Opinión pública sobre ciencia y tecnología en Europa: la ciudadanía apoya objetivos estratégicos de la biotecnología

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Emilio Muñoz, Presidente del Consejo Científico de ASEBIO

cienciaytecnologiaPara quienes trabajamos en el análisis y promoción de las relaciones entre la ciencia y  la tecnología con la sociedad, no resulta fácil encontrar vías para la participación de la ciudadanía en las decisiones que afectan al desarrollo científico y tecnológico, es decir para considerar y comprender cómo la sociedad puede incidir en las decisiones sobre  esas dimensiones y actuaciones, en principio reservadas a los expertos: científicos, técnicos, y decisores políticos.

Las técnicas demoscópicas son una fuente de información, aunque no podamos influir ni en su diseño  y ejecución. El año 2010 ha sido un periodo  de intensa actividad en este terreno promovida por la Comisión Europea, con la cosecha de  una serie de Eurobarómetros, varios de ellos relacionados  con temas científicos y tecnológicos. El Eurobarómetro especial sobre Ciencia y Tecnología ofrece una serie de datos interesantes para analizar las posiciones de la sociedad en los 32 países encuestados, los 27 de la Unión Europea y  otros cinco países asociados como Croacia, Islandia, Noruega, Suiza y Turquía.

Este Eurobarómetro aborda seis grandes temas: Interés y nivel de información de los ciudadanos europeos; Imágenes y conocimiento respecto a a la ciencia y la tecnología; Actitudes hacia la ciencia y la tecnología; Responsabilidades de los científicos y de quienes toman las decisiones (los “decisores políticos”); Estudios científicos y el papel de las mujeres y los jóvenes y Efectividad de la  dimensión europea de la investigación científica. Dentro de los resultados de la encuesta, hay  una serie de datos de interés para los ámbitos científico y empresarial que trabaja en las áreas de la biotecnología.
Al comparar en el primer capítulo, el interés ciudadano por seis temas: deportes, política, nuevos descubrimientos científicos, problemas medioambientales, desarrollos científicos y tecnológicos, cultura y artes, las tres primeras opciones  son para: los problemas medioambientales, los nuevos descubrimientos científicos, y los desarrollos científicos y tecnológicos, que entran claramente en el  ámbito de las biotecnologías. Una de las secciones del capítulo sobre Actitudes afronta las relaciones entre ciencia, riesgo y retorno. En virtud de la complejidad del problema se plantean varias cuestiones a escrutinio de los ciudadanos, algunas de ellas relacionadas con dimensiones éticas. La pregunta de si los beneficios de la ciencia son superiores a los daños es una de las cuestiones que más división suscita, aunque la mayoría, un 46%, está de acuerdo con la declaración y un 20% se manifiesta en desacuerdo.

Otros temas  siguen incidiendo en aproximaciones relacionadas con la ética consecuencialista. En el primero de ellos se somete a la opinión si el desarrollo científico debe detenerse si hay riesgos, aunque se esperen beneficios. La práctica mitad  de los encuestados está de acuerdo con este criterio de prevención, con un 22% que no está de acuerdo. Tras aceptar la gestión del riesgo, se plantea el lado inverso, al preguntar si la excesiva preocupación por los riesgos puede afectar al progreso tecnológico. Una  mayoría del 52% se muestra de acuerdo con este potencial efecto sobre el avance tecnológico por excesos en la preocupación por los riesgos y un 17% en desacuerdo. Una última cuestión propone a la opinión pública el argumento de que la ciencia no es buena ni mala, sino lo que importa son sus usos. En este caso, una muy amplia mayoría (78%) se alinea a favor de esta proposición con solo un 7% en desacuerdo.

Los resultados a estas propuestas, aún con las limitaciones y contradicciones relativas que se dan con frecuencia en las encuestas, parecen cuestionar seriamente la versión radical del principio de precaución y apoyan la defensa  del análisis caso por caso y  de valoración de la relación entre costes y beneficios que se viene propugnando para la biotecnología  agrícola, con los productos más regulados  y controlados de la historia.

En el último capítulo se somete a la consideración del público, la  elección de prioridades a ser abordadas por los investigadores europeos en el marco de la investigación cooperativa. Entre los temas propuestos, tres de ellos entran en  el ámbito de la biotecnología: salud, energía y medioambiente. Son precisamente los tres que reciben el mayor apoyo popular, salud con el 40% , energía con el 20% y medioambiente con el 18%. La apuesta de  España  por la salud es  aún más evidente, con el 46% , superior en seis puntos a la media europea.

El reconocimiento de la importancia de la ciencia y la tecnología para contribuir a bienes de naturaleza común como la salud en primer término,  la energía y el medio ambiente en segundo lugar, es una de las conclusiones más relevantes de la encuesta.  Sobre todo ante el escaso  porcentaje de apoyo que se presta a  las tecnologías, asimismo muy importantes como las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), el espacio o la tecnología manufacturera, que recogen  solo el 1 o 2% de apoyo. Es un importante soporte popular, aunque sea indirecto, a  los objetivos de las biotecnologías.

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