Horacio Salazar / Notas de Ciencia
Siempre me ha gustado mucho una sentencia que aparece en el frontispicio de El valor de educar, del filósofo español Fernando Savater. La sentencia se atribuye a Montaigne, y dice: “El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender”.
Detrás está una idea muy clara que podríamos reformular diciendo que educar a un niño no es atiborrarlo de datos, sino activar su curiosidad para que se alimente sola.
Una consecuencia de esta idea es sorprendente: para alcanzar el éxito, no es tan importante el coeficiente intelectual del niño, sino una serie de atributos agrupados bajo la etiqueta de “habilidades no cognitivas”. O por decirlo de otro modo, es preferible que el niño tenga carácter antes que inteligencia.
Esto viene a cuento porque hace días la Fundación MacArthur anunció la generación 2013 de sus becas para supergenios, y en la lista de aparece una interesante psicóloga llamada Angela Duckworth.
Esta mujer se ha especializado en “esclarecer el papel que juegan las fortalezas intelectuales y las tendencias de personalidad en el desempeño educativo”. Y sus trabajos dicen una cosa: el coeficiente intelectual no es el mejor predictor del éxito en la vida. Éste es mejor definido por dos rasgos fundamentales: el temple, definido como “la tendencia a sostener el interés por y el esfuerzo hacia metas de largo plazo”, o sea, la persistencia llevada casi al nivel de terquedad; y el autocontrol, es decir, la regulación voluntaria de los impulsos conductuales, emocionales y de atención.
Parte de la historia de Duckworth puede leerse en un librito de Paul Tough, Cómo tienen éxito los niños: temple, curiosidad y el poder oculto del carácter (en formato Kindle cuesta 8.77 dólares).
Tough dice que desde su solicitud de ingreso a la Universidad de Pennsylvania estaba claro lo que pensaba Duckworth: “Para ayudar a los estudiantes que tienen un crónico mal desempeño pese a ser inteligentes, los educadores y los padres han de reconocer primero que el carácter es al menos tan importante como el intelecto”. Esto abre un abanico de oportunidades insospechadas en países como el nuestro. Pensemos.
http://notasdeciencia.com/2013/09/importa-mas-el-temple-que-la-inteligencia/

