN; en inglés, Christmas Bird Count o CBC), en la capital federal norteamericana.

La National Audubon Society, una de las más antiguas ONG norteamericanas de proteción del ambiente, enrola cada año decenas de miles de voluntarios, distribuidos en círculos regionales en las cuatro zonas del norte del país, para proceder al recuento de aves, en el período comprendido del 14 de diciembre al 5 de enero. Los datos del CBC son utilizados en centenares de estudios científicos realizados por los más diversos organismos, desde el Ministerio norteamericano del Interior, hasta el laboratorio de ornitología de la Universidad Cornell, en Nueva York.

Hasta la fecha, los trabajos eran fundamentalmente retrospectivos, y se concentraban en los cambios ya registrados, como, por ejemplo, la estimación de los daños causados por el virus del Nilo occidental, sobre las poblaciones de aves, en los años 1990.

Un pequeño equipo de investigadores de Audubon se lanzó en fecha reciente al más innovador proyecto surgido del CBC. Contrariamente a las otras, esta vez la empresa sí tiene la mira puesta en el porvenir. Desde hace alrededor de seis meses, y a fin de estar en posibilidad de predecir sus futuras reacciones, el equipo analiza la forma en que los pájaros han reaccionado al cambio climático en el curso de las últimas décadas.

Este estudio es el primero que se clava en los efectos del cambio climático sobre la distribución geográfica de las aves de Norteamérica. ¿A dónde irán una vez que se den cuenta de que sus hábitats se han transformado? De créer a Gary Langham científico en jefe en Audubon, el proyecto podría constituir una guía de los pájaros del futuro: en lugar del área de distribución geográfica actual de una especie, presenterá la prevista para los años 2020, 2050 y 2080.

El proyecto se apoya de manera determinante en el CBC, cuya antigüedad ofrece una base de datos sin igual en cuanto a la distribución de las aves en el tiempo. Este censo se inició en 1900, fecha en que un ornitólogo, llamado Frank Chapman, propuso a la gente deponer sus rifles, y no participar en la tradicional cacería de fin de año, a fin de tomar mejor sus prismáticos y ver a los pájaros de una manera completamente distinta, “censándolos”.

La primera operación lanzada por Chapman reunió a 27 ornitólogos aficionados en 25 círculos de censo. En el curso de los 112 años siguientes, el CBC ha conocido un éxito creciente. En nuestros días, más de 60 mil voluntarios trabajan en más de dos mil círculos, cada uno de los cuales cubre un radio de cerca de 25 kilómetros. Estos círculos se distribuyen en el conjunto de los Estados Unidos y algunas provincias canadienses, así como en ciertas regiones de América Latina, de las Antillas y de las islas del Pacífico. La superficie total estudiada por el censo rebasa ampliamente los 3.5 millones de kilómètros cuadrados.

El CBC no sólo es el primer estudio científico participativo realizado en el mundo, sino que es también el que arroja los datos más completos sobre la distribución geográfica, las fluctuaciones y los movimientos de las poblaciones de aves sobre todo el continente.

Comparando esas informaciones con datos climatológicos, y mediante la utilzación de modelos informáticos, el equipo de Audubon podrá predecir hacia qué región emigrará determinada especie de ave, en función de los escenarios climáticos. Los biólogos, cuya investigación es financiada por el United States Fish and Wildlife Service (FWS), el organismo federal de los Estados Unidos responsable de la gestión de la fauna, esperan publicar sus resultados en julio.

“Tratamos de aprovechar esta inmensa red de individuos interesados en la ornitología, a fin de realizar trabajos científicos profundos y planificar el futuro –explica Justin Schuetz, uno de los miembros del equipo de Audubon-; se trata de tomar las observaciones de los aficionados, y de transformarlas en algo de utilidad para la política de conservación de la naturaleza, a escala continental. Es una perspectiva apasionante”.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love