Jorge Pedraza
La lucha iniciada por Hidalgo en Dolores fue conocida en Monterrey el 29 de septiembre, es decir 13 días después, a través de una carta que el enviara el gobernador de San Luis Potosí, Don Félix Callejas al gobernador del Nuevo Reyno de León, Don Manuel de Santa María, en la cual le pedía que reuniera a los doscientos cincuenta hombres de la milicia y los enviara a San Luis. Esta fue la primera noticia que sobre la insurrección se tuvo en Monterrey.
La noticia fue difundida en todo el Nuevo Reyno de León y se creó la alarma general; por todas partes circulaban folletos, proclamas, alentando la causa independiente.
Don Manuel Santa María junto con el gobernador de Nuevo Santander, Don Manuel Iturbide, se propusieron reunir sus fuerzas para que la defensa de las Provincias Internas de Oriente fuera un éxito, dándole al comandante general Don Nemesio Salcedo el mando de ellas. La situación se tranquilizó unos días, hasta que llegó la noticia de que San Luis había caído en poder de los insurgentes.
Ante esta situación se reunió el Ayuntamiento de Monterrey y pidió a su gobernador, el cual se había ausentado, que regresara “a poner a cubierto su Capital y Provincia del fuego que le amenazaba la turba de tumularios” responsabilizándolo para “con Dios, el Rey y la causa pública”.
El gobernador continuó con los preparativos de defensa y solicitó ayuda a los pueblos para que contribuyeran con gente, armas y dinero, lográndose formar varios cuerpos de soldados de infantería y caballería, los cuales se enrolaron en Cadereyta, Salinas, Valle del Pilón y Monterrey.
Don Miguel Hidalgo había encomendado a Don José Mariano Jiménez que organizará un ejército que sublevara las Provincias Internas y con tal motivo partió hacia el norte con unos ocho mil hombres. A su paso hacia el norte la tropa iba amentando, agregándose centenares de hombres, inclusive de las mismas tropas realistas; Jiménez invitó a su antiguo compañero de armas Don Juan Ignacio Ramón a que se uniera a la causa y al explicarle el propósito de la lucha acordó unirse a ella, el 31 de diciembre de 1810.
Mientras tanto, el gobernador Santa María recibía en Monterrey a los enviados de Jiménez quienes le pedían que se uniese a la causa, y al conocer la adhesión de Don Juan Ignacio Ramón, convino en todo; de tal forma que el 17 de enero de 1811 Nuevo León quedó adscrito al movimiento insurgente.
Entre las batallas importantes libradas por Jiménez en el norte, se citan las de Aguanueva y Carneros en las cuales salió victorioso.
Las tropas insurgentes se distinguían por el trato que daban a los prisioneros, en el que destacaban la bondad y la amabilidad, contrario a los realistas quienes se distinguieron por ser crueles y sanguinarios con sus prisioneros.
En febrero entraron a Saltillo, Allende e Hidalgo y en esa ciudad otorgaron nombramientos de Mariscal a Santa María, y de Brigadier a Don Juan Ignacio Ramón; se le negó el ascenso al teniente coronel Ignacio Elizondo y por tal motivo se dice planeó la venganza y la traición contra los insurgentes.
¿VENERABLE ANCIANO?
Hidalgo llega a Saltillo después de peregrinar por distintos lugares del país. Tiene 57 años de edad. Pronto habrá de cumplir los 58, que es la edad en que habría de morir. Murió precisamente a los 58 años de edad. Había nacido el 8 de mayo de 1753 en la Hacienda de Corralejo, muy cerca de Pénjamo, Guanajuato.
Recordamos que cuando cursamos la educación primaria, en los libros de Historia Patria a don Miguel Hidalgo se le llamaba “El venerable anciano, Padre de la Patria”. Imagine usted, “venerable anciano” y murió a los 58 años de edad. Habría que preguntar a quienes ya han llegado a esa edad si se consideran ancianos y estoy seguro que una gran parte diría que no. A esa edad, don Miguel Hidalgo y Costilla era un hombre lleno de energía, con mente lúcida y los mejores deseos de independencia y libertad para la Patria y sus habitantes. Diversos historiadores coinciden en que, casi terminaba el mes de febrero de 1811 cuando, en Saltillo, se recibió la noticia de que llegaría el Cura Hidalgo acompañado de sus lugartenientes; el 24 del mes citado llegaron Ignacio Allende, Indalecio, su hijo; Mariano Abasolo, su esposa y un niño y, el 6 de marzo, a las tres de la madrugada, llegó Miguel Hidalgo. Se hospedaron en las casas llamadas Reales en donde les fueron ofrecidos alimentos y refrescos.
