Por Indira Kempis
En una conversación con el ex Alcalde de Medellín, Colombia, Sergio Fajardo, decía que uno de los principales enemigos a vencer en las ciudades violentas, es el miedo. De acuerdo con la Real Academia Española, el miedo se define en el lenguaje como una “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. Es probable que la gran mayoría de ciudadanos en nuestro País, por esas cuestiones existentes o no, tengamos miedo. Sobre todo, en las circunstancias de violencia extrema y narcotráfico en la que nos encontramos, el miedo lo podemos experimentar de manera individual, en la casa, pero hoy más que nunca lo vivimos al salir a la calle.
Sin embargo, hemos abordado en artículos anteriores que es precisamente en el carácter público de la calle en donde converge nuestro sentido de colectividad y, por tanto, la interacción de todos nosotros se da de forma natural y es esta interacción la que, unida al uso de los espacios públicos enfocado en la cultura y la educación, permite no sólo diagnosticar, también tener visión sobre lo que se puede planear para la ciudad y, ante todo, maximizar la participación social. Aquí una de las piezas clave.
Sergio Fajardo afirma que las intervenciones en la mejora continua de los espacios públicos, su uso, tanto como la participación social inhiben esos procesos en donde el miedo nos sucumbe, porque al final de cuentas los proyectos de infraestructura para la transformación social deben ser apropiados por la sociedad y entendidos como un suma de voluntades que desean “salir de la casa para encontrarse”, generándose así de la apropiación de los “territorios” que por miedo perdemos, cuando es lo que menos podemos hacer ante una realidad que necesita conexiones, convivencia, relaciones y encuentros para la construcción del tejido social.
¿Es posible en Monterrey? Es probable que se piense de inmediato que no lo es. Tomando en cuenta que los resultados de la Encuesta de Cultura Ciudadana realizada por el Centro de Investigaciones Económicas de la UANL y Visionarios por Colombia (ONG presidida por el ex Alcalde de Bogotá, Antanas Mockus) demostraron que el hábito de participar en la ciudad es casi nulo. Según el estudio, el de mayor porcentaje de la participación se concentró en la participación en asociaciones de padres de familia con el 11 por ciento y, el menor con 3 por ciento, en la generada en espacios de gestión y control de políticas públicas.
Queda claro que la situación de la participación en los procesos de transformación está también pasando por su propia crisis y reinvención, a pesar de eso, en la ciudad existen diferentes grupos ciudadanos que han comenzado de manera propositiva y positiva a enfocar su atención en esas interacciones que son de vital importancia para construir comunidades seguras. Hasta el momento organizaciones como Pueblo Bicicletero, Biciérnagas Bicicleteras, Contingente Monterrey, Colectivo La Bola, Toc Toc, Tampiquito, Reacciona Monterrey, @ciudad_es, entre otras, están inyectándole a la Zona Metropolitana de Monterrey una participación ciudadana que le apuesta con mucha creatividad a vencer el miedo de reencontrarnos con nuestras calles.
