Ciencia y política

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Por Martín Bonfil Olivera

A diferencia de los modelos simplificados de la teoría, la realidad es una maraña compleja, o más bien una red donde los elementos que la conforman se conectan unos con otros de modo intrincado y múltiple.

La ciencia es la disciplina que ayuda a entender tales conexiones. Produce modelos que, si bien idealizados, son confiables, y por ello nos ayudan a tomar decisiones apropiadas. La política, en cambio, es el arte de aprovechar esas conexiones, o crear las que hagan falta, para lograr que las cosas sucedan en una sociedad (“el arte de lo posible”, dicen que dijo el canciller von Bismarck).

El conocimiento científico muchas veces es impulso y cimiento para construir acciones políticas. Pero no basta: hace falta habilidad política para lograr que la trama se sostenga.

A veces se logra; a veces no. En Copenhague no se logró, a pesar de losdatos científicos sólidos y el consenso sobre qué hacer. Los amarres opuestos al acuerdo —los costos económicos de reconvertir las industrias de países poderosos; los costos políticos inevitablemente ligados a ellos— lo impidieron.

En la Ciudad de México, en cambio, la habilidad política apoyada en el conocimiento moderno sobre el ser humano y su sexualidad permitióaprobar el matrimonio homosexual, incluso sin el injusto candado que impedía —con implícito argumento homófobo— la adopción.

Pero ciencia y política son procesos: no se detienen. Tarde o temprano, los acuerdos para paliar el daño climático tendrán que tomarse. A menos, claro, que descubramos algo nuevo: una inesperada buena noticia que tendría, también, que estar basada en la ciencia.

En cuanto a derechos humanos, sexuales y reproductivos, el avance, aunque lento, no cesa. Las autopsias estuvieron prohibidas, por motivos religiosos, durante siglos, hasta el renacimiento. Negros y mujeres, considerados inferiores, no pudieron votar sino hasta mediados del siglo pasado. La fertilización in vitro causó intenso debate, también por prejuicios religiosos; el hecho de que la expresión “bebé de probeta” suene hoy obsoleta muestra que las sociedades avanzan y asimilan los cambios que las benefician.

Hace poco, la homosexualidad se castigaba legalmente. Hoy se reconoce la igualdad plena de todas las parejas, sin importar su orientación sexual, ante la ley. En el futuro próximo hay otros temas pendientes: derecho al aborto, a la eutanasia, investigación con células madre. Y más allá,propuestas de “derechos animales” para grandes simios (gorilas, orangutanes, chimpancés).

En un estado laico, las decisiones deben basarse en conocimiento confiable, y tomarse para ampliar, no reprimir, los derechos de todos. La ciencia ayuda a la política a conformar nuevos amarres para que los cambios necesarios en la compleja red social puedan construirse y sostenerse. Enhorabuena… y feliz navidad.

http://lacienciaporgusto.blogspot.mx/2009/12/ciencia-y-politica.html

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