Emilio Muñoz, Presidente del Consejo Científico de ASEBIO
La biología continua su irrefrenable evolución hacia el objetivo de convertirse en la base del desarrollo del siglo XXI, aplicando nuevas orientaciones disciplinares, como resultado de enfoques pluri e interdisciplinares.
En esta plataforma y en la red del Instituto Roche (http://www.institutoroche.es), he venido tratando la emergencia de estos ámbitos que combinan visiones y técnicas nuevas como la ingeniería tisular, la nanotecnología, la biología sistémica, las ómicas. Estos análisis , además de profundizar en el proceso evolutivo de las ciencias de la vida y de su proyección en aplicaciones tecnológicas que abren nuevas vías, han llevado a la conveniencia de hablar de biotecnología contemporánea ( véase este Boletín, nº 11, mayo 2008), un paso más allá del concepto de biotecnología moderna con la llegada de la ingeniería genética y los anticuerpos monoclonales , que sirvió para resituar la biotecnología antigua, basada en las orientaciones bioquímicas y las tecnologías de la fermentación.
Ahora nos enfrentamos a un nuevo reto, el de la biología sintética. Como antecedente cabe citar el artículo enInvestigación y Ciencia, número de agosto de 2006, en el que se hacía pública la existencia del grupo BIOFAB como autor de ese artículo (págs. 14-21).
La nómina de ese grupo era impresionante: David Baker (Universidad de Washington), George Church ( Universidad de Harvard), Jim Collins ( Universidad de Boston), Drew Endy y Joseph Jacobsen ( Instituto Tecnológico de Massachussets) , Jey Keasling ( Universidad de California en Berkeley), Paul Modrich ( Universidad Duke), Christina
Smolke ( InstitutoTecnológico de California, CalTech ) y Ron Weiss ( Universidad de Princeton). Las ideas fundamentales desgranadas en ese artículo eran las de aproximarse a la biología con la visión de la ingeniería electrónica, que dio origen a la industria de “chips” semiconductores (“chip fab”) y que facilitó a los ingenieros la creación de dispositivos electrónicos que condujo a multitud de aplicaciones. De forma análoga, la biología sintética (“bio fab”) dotaría a los ingenieros biológicos de la capacidad para concebir y construir dispositivos a partir de componentes biológicos básicos. El objetivo era disponer de un método para fabricar, de forma rápida, fiable y a un precio razonable, extensos segmentos de ADN.
Otro interesante antecedente se encuentra en el artículo de Roger Brent, Nature Biotechnology ,vol.27 ,nº 10, págs. 1211-1214. Este texto, bajo el título “A partnership between biology and engineering” ofrece una visión diferente. Roger Brent procede del campo de estudio de las proteínas y de la regulación (plegamiento, interacciones entre proteínas, uso de reactivos para identificar genes y rutas) y en ese artículo explora y comenta la relación potencialmente beneficiosa entre la biología de sistemas y la biología sintética. Una de las claves de su reflexión, que se adentra en la filosofía de la biología y busca comprender la fisiología cuantitativa de sistemas intracelulares, se encuentra en la siguiente argumentación: “…supongamos que hay alguna combinación de teoría y datos experimentales que permitiera la predicción de su comportamiento cuantitativo futuro sobre el conocimiento de su estado actual”. Según Brent , “ la ingeniería biológica podría dar lugar a la programación y ejecución de síntesis en multipasos que… permitiría diseñar colecciones de células y organismos, ecologías a medida…Estas capacidades podrían influir en la generación de energía, materiales, carreteras, edificios y vestidos, y en la fabricación de artefactos aún más complejos como vehículos y computadores “.
En España, existen algunos grupos de científicos que piensan y trabajan sobre estos temas y que se preocupan por cómo avanzar estratégicamente para desarrollar esta ingeniería biológica de diseño. El Laboratorio de la Fundación Alternativas (http://www.falternativas.org), haciéndose eco de esta preocupación, convocó en otoño de 2010 un Seminario bajo el título “Realidad y expectativas de la Biología Sintética” al que asistieron investigadores del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) y el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB), centros del CSIC localizados en Madrid, con la presencia adicional de un investigador de la Universidad de Valencia, otros dos investigadores más orientados hacia las dimensiones éticas y socio-políticas del tema y un periodista (véase “ La mina de oro de la biología sintética”, El País DOMINGO, 21 de noviembre de 2010). Los ponentes fueron Juan Pérez Mercader, fundador y Director desde 2000 a 2008, del Centro de Astrobiología, centro mixto CSIC-INTA, actualmente en la Universidad de Harvard como Senior Research Fellow, y Víctor de Lorenzo, uno de los líderes españoles en la biotecnología orientada a la corrección de problemas ambientales, y precursor del interés por la biología sintética en España.
En dicho Seminario afloraron dos constataciones: la decidida apuesta, una vez más, de los Estados Unidos por esta nueva interfase entre disciplinas: biología, física e ingeniería, enfocada a las aplicaciones biotecnológicas, y la existencia en España de un colectivo de investigadores con calidad y voluntad para constituirse como base para el desarrollo de la biología sintética, pero carente todavía, ¿y una vez más?, de apoyo institucional.
Hay que ser altavoz de estas oportunidades de futuro para la biotecnología, para que las decisiones políticas las tengan en cuenta, si quieren avanzar por la senda del cambio de modelo productivo.
