Nació en el municipio de Garza García, Nuevo León (ahora San Pedro Garza García), el 17 de diciembre de 1830 y murió en Monterrey, Nuevo León, el 3 de mayo de 1913. Hasta 1846 hizo estudios en el Seminario de Monterrey, los que interrumpió durante la invasión americana para participar como voluntario en la defensa de la ciudad de Monterrey. En 1859, obtuvo el título de abogado. Fue comandante militar de Monterrey y jefe de la línea del Bravo. Presidió el Superior Tribunal de Justicia y fue gobernador del Estado por dos ocasiones: la primera en 1869 y la segunda de 1887 a 1889.
Tuvo una destacada carrera militar, participando en la batalla del 5 de mayo contra el ejército francés en Puebla, al lado del general Ignacio Zaragoza, del que era secretario. Ahí le tocó redactar el parte de ese triunfo, el que inició con la famosa frase: “las armas nacionales se han cubierto de gloria”.
Excelente escritor, el doctor José Eleuterio González decía que el general y licenciado “manejaba tan bien la pluma como la espada”. Entre sus obras mencionamos los informes de gobierno; Lecciones orales de legislación comparada y el Dictamen sobreun conflicto de límites entre los municipios de Linares y Hualahuises.
Siendo gobernador del Estado, en 1888 publicó la “Introducción a la memoria del Estado”, la que a decir de Rafael Garza Cantú es un estudio científico, aunque somero, acerca de la constitución geológica de Nuevo León, con datos mineralógicos de interés práctico y en “Los Rasgos Geográficos”, que figuran in capite de la “Memoria” presentados al Congreso del Estado en 1889, se ofrecen interesantísimos datos sobre la distribución geográfica de vegetales y animales.
Asimismo, hace una descripción orográfica de nuestro Estado y establece la hipótesis de que no se operaron aquí las formaciones que caracterizan las eras geológicas terciaria y cuaternaria porque se hayan retirado las aguas de esta latitud después del periodo carbonífero; o sea, que hayan vuelto por irrupciones debidas a convulsiones posteriores. Esta hipótesis la basa en que hasta ese momento no se habían descubierto restos de mamíferos paleontológicos ni fósiles marinos.
Continúa el autor con su teoría del largo reposo en que permanecieron las partes altas del continente americano, hasta la formación del periodo cretáceo y del sistema de los Andes, y a que se siguieron en el norte de la República la terciaria y cuaternaria de la mesa central.
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