
MEC Gisela Aguilar Martínez
Dos veces durante el año se cambiar los relojes en nuestra vida cotidiana. En primavera se adelantan una hora y en otoño se atrasan otra. Más allá del concepto de ahorro de electricidad lo verdaderamente importante para nuestro cuerpo es la reducción o ampliación de las horas de luz a las que estamos expuestos. ¿Cómo afecta la luz a nuestro organismo?
El impacto principal por lo menos, por un par de días en lo que nos acostumbramos, se presenta varios cambios en tu reloj biológico síntomas como cansancio, dolor de cabeza, somnolencia y sensación de sueño no reparador.
Es recomendable modificar la hora una noche antes del cambio de horario, para asi preparar al organismo a las nuevas condiciones y no afectar al reloj biológico que marca los tiempos de descanso, alimentación y otras necesidades fisiológicas.

Al realizarse el cambio de horario, las personas tardan alrededor de 12 horas en asimilar el cambio, aunque pueden llegar a requerir 48 horas. Si transcurrido este tiempo persisten los malestares, puede haber algún trastorno de sueño.
Definitivamente que el cuerpo se activa con la luz entonces el efecto de levantarse cuando aún es oscuro produce una mayor sensación de cansancio. Esta sensación que puede alargarse durante el día, con la impresión de que no se pueden realizar todas las actividades.
El retraso de una hora también provoca que anochezca más temprano. El sistema nervioso empieza a segregar melatonina (la hormona que facilita el sueño) antes y por tanto tienes más sueño cuando aún estás activo.
Es un hecho que los hábitos como dormir tarde, retrasar los alimentos, ingerir bebidas con cafeína, o cenar de forma abundante impiden lograr un descanso adecuado. Para evitar esto, se recomiendan de seis a ocho horas de sueño y al levantarse abrir la ventana para que la luz natural active al organismo.
El reloj biológico humano determina que el reposo, es decir, el sueño, se desarrolle en la oscuridad y la vigilia cuando hay luz, ya que la luminosidad entra a través de la retina y viaja hasta el cerebro a un al núcleo llamado supraquiasmático el cual mantiene despierto al reloj del organismo.

En el caso de los niños estos cambios puede afectar la liberación de varias sustancias importantes para su organismo; una de ellas es la hormona del crecimiento, fundamental para su desarrollo físico y de aprendizaje.
Es importante mejorar la calidad del sueño ante los cambios de horario de verano e invierno, evitar automedicarse y acudir con un especialista de trastornos de sueño si las molestias persisten.

