Ismael Vidales Delgado
Hoy se sabe que cada parte del cerebro tiene una función determinada, por ejemplo, la parte frontal del cerebro es el centro de las emociones, del razonamiento, es en estos lóbulos frontales donde se define la personalidad.
También hoy sabemos que en estos lóbulos radica la voluntad de tomar decisiones morales y sociales, por lo tanto éstas tienen base biológica.
Sabía usted que este hallazgo ocurrió hace 66 años y fue el resultado de un terrible accidente que sufrió el señor Phineas Gage, probablemente el único paciente que ha sobrevivido a un accidente de esta magnitud.
El 13 de septiembre de 1848, el señor Gage trabajaba en la construcción de una línea de ferrocarril en Vermont (Nueva Inglaterra). El era encargado de dinamitar el suelo.
El señor Phineas Gage estaba metiendo dinamita en un agujero con una barra de metal, seguramente un golpe de barra con la roca produjo una chispa que hizo estallar el explosivo. La explosión lanzó a Gage por los aires, pero la barra de 1 metro de largo y 6 kilos de peso, había atravesado por completo la cabeza de Gage entrando por el pómulo izquierdo con salida por arriba del cráneo.
Cualquier persona habría muerto al instante, pero Gage, increíblemente, seguía vivo y más o menos consciente, por su pie subió a una carreta tirada por bueyes y fue llevado a un hotel donde el Dr. John Martyn Harlow se hizo cargo: le sacó la barra, limpió el hoyo de nueve centímetros que le atravesaba literalmente la cabeza, lo vendó y Gage nunca perdió el sentido y se mantuvo comunicado verbalmente con el doctor y sus amigos.
Gage sufrió una gran infección en las siguientes semanas, y todo indicaba que no iba a sobrevivir… pero sobrevivió. Después de un mes ya caminaba por por la ciudad.
El doctor Harlow siguió el caso durante varios años y elaboró un minucioso reporte para revistas o organismos científicos. Gage se recuperó totalmente de su herida. Pero, sorprendentemente, su personalidad había cambiado de forma increíble.
Antes del accidente, Gage era el obrero más eficiente y capaz… Poseía una mente equilibrada y era apreciado por todos, se le describía como un hombre trabajador, puntual, sensato y sagaz, muy perseverante en la ejecución de todos sus proyectos, y sumamente creyente y respetuoso de las damas.
Después del accidente, el doctor Harlow describió al pobre Gage como:
Un hombre impulsivo, irreverente blasfemo, grosero, poco amistoso, buscapleitos; no tolera las restricciones ni los consejos cuando contravienen sus deseos; es muy obstinado, caprichoso e indeciso. Hace muchos planes para el futuro que, pronto los abandona.
Su forma de ser cambió radicalmente. Simplemente era el lado contrario del Gage que todos conocieron.
La pregunta ¿Por qué este cambio tan tremendo en la personalidad de Gage? ¿Acaso se debió a los efectos psicológicos del trauma que debió suponer su accidente?
La explicación científica documentada por el doctor Harlow señala que ese tremendo cambio de personalidad, emociones y formas de comunicación social, se debieron a la destrucción de los lóbulos frontales que le ocasionó la barra.
Es triste, pero si hoy sabemos que la corteza de los lóbulos frontales es la responsable de nuestra capacidad de expresar y modular nuestras emociones, lo debemos al accidente de Gage y a la devoción científica del doctor John Martyn Harlow.
El señor Phineas Gage, con la destrucción de sus lóbulos frontales, tendía a hacer y decir lo primero que se le ocurría, sin prestar atención a las más elementales normas de educación… No podía evitar ser grosero y pleitista, porque carecía de ese control de impulsos que los humanos tenemos tan desarrollado en los lóbulos frontales. Igual, era incapaz de realizar planes para el futuro; ni comunicarse «educadamente» con los demás.
Phineas Gage vivió 12 años después de su accidente, pero nunca volvió a ser una persona adaptada. Jamás se recupero de ese cambio de personalidad, nunca más pudo conseguir un trabajo estable o «sentar cabeza». El pobre Gage fue, literalmente… un hombre descerebrado, gracias al cual, el doctor Harlow pudo establecer la importancia que juega nuestro cerebro en la expresión y control de nuestras emociones y sentimientos, así como en la habilidad para elaborar, ejecutar y corregir planes; y comunicarnos «educadamente» con nuestros semejantes.

