Por Juan Roberto Zavala
Nació en Los Guerra, ahora municipio de Miguel Alemán, Tamaulipas, el 11 de junio de 1945. Hizo sus estudios profesionales en la Universidad de Guanajuato, por la que es ingeniero químico. Tiene una Maestría en Físico Química, por el ITESM y tomó varios cursos de Administración de Tecnología en la Universidad Regiomontana. Ha sido catedrático en la Universidad de Guanajuato y pertenece a la Asociación de Directivos de la Investigación y Desarrollo Tecnológico (ADIAT).
Su primer trabajo fue en 1966, como almacenista en la Refinería de PEMEX en Reynosa, Tamaulipas, y ahí mismo laboró en el Laboratorio de Gases. Al concluir sus estudios en 1968, ingresó a la empresa Peñoles, en el Departamento de Experimentos. Después de recorrer los puestos de ayudante técnico; supervisor y gerente de Servicios Técnicos, actualmente es gerente de Procesos Metalúrgicos.
En la empresa ha realizado investigación en las áreas de “Construcción y usos de diagrama de fases”; “Diseño de procesos de separación de sales por cristalización”; “Actividades propias del campo físico-química como capacidades de intercambio iónico; propiedades físico químicas de soluciones y propiedades físico químicas de sólidos; y en el área metalurgia no ferrosa (hidro y piro metalurgia)”.
En 1997, diseñó y construyó un reactor para reacciones gas líquido para disolución de chatarra de cobre; para lixiviación directa de minerales sulfurados de cobre y de zinc. Su aplicación industrial está actualmente en proceso.
Él recuerda que en 1998 la empresa Peñoles estudiaba la posibilidad de comprar una muy importante fábrica de zinc al Gobierno del Perú. Esta planta, llamada “La Horoya”, se encuentra situada a 3,800 metros sobre el nivel del mar, y por la altitud y situación geográfica durante el proceso se genera un residuo de ferrita de zinc.
El gobierno peruano estableció como requisito que la empresa que la comprara debería eliminar los residuos, para no contaminar el ambiente. Dado que el residuo tenía el 23% de zinc, lo que la hacía muy atractiva económicamente, y Peñoles no tenía el proceso para aprovecharlo, se contrató a la empresa canadiense Sherritt, la que por 30,000 dólares entregó un esbozo del proceso.
A mí y a otra persona, dice, nos enviaron a Canadá a estudiar el proceso. Después de conocerlo, recomendamos que no se adquiriera, pues no tenía factibilidad de operar a nivel industrial. Después, la empresa consultó a la máxima autoridad mundial en química de fierro en las plantas de zinc, Francisco Tamargo, de la empresa Asturiana de Zinc, quien también determinó que el proceso no funcionaría a nivel industrial.
Como las negociaciones continuaron, agrega, me enviaron a Canadá y en una reunión con directivos de Sherritt manifestaron su preocupación porque el proceso iba a dejar seis gramos de manganeso por litro, lo que consideraban perjudicial pues, decían, la eficiencia electrolítica de recuperación de zinc sería muy pobre (85%). A esta conclusión habían llegado por analogía con una planta similar en Argentina.
Esto significaba, concluye, error en la concepción, porque plantas como Peñoles operan con contenidos de manganeso de 16 o más gramos por litro, y la eficiencia electrolítica es de 91 ó 92 y también evidenciaba que las empresas mexicanas deben conocer la eficiencia y la ineficiencia, tanto de sus investigadores nacionales como de los extranjeros.
Para mayor información del Diccionario Biográfico de Científicos y Tecnólogos:

