Biodiversidad Nacional en riesgo

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Por Rodrigo Hiram Todd Lozano

México es un gran país en todos los aspectos. Una población pujante, trabajadora y solidaria. Tenemos un historia de miles de años que justifican el ingenio mexicano, y una historia que nos ha dotado de una capacidad de adaptación y superación a las diferentes circunstancias difíciles que hemos atravesado a lo largo de los años. Aunado a estos atributos envidiables, tenemos una asombrante riqueza natural. 11,000 km´s de costas, la mayor parte de ellas con playas de arena fina, mas de 15,000 km´s en ríos, montañas, bosques, selvas, desiertos y una biodiversidad abundante con más de 200,000 especies registradas albergando en nuestro territorio nacional el 12% de la biodiversidad del planeta.

Debido a estas condiciones naturales privilegiadas, el entonces Presidente de México Lázaro Cárdenas dio nacimiento a la era de la conservación natural en nuestro país con el primer marco legal ambiental que pretendía conservar aquellas áreas naturales con importancia escénica y ecológica. Lo anterior dio como resultado le expedición de múltiples “Decretos de Protección” que aunado a los expedidos a lo largo de los años representan hoy más de 170,000 km2 de áreas naturales protegidas, un 12% de la superficie del territorio de México.

A la presente, es la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas la autoridad responsable en vigilar que esas áreas naturales de competencia federal cumplan los objetivos que les establece el marco ambiental que la rige. Dada la heterogeneidad de México y de los diferentes grados de afectación que el desarrollo urbano ha generado en nuestros ecosistemas, el marco ambiental ha establecido diferentes tipos de protección ambiental. Las principales son la Reserva de la Biósfera que representan zonas que no han sido alteradas por la actividad humana y además poseen especies únicas, amenazadas o en peligro de extinción. Los Parques Nacionales que representan un valor escénico y turístico. Los Monumentos Naturales, que contienen valores únicos o excepcionales. Áreas de Protección de Recursos Naturales y de flora y fauna cuya existencia representan un equilibrio para una región y finalmente, Los Santuarios cuya riqueza y valores únicos justifican su protección de la influencia del ser humano.

Las intenciones de nuestros legisladores y de los distintos Presidentes de la República, quienes poseen las facultades para decretar una zona natural como área protegida ha sido la correcta. Sin embargo la falta de recursos para la administración de esas zonas y un carente vínculo con el tejido social presente en esas regiones, comúnmente de alto grado de marginación social no ha impedido que el desarrollo urbano irregular y la explotación no sustentable de recursos naturales continúen afectando esos ecosistemas.

Dichos ecosistemas patrimonio de todos los mexicanos producen importantes servicios ambientales. Entre ellos podemos enumerar:

–          Sumideros de CO2 (mitigando el cambio climático)

–          Regulación térmica

–          Barreras naturales contra fenómenos meteorológicos intensos

–          Generación de lluvia y recarga de cuerpos de agua y mantos freáticos – ciclos hidrológicos

–          Albergues de flora y fauna cuyos servicios eco-sistémicos son de invaluable importancia (polinización)

–          Generación de recursos naturales

–          Valores escénicos y eco-turísticos (ingresos para la región)

–          Preservación cultural y de tradiciones históricas (poblaciones indígenas)

La etapa inicial de la conservación la hemos desarrollado correctamente. Tenemos la legislación adecuada, la existencia de organismos públicos especializados y la amplia participación del sector social a través de organizaciones no gubernamentales. El siguiente paso consiste en vincular a los habitantes de estas zonas, principales interesados en garantizar su conservación en actividades productivas sustentables.

Para lograr lo anterior requerimos un profundo conocimiento científico de la capacidad de carga que poseen estas regiones y establecer los límites de explotación sustentable de recursos naturales. No es la autoridad el ente que mejor puede lograr la conservación de esas zonas, sino lo la gente que las habita. Con un marco de referencia de explotación sustentable de recursos naturales, y un aprovechamiento de los esquemas internacionales de financiamiento que fomentan la conservación, nuestro país puede lograr que nuestras áreas naturales protegidas no sean nada mas de papel y cumplan además una función social en beneficio de los sectores más desprotegidos de nuestro país.

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