Perdurar en la obra, Bioy Casares

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Jorge Pedraza Salinas

En estos días, el 15 del presente mes, se cumplen 100 años del natalicio del escritor argentino Adolfo Bioy Casares, gran amigo de Jorge Luis Borges y a quien se le otorgó el Premio Internacional “Alfonso Reyes”. Aunque su compromiso era estar solamente en la ciudad de México para recibir dicho Premio de manos del Presidente Carlos Salinas de Gortari, Bioy aceptó estar con nosotros en la Capilla Alfonsina de la UANL, en junio de 1991, en donde sostuvo un dialogo con los regiomontanos.

En la Capilla Alfonsina existen miles de libros de los más destacados escritores contemporáneos. En el caso de Bioy, encontramos algunos de sus primeros libros, entre ellos «La invención de Morel» (1940), «Plan de evasión» (1945). «Los mejores cuentos policiales», en colaboración con Jorge Luis Borges; «17 disparos contra lo porvenir», «La nueva tormenta», «La estatua casera», «Luis Greve muerto» y «Poesía gauchesca».

En «El sueño de los héroes», figura esta dedicatoria: «Para el admirado y querido Alfonso Reyes. Mí querido Alfonso: gracias por su generosa intervención en favor de historias prodigiosas y gracias por el humorismo Árbol de Pólvora. Recuerdos afectuosos para su hijo. Lo abraza. Adolfo Bioy Casares». En»Luis Greve muerto», también encontramos una dedicatoria. Este es el texto: «Para Alfonso Reyes con toda admiración».

En «Los mejores cuentos policiales», Borges y Bioy anotan la siguiente dedicatoria: «Para Alfonso Reyes, con la amistad y la gratitud de los antologuistas». En «Plan de evasión», Bioy le dice: «Para Alfonso Reyes, el maestro, el amigo».

Y en «La invención de Morel», escribe lo siguiente: «Para Alfonso Reyes que escribe mejor que nadie».

También Borges tenía una excelente opinión de Reyes, a quien reconoció como uno de los mejores prosistas.

Don Alfonso Reyes conoció a Bioy durante el tiempo en que fue Embajador de México en Argentina. Primero de 1927 y posteriormente, de 1936 a 1937. Entre ellos había una diferencia de edad de 25 años. Reyes nació en 1889 y Bioy en 1914. Sin duda, tuvo amistad también con el hijo único de Don Alfonso: Alfonso Reyes Mota, quien nació en 1913. Ambos fueron compañeros de banco en la escuela.

QUIEN ERA BIOY

Bioy nació en Buenos Aires el 15 de septiembre de 1914. Fueron sus padres Adolfo Bioy y Marta Casares.

Antes que escritor, quiso ser campeón mundial de box y de tenis, pero evidentemente hubo algo que se interpuso en el camino para beneplácito de sus lectores.

Sin embargo, algo quedó de aquel que soñaba con ser boxeador, pues junto con Reyes considera que nos pasamos la vida peleando con las palabras.

Considerado como uno de los fundadores de la literatura fantástica latinoamericana, Bioy Casares llevó una gran amistad con Jorge Luis Borges y considera que el escritor debe descubrir las cosas insignificantes.

Para Bioy la inteligencia consiste en encontrar salidas en situaciones sin salida.

LA INVENCIÓN DE MOREL

Sin duda alguna, la obra de Bioy Casares más comentada es «La invención de Morel», escrita en 1940, cuando apenas tenía 26 años de edad. «La invención de Morel», es una espléndida fantasía sobre el eterno retorno, la cual nos invita a meditar. Eduardo Mallea la ha calificado como una pequeña obra maestra. Reyes la considera merecedora de la fama y a Borges no le parece una hipérbole calificarla de perfecta.

