Esopo
Un hombre tenía dos perros. Uno era para la caza y otro para el cuido. Cuando salía de cacería iba con el de caza, y si cogía alguna presa, al regresar, el amo le regalaba un pedazo al perro guardián. Descontento por esto el perro de caza, lanzó a su compañero algunos reproches: que sólo era él quien salía y sufría en todo momento, mientras que el otro perro, el cuidador, sin hacer nada, disfrutaba de su trabajo de caza.
El perro guardián le contestó:
¡No es a mí! – le respondió éste-, sino al amo, a quien debes de reclamar, pues no me ha enseñado a cazar, sino a comer de lo que cazan otros.
Moraleja:
No debe reprenderse a los hijos mal educados que nada sabe, sino a sus padres, porque no han procurado enseñarlos.
