Jorge Pedraza Salinas
Antes de la llegada de los europeos, en la región existían numerosas tribus. Entre las más importantes se encontraban los guachichiles, aguaceros, borrados, hualahuises, comepescado, tobosos, alazapas y coahuiltecos.
No tenían una lengua común. Hablaban distintos dialectos. Su vida era nómada y salvaje. Construían sus viviendas de zacate y carrizo. Se alimentaban con frutas y animales silvestres, con nopales, tunas y mezquites. Les gustaban las fiestas. Sus armas eran el arco y la flecha y los cuchillos de piedra bien afilados. En la lucha eran temibles por su crueldad.
Así transcurría la vida de los habitantes de este lugar anteriores a los españoles. Al morir eran enterrados, pero no había ceremonias especiales. Sobre la tumba se sembraban nopales y se instalaba una cerca con ramas.
En el año de l577, apareció en la región el capitán Alberto del Canto, quien fundó la Villa de Santiago de Saltillo y descubrió el valle de Extremadura, hoy de Monterrey, donde fundó –en ese mismo año de l577– el pueblo de Santa Lucía. Este es un controvertido personaje, al que actualmente los investigadores –incluso los novelistas– le están dedicando mayor atención. Estuvo casado con Estefanía, hija de don Diego de Montemayor. Del Canto falleció en l6ll en Saltillo.
EL NUEVO REINO
En l579, don Luis de Carvajal y de la Cueva capituló con el Rey de España, don Felipe II, la conquista, pacificación y población del Nuevo Reino de León, a cuyas tierras llegó proveniente de la región de Pánuco. En las capitulaciones se habla del Nuevo Reino de León como un enorme cuadrado de tierra, con una extensión de 200 leguas.
Para darnos una idea del tamaño del Nuevo Reino de León, conviene señalar que este territorio comenzaba en la desembocadura del Río Pánuco hacia el norte y se extendía hasta más al norte de la desembocadura del Río Bravo. Comprendía también tierras de los actuales Estados Unidos de Norteamérica y los Estados mexicanos de Chihuahua, Zacatecas, San Luis Potosí y parte de Sinaloa, incluyendo pueblos y reales mineros como los de Zacatecas, Fresnillo y Mazapil.
Carvajal había nacido en Portugal en el año de l539. Llegó a la provincia de Pánuco a la edad de 27 años y de inmediato se dedicó a la cría de ganado vacuno. Fue el primer Gobernador del Nuevo Reino de León y el fundador de una villa al norte de los ojos de agua de Santa Lucía, a la cual impuso el nombre de Villa de San Luis.
EL FUNDADOR
Cuando Carvajal tuvo problemas de jurisdicción ante la Real Audiencia y el virrey, éste se dedicó a molestarlo y lo mantuvo preso en la ciudad de México. Fue acusado ante la Inquisición y se le encarceló. Según el Cronista Alonso de León, Carvajal, estando preso, «murió de pesadumbre». En l596 concluyó la vida del primer Gobernador, precisamente el año de la fundación de Monterrey.
Vino después don Diego de Montemayor, a quien le corresponde el honor de haber sido el segundo Gobernador del Nuevo Reino de León y el fundador de la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, nombre que le otorgó a este lugar en honor del entonces Virrey de la Nueva España, don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, quinto Conde de Monterrey.
LAS FAMILIAS
¿Quienes acompañaban a don Diego?
Don Diego ya era viudo para entonces. Lo acompañaron en esta misión su hija Estefanía y sus nietos Diego y Miguel, así como l2 jefes de familia. Entre ellos estaba Diego de Montemayor el Mozo, hijo de don Diego y quien estaba casado con Elvira de Renterìa. El grupo estaba integrado por 34 personas.
Venían en carretas, junto con las familias de don Diego y su hijo, las siguientes personas:
Lucas García, Martín de Solís, Juan Pérez de los Ríos, Diego Maldonado, Juan López, Diego Rodríguez, Pedro de Iñigo, Cristóbal Pérez, Domingo Manuel, Alonso de Barreda y Diego Díaz de Berlanga y sus familias. Este último –Diego Díaz de Berlanga– fue el redactor del Acta de Fundación de Monterrey, en la cual se describe a estas tierras como un «lugar apacible, sano y de buen temple, y de buenos árboles frutales de nogales y otras frutas, y haber como hay muchos montes y pastos, ríos y ojos de agua manantiales, y mucha tierra para labor de pan coger, y muchas minas de plata que en su comarca hay, de 3, l0 y l5 leguas a la redonda, y sitios de ganado mayor y menor y muchos otros aprovechamientos».
EL ECO EN LAS MONTAÑAS
Al terminar el acto, Don Diego y el Primer Cabildo de Monterrey, rodearon la improvisada mesa y desenvainaron sus espadas, las elevaron y unieron sus puntas, mientras «los soldados restantes, distribuidos frente a los cuatro rumbos cardinales, con los arcabuces apuntaban al infinito, y a una voz de mando de Don Diego dispararon. El eco retumbó en las montañas, parvadas de pájaros cruzaron el valle, y las señoras de rodillas, elevaron al cielo sus oraciones».
Así se inició la vida de Monterrey, que en este mes de septiembre –el próximo día 20–celebra su aniversario número 418.
En ese momento se inició la vida de la que llegaría a ser una de las ciudades más importantes de México y de América Latina. En aquel entonces, de acuerdo con las descripciones de la época, era «lugar apacible, sano y de buen temple y buenos aires y aguas y muchos árboles».
RESCATAR NUESTRA HISTORIA
La historia de Monterrey presenta numerosas interrogantes. Hay aspectos que requieren de mayor investigación. Desconocemos, por ejemplo, la fecha y el lugar del nacimiento de su fundador. Mucho se ha discutido, también, el sitio exacto, el lugar preciso, donde fue fundada. Hay «lagunas», vacíos de información, en períodos como el correspondiente a los años de l846-l847, relativos a la intervención norteamericana, debido a que las tropas invasoras cargaron con los archivos de esa época y se los llevaron a su país.
Ahora, es momento propicio para rescatar nuestra historia, para investigar a fondo, para preservar lo que haya que preservar y para difundirlo y darlo a conocer a las actuales y futuras generaciones.
La ciudad de Monterrey es una ciudad rica en acontecimientos históricos, a los que habrá que dar una mayor difusión.
LA GRANDEZA DE MONTERREY
Con su esfuerzo, con su capacidad, sus habitantes han llegado a alcanzar lo que se ha denominado la grandeza de Monterrey. El Monterrey actual es ejemplo de desarrollo industrial, pero debe llegar a ser también ejemplo por el fortalecimiento de sus valores culturales y por la consolidación de sus tradiciones.
Al conocer mejor nuestra historia, llegaremos a conocernos mejor a nosotros mismos.