En esta obra, Bioy Casares construye un mundo fabuloso y aplica su esfuerzo imaginativo a la creación de una trama coherente y rigurosa.Veamos lo que nos dice Alfonso Reyes al respecto:

«La invención de Morel», del joven argentino Adolfo Bioy Casares, anuncia la íntegra reconstrucción física del hombre muerto o ausente; como le falta el alma, el muñeco no hace más que repetir sus actos anteriores, los que fueron captados por la máquina maravillosa. El mayor encanto de esta fantasía reside en que el personaje principal –que habla en primera persona–no conoce de antemano la situación, la descubre penosamente a través de extrañas experiencias, y en vano intenta trasladarse al mundo de aquellas sombras corpóreas, movientes y parlantes (que naturalmente pasan junto a él sin advertirlo), porque ha acabado por enamorarse de una de ellas. Esta novela merece la fama… ¿Hasta dónde la imaginación ha querido intencionalmente adelantarse a la ciencia en este género novelesco? La respuesta admite todos los matices.

«La invención de Morel», es una de las obras maestras de la literatura hispanoamericana de todos los tiempos. Su lectura nos deja una emoción imborrable.

Refiriéndose a esta obra, el propio Bioy en sus Apuntes Inéditos señala que la debilidad de la invención de Morel es la máquina. «Las máquinas que los escritores inventamos suelen verse confirmadas, y en alguna manera invalidadas, por máquinas parecidas, pero verdaderas. Me aseguran que un proyector de imágenes tridimensional, ya existe. Si esto es así, para los lectores mañana o pasado, la historia que cuento en mi libro, probablemente sea menos misteriosa de lo que fue para sus primeros lectores. Algo similar ocurre con los descubrimientos (invención y descubrimiento son a veces sinónimos).

Para Bioy la creación no es un juego ocioso. Se puede afirmar que ha contribuido a descubrir la misión del hombre sobre la tierra.

«Lo importante para todo escritor –nos dice– es partir de la convicción de que uno ha madurado una buena idea, que va a saber comunicarla y que va a interesar a los demás».

Considera que todos estamos comprometidos y que este compromiso es lo que nos impulsa a escribir. Por de pronto, estamos comprometidos con nuestra conciencia y, casi más acaloradamente, a favor y sobre todo en contra de algunas opiniones. Luego está el compromiso del cuentista y del novelista de mantener fidelidad a una suerte de idea platónica de la historia contada. Por último, el compromiso global de la profesión, una cortesía con el lector, que nos obliga a escribir claramente y lo mejor que podemos.

La prosa de Bioy Casares suele ser considerada como una de las más depuradas y elegantes que ha dado la literatura latinoamericana.

LA POSTERIDAD DEL ESCITOR

Por otra parte, y con respecto a los libros, piensa que son la posteridad del escritor. Perderse y perdurar en la obra, declarar, con su propio destino, todo lo que hay de triste, de bello, de terriblemente justo, en la creación.

Antes de escribir una novela, Bioy Casares la piensa por una razón de prudencia: una novela es un largo viaje, y sería muy triste no poder concluirlo. En junio de 1991, durante su visita a Monterrey, nos comentó que en ese tiempo continuaba escribiendo. Tenía una novela en proceso y en su mente estaban ya preelaborados diez o doce cuentos, así como otra novela.

Muchas veces en su vida, que concluyó en 1999, Bioy Casares tuvo la certidumbre de que todas las historias que se pueden inventar existen ya, en algún cielo, bajo su forma platónica: el autor debe concluirlas, un poco el navegante descubre una nueva tierra, un continente. Es preciso determinar lo que conviene al argumento escogido: cuento o novela, primera o tercera persona, y, para el estilo, el humor o la gravedad, la simplicidad o la pedantería.

Desde luego, él sabía que las palabras no son más que un elemento en el arte de escribir.

Por otra parte, conviene señalar que el oficio de Bioy Casares es impecable; de rasgos estilísticos que denotan una gran reflexión, y crean un universo literario de gran profundidad. La reflexión sobre el lenguaje es una de las principales características de este autor sudamericano, a quien hemos querido recordar ante la proximidad del centenario de su natalicio.

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