El 8 de marzo, dos días después de la llegada a Saltillo, Hidalgo presentó formalmente su renuncia como jefe del ejército insurgente y se eligió por unanimidad a Allende como generalísimo y a Mariano Jiménez como capitán general de las armas americanas. Además, se formalizó el acuerdo de que Hidalgo no perdiera el tratamiento y los honores de Generalísimo. Posteriormente se trasladaron a la Catedral, donde escucharon misa de acción de gracias.
Estando en Saltillo, en reunión privada Allende, Hidalgo y Jiménez, recibieron un comunicado del Virrey Venegas mediante el cual se ofrecía el indulto a todos los insurrectos de conformidad con la amnistía que las Cortes de España expidieron en octubre de 1810 al conocerse el levantamiento iniciado por Hidalgo.
Los reunidos decidieron continuar en su movimiento y, es en ese momento cuando Hidalgo ofrece su respuesta: “El Indulto, Señor Excelentísimo, es para los Criminales, no para los Defensores de la Patria”. Esta frase es una de las más importantes y hermosas que se han pronunciado en México.
Este es el texto de la respuesta enviada desde el Cuartel general de Saltillo al Virrey: “Don Miguel Hidalgo y Don Ignacio Allende, jefes nombrados por la Nación Mexicana para defender sus derechos, en respuesta al indulto mandado extender por el señor Francisco Xaver Venegas, y del que se pide contestación, dicen: Que en desempeño de su nombramiento y de su obligación, que como a patriotas americanos les estrecha, no dejarán las armas de la mano hasta no haber arrancado de las de los opresores la inestimable alhaja de su libertad. Están resultos a no entrar en composición ninguna, si no es que se ponga por base la libertad de la nación, y el goce de aquellos derechos que el Dios de la naturaleza concedió a todos los hombres, derechos verdaderamente inalienables, y que deben sostenerse con ríos de sangre, si fuere preciso… El indulto, Sr. Exmo., es para los criminales, no para los defensores de la patria, y menos para los que son superiores en fuerza.”
Después de acordar continuar su marcha hacia el norte con el propósito de hacerse de armas y parque y de integrar seguidores y simpatizantes al ejército, decidieron seguir el proceso independentista conscientes de la importancia de la tarea. El 16 de marzo de 1811, luego de un intercambio de planes organizativos, reanudaron la marcha hacia el norte, contando ya con mayor número de efectivos en el ejército. Los insurgentes creían incluso que tenían el apoyo del General Ignacio Elizondo. Se dirigieron a la Hacienda Santa María del Rosario donde fueron recibidos por su propietario el señor don Mauricio de Alcocer, quien los alojó en la casa principal.
Al acercarse las fuerzas realistas a Saltillo, los insurgentes salieron rumbo al norte, iban con sus principales jefes, como eran Hidalgo, Allende, Jiménez, Abasolo, Aldama, Santa María y Juan Ignacio Ramón. Siguieron hacia Acatita de Baján, lugar a donde llegarían por agua, ahí fueron aprehendidos por el traidor Ignacio Elizondo, y trasladados a Chihuahua donde fueron fusilados.
Los personajes que fueron fusilados en Chihuahua y que eran originarios de Nuevo León fueron: el general Ignacio Camargo, el brigadier Juan Bautista Carrasco, don Juan Ignacio Ramón, y don Manuel Santa María.
Como recompensa a su traición Elizondo fue nombrado Coronel. Sin embargo, poco tiempo le duró el gusto pues murió asesinado por un capitán de sus tropas.
Quienes pensaron que el movimiento de Independencia había fracaso, estaban muy equivocados. La lucha continuó con hombres como Fray Servando Teresa de Mier, de Nuevo León y don Miguel Ramos Arizpe, de Coahuila. En esta lista hay que incluir a otros personajes importantes como José María Morelos, Mariano Matamoros, Ignacio López Rayón, Hermenegildo Galeana, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y muchos más, para culminar con la consumación de la Independencia en 1821.
