Jorde Pedraza
Quienes piensan que Eulalio González “El Piporro” sólo fue un actor cómico, están equivocados. Fue, además, escritor, cantante, compositor y director. Obtuvo en dos ocasiones el Ariel por su actuación en “Píntame Angelitos Blancos” y en “Espaldas Mojadas”. Como si eso fuera poco, después le fue concedida la Diosa de Plata. Aunado a todo lo anterior, fue un gran amigo.
El inventor de la palabra Ajúa y de innumerables historias, nació en Los Herreras, Nuevo León, el 16 de diciembre de 1921 y murió tranquilamente mientras dormía en su casa de Garza García, Nuevo León, el primero de septiembre del 2003. De esto hace ya diez años y Lalo sigue vivo en sus películas, en sus canciones y en el recuerdo de su familia y de sus amigos.
Al recordarlo, vienen a la mente los gratos momentos que compartimos.
Lo acompañamos a varios de sus homenajes. Recuerdo tres en la ciudad de Saltillo, Coahuila. Uno en Radio Concierto, la estación que generosamente impulsa el buen amigo Armando Fuentes Aguirre “Catón”; otro en el Instituto Coahuilense de Cultura y uno más en la Plaza frente al Palacio de Gobierno. Los tres espacios fueron insuficientes para dar cabida a los múltiples seguidores de Lalo.
En el evento realizado en Radio Concierto de Saltillo, nos acompañaron, por supuesto, el director de esa estación Armando Fuentes Aguirre “Catón”, el escritor Miguel Sabido, “tan importante escritor –dijo Lalo– que por sabido se calla; el Padre Aureliano Tapia Méndez, autor de innumerables obras; el entonces Rector del CEU, Antonio Coello y el buen amigo Pepe Cárdenas, actual Rector de la Universidad Tecnológica de Santa Catarina.
Después del evento, hubo oportunidad de compartir la mesa con todos ellos. La gente se nos acercaba en aquel restaurante; más bien se le acercaba a Lalo. Una chica le alegró la noche al decirle “que bien se ve”. Luego habría de comentarnos: “No entiendo. Primero me dice que bien se ve y luego, ya para retirarse, expresa “por favor cuídese mucho”.
¿ES TRISTE LLEGAR A VIEJO?
Alguien le preguntó: ¿Es triste llegar a viejo? Y de inmediato respondió: “Es más triste no llegar”. Siempre tenía la respuesta adecuada.
En Nuevo Laredo, Tamaulipas, también lo acompañamos. Fue en una Plaza de esa ciudad. Siempre estaba con él el acordeonista Juan Silva, quien se encargaba de coordinada al grupo musical que amenizaba el evento. Y así, a través del tiempo y de toda la frontera, tuvimos oportunidad de ver como se le entregaba la gente. En Monterrey se le hicieron diversos homenajes, uno de ellos en la Casa de la Cultura, en donde compartió el presídium con el maestro Raúl Rangel Frías, cuyo centenario estamos celebrando este año.
Ahora que se han cumplido 10 años de la desaparición física de este querido artista, recuerdo la primera vez que lo vimos. Fue en Los Herreras, su tierra natal, en la década de los 50. Eran los tiempos de su película “Martín Corona”, filmada al lado del popular ídolo Pedro Infante, quien lo apadrinó en los inicios de su carrera, esa carrera que él se encargó de continuar por méritos propios hasta filmar 69 películas, 11 de ellas con argumento suyo.
A lo largo de medio siglo compartimos su buen humor y en los últimos tiempos también su amistad. Gracias a su invitación, lo acompañamos en sus cumpleaños al lado de sus familiares y amigos y en los diversos homenajes que se le rindieron en la ciudad de México, en la Gran Plaza y en el Palacio de Gobierno en Monterrey, en Guadalupe, en Saltillo, en Nuevo Laredo, Matamoros y por supuesto en la plaza principal de su natal Los Herreras, en donde ahora hay un monumento erigido a su memoria.
El gran amor que sentía por su tierra natal lo hizo volver una y otra vez al terruño hasta el final de su existencia. Jamás se olvidó de los suyos. Jamás los negó. Por el contrario, se sentía orgulloso de sus raíces. Afirmaba que Los Herreras era la antigua Capital de Grecia y que su nombre, Eulalio, provenía del griego. Y decía que había nacido el mismo día que nació Beethoven, aunque unos años después.
CANTO A LA FRONTERA
Ese amor por su pueblo se extendió luego a lo ancho de toda la frontera. Por eso, cuando se habla de un personaje de la frontera, se hace referencia a Lalo. Nadie como él le cantó a esta parte de México. Quien no recuerda aquella canción que lleva por título “Chulas fronteras”, en la que canta a las ciudades fronterizas: de Tijuana a Ciudad Juárez, de Ciudad Juárez-Laredo, de Laredo a Matamoros, sin olvidar a Reynosa. ¡Ah que cosa tan hermosa!
Cuando observamos en conjunto la existencia de Lalo González lo vemos como un hombre triunfador. Piporro fue un verdadero ídolo. Hasta María Félix aceptó actuó a su lado, como ya antes lo habían hecho otras estrellas, entre ellas Pedro Infante, los Soler (Fernando, Domingo y Andrés), Pedro Armendáriz, Luis Aguilar, David Reynoso y muchos otros más. Con sus películas y sus canciones, con esa gran creatividad que siempre lo caracterizó, Piporro logró convertirse en uno de los inmortales del cine nacional.
Entre la ficción y la realidad, Lalo creó figuras que hoy han cobrado forma. Sus corridos están basados en personajes reales y ficticios. Y para sorpresa suya, después se dio cuenta de que los ficticios también existen en la vida real. Y él era el más sorprendido, cuando se encontraba a algunos de ellos, como don Baldomero y otros más, en Mexicali, o en Ciudad Juárez, en Laredo o Matamoros, sin olvidar a Reynosa.
LALO Y SUS FRASES
Lalo acuñó frases llenas de sabiduría, como éstas que les voy a referir. Por ejemplo cuando habla de la búsqueda, «El Piporro» afirma: “Cuando le buscas y le buscas, lo encuentras aunque sea ajeno”. Si de sospechas se trata, nos dice: «Una cosa son las sospechas sospechosas y otra las sospechas aclaradas”.
Sin ser médico y sin necesidad de análisis, estudios o radiografías, nos ofreció este diagnóstico: «Nomás al ver al enfermo, se ve que está enfermo». Y qué me dicen de este consejo: Nunca hay que pelearse en la calle, porque es feo, muy feo, y sobre todo si pierde uno».
O este otro: Vale más que llores de adentro pa’ fuera, porque si lloras de afuera pa’ dentro, te inundas».
En materia de definiciones, era bastante preciso a su manera. Por ejemplo, veamos como describía al caballo: “animal equino, forrado de cuero, terminado en hueso, vulgo pezuñas”.
Era certero en sus mensajes. Yo creo que hubiera hecho un decoroso papel como político, utilizando frases como esta que empleó en una de sus películas: «Para que la gente en vez de restar, sume oportunidades frente a la vida».
Cuando veía la situación difícil, Piporro recurría a las comparaciones. Entonces decía: “Eso es como cazar osos en el centro de la ciudad”.
Lo cierto es que Lalo González “Piporro” era norteño y mexicano de la cabeza a los pies y así lo reconoció cuando cantó «No hay tierra que sea más linda que mi tierra mexicana». Y así como él se sintió orgulloso de su tierra y de su gente, nosotros debemos de estar orgullosos de Lalo González “Piporro”, gente sencilla del norte.